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«Hasta la montaña»: el improbable retorno a la naturaleza

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Hace 25 años dio comienza mi aventura en mundoplus.tv junto a otros “locos” como yo que poco o nada sabían de televisión, ni de internet, ni de derechos cinematográficos. Aquel proyecto que nació como una forma de conocer mejor un mundillo del que solo éramos espectadores, dio paso algo que con el paso del tiempo fue creciendo de manera inimaginable por aquel entonces. También resulta inconcebible como el mundo ha cambiado en estos 25 años, y en lo personal, no me imagino mi día a día sin acceso a un móvil, a internet y a las redes sociales. Para bien o para mal, la tecnología nos ha regalado cosas extraordinarias, pero también nos ha atado a su servidumbre de la que es muy difícil escapar. ¿Seríamos capaces de renunciar a la tecnología y las comodidades del mundo moderno? «Hasta la montaña», la nueva película de Sophie Deraspe, que llegó a los cines el pasado 27 de febrero, responde en parte a esta pregunta. El filme, explora el retorno a la naturaleza como vía de transformación personal y cuestionamiento del modelo urbano. Un relato, a ratos algo idealizado, que nos muestra las luces y las sombras de la desintoxicación de la modernidad.

Basada en la novela autobiográfica de Mathyas Lefebure, Hasta la montaña (Bergers es su título original) articula su discurso a través de una estructura clásica de viaje iniciático, pero lo hace desde una mirada sobria y naturalista que intenta equilibrar tanto su tono edulcorado como el dramatismo excesivo. Reconozco que esperaba más de Hasta la montaña, tal vez no una epifanía (disculpad el cinismo), pero la película de Sophie Deraspe ofrece un acercamiento, a veces demasiado complaciente con la dura vida del campo, en este caso de los pastores de la zona de los Alpes franceses.

Hasta la montaña nos presenta a Matías, un publicista canadiense que abandona su vida en Montreal para convertirse en pastor en el sur de Francia. Su historia es la de alguien hastiado del estrés de una sociedad que mide el éxito en función de parámetros económicos y sociales. Así, el personaje de Matías con su huida del esquema preestablecido por parte de la sociedad «civilizada», funciona como detonante narrativo para abordar varios temas: la crisis del entorno urbano, la romantización del mundo rural y el choque entre el deseo de cambio y la realidad material del trabajo agrícola. En ese aspecto, la película de Deraspe sí desmonta con claridad la fantasía pastoral del protagonista y hace hincapié en la exigencia física, económica y emocional del oficio.

La vida del pastor no están ideal

Sin embargo, el tono de la película no termina de asentarse, provocando un extraño vaivén en el espectador. ¿Quiere ser reivindicativa o solo ofrecer una mirada optimista de otra forma de vida? ¿Es naturalista o su estilo contemplativo es más de forma que de fondo? Son algunas preguntas que te planteas mientras presencias el viaje de los protagonistas, a través de los bellos paisajes alpinos. En cierta medida, Hasta la montaña se nos presenta como un drama rural, con un urbanita que ha leído demasiado sobre las bondades del campo, pero que descubrirá que la idealización que narran los libros está lejos de ser una realidad. También el filme apuesta por una lectura más social, al visibilizar la situación de pequeños y medianos ganaderos en contextos rurales europeos. Eso sí, sin ser en exceso reivindicativa, el guion si introduce temas como la sostenibilidad del modelo agrícola, la despoblación y la necesidad de reconocer el valor estratégico del trabajo rural.

En cuanto a los protagonistas, en la piel de este aprendiz de pastor encontramos a Félix-Antoine Duval, que consigue transmitir los diferentes vaivenes que sufre su personaje a lo largo de película. Desde la ilusión por una nueva vida, pasando por el duro aprendizaje, y terminando la aceptación de que la realidad que conlleva una identificación con su nuevo modo de vida. Junto a él, Solène Rigot da vida a Élise, una joven funcionaria que, tras conocerle, también decide abandonar su vida urbana, dando voz a esa juventud desencantada de una vida rutinaria, y que busca conectar con la naturaleza.

En resumen

Con algún toque de comedia, Hasta la montaña es un drama rural enmarcado en los bellos paisajes de la Provenza y de los Alpes franceses, que no funcionan solo como un simple escenario, sino como una parte estructural del relato que condiciona tiempos, decisiones y vínculos. Sin embargo, aunque el filme pretende ser una oda a la vida rural y al regreso a la naturaleza, está no termina de aprovechar su potencial, y aunque ofrece una mirada a un mundo desconocido para el gran público, termina convertida en una luminosa postal demasiado autocomplaciente con su forma.

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