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«Embestida»: tiburones, huracanes… y una fórmula que funciona sin arriesgar

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Hubo un tiempo en el que el cine descubrió que el miedo podía venir de las profundidades del mar y tener forma de aleta. En «Tiburón», Steven Spielberg convirtió una historia aparentemente sencilla en un fenómeno cultural sin precedentes, inaugurando en 1975 el concepto de blockbuster veraniego y cambiando para siempre las reglas del juego en Hollywood. Desde entonces, el cine no ha dejado de volver una y otra vez al océano, buscando nuevas criaturas —o reinterpretaciones del mismo depredador— con las que provocar en el espectador ese miedo primario que sigue funcionando medio siglo después.

Ese legado ha dado lugar a propuestas de todo tipo, demostrando que el tiburón es uno de los iconos más moldeables del cine contemporáneo. Desde la locura desenfrenada de la saga Sharknado, pasando por los experimentos que siempre acaban mal en Deep Blue Sea, hasta la supervivencia extrema de A 47 metros o Infierno azul. Sin olvidar registros más alejados del terror puro, como la comedia animada El Espantatiburones o el espectáculo desmesurado de Megalodón. El resultado es un subgénero que ha sabido reinventarse constantemente, aunque muchas veces repitiendo esquemas conocidos y en otros casos, optando por la exageración sin complejos.

A medio camino entre el cine de catástrofes y el subgénero de tiburones se mueve Embestida, el nuevo estreno de Netflix que llega este viernes 10 de abril al servicio de streaming. Una película que confirma que la plataforma le ha cogido el gusto a estas historias tras el éxito en 2024 de En las profundidades del Sena, todo un despiporre de sangre que llevaba los tiburones a la mismísima ciudad de París bajo la dirección de Xavier Gans, y que tiene una secuela ya en marcha que contará con Alexandre Aja como director. Aquí, la premisa es clara y sencilla: un huracán arrasa una ciudad costera mientras los tiburones convierten cada calle inundada en una amenaza constante.

No es el cristal de un acuario aunque lo parezca

Embestida —con Phoebe Dynevor (Daphe Bridgerton en la exitosa serie de Netflix), Whitney Peak y Djimon Hounsou al frente— apuesta por una fórmula que mezcla dos miedos muy reconocibles para el ser humano: la furia de la naturaleza y la amenaza animal. La película, en ese aspecto, encuentra en la sencillez su principal virtud. El filme cumple con su función de entretener, con la duración justa —apenas 90 minutos— y la dosis adecuada de sangre y sobresaltos. Sin embargo, está lejos de otras propuestas dirigidas por Tommy Wirkola, que suelen caracterizarse por mezclar comedia, acción y terror (a ratos absurdo), sin olvidar el gore a cascoporro. El director noruego nunca ha tenido miedo al exceso. Su filmografía —de la irreverente Zombis nazis a la salvaje Noche de paz— deja claro que lo suyo no es la sutileza, sino el impacto directo. Pero, en una película como Embestida, parece ir todo el tiempo con el freno de mano puesto, sin arriesgar demasiado y optando por la contención, salvo por algún momento puntual. El resultado es un filme cumplidor pero, que se queda en tierra de nadie.

Wirkola, quien también firma el guion, opta por firmar una película que se toma en serio a sí misma. Tiene claro cuáles son sus límites y no intenta ir más allá de lo que puede ofrecer. Eso se traduce también en unos personajes apenas esbozados, construidos a base de pinceladas y sin rasgos especialmente definidos. Es cierto, que hay un intento de que empaticemos con esos huérfanos maltratados, con la embarazada abandonada por su novio o con la joven que hace poco perdió a su madre, pero, no hay tiempo para el desarrollo de los personajes. Aunque sí hay hueco para algún cliché inevitable del subgénero —no podía faltar el biólogo marino—, pero el guion no se detiene demasiado en desarrollar motivaciones o conflictos más allá de la supervivencia inmediata, y un sentido del ritmo bastante conseguido.

En resumen

El resultado es una propuesta directa, sin grandes pretensiones, perfecta para el consumo rápido. Embestida no busca reinventar el género, pero tampoco lo necesita. Quizá su mayor acierto esté precisamente en asumir su naturaleza. No busca profundidad psicológica ni grandes discursos, le basta con aprovechar una fórmula que en gran medida sigue funcionando, combinando tensión, ritmo y una amenaza reconocible para el espectador. Sin embargo, se echa en falta algo más de riesgo en su puesta en escena, con una historia en la que apenas hay espacio para las sorpresas. A pesar de todo, la película funciona como un producto honesto dentro de su género. ¿Es suficiente? Creo que no. Sobre todo, en un momento donde existe tanta oferta, y hay que intentar llamar la atención del espectador. Embestida tiene una premisa interesante, pero termina varada en aguas tranquilas.

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