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«El mago del Kremlin»: En lo histórico está la magia

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Ana Hernando
Ana Hernando
Periodista y comunicadora audiovisual madrileña con más de 7 años de experiencia en programación y contenidos de televisión. Especializada en contenidos de ficción.
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El prolífico director francés Olivier Assayas vuelve a la gran pantalla con «El mago del Kremlin», pseudo-biopic histórico que sigue al joven Vadim Baranov en sus comienzos artísticos, y posterior ascenso mediático, hasta convertirse en mano derecha de un prometedor agente del KGB: Vladimir Putin. El largometraje, protagonizado por Paul Dano, Jude Law y Alicia Vikander, se estrena el 6 de marzo en cines.

La trama, inspirada tenuemente en la figura de Vladislav Surkov, es interesante por su matiz histórico; durante las 2 horas y 36 minutos de película van sucediendo un transfondo de eventos destinados a explicar la Rusia de hoy en día. Sin embargo, la
potente premisa falla en la forma de contarse; hay personajes accesorios que lastran el ritmo de la trama y esta aparece fragmentada por episodios.

Hacia las tres cuartas partes de la historia, aparece Jude Law interpretando a Vladimir Putin y eclipsa al resto. Logradísima actuación y su personaje, del cual borda su caracterización y manierismos, es el principal fuerte del largometraje. Dicho esto, hay claramente dos personajes que sobran en la historia y restan valor al relato: El personaje de Jeffrey Wright y el de Alicia Vikander. Wright encarna al periodista norteamericano que comienza a narrar la historia y es con quien Vadim Baranov contacta para comenzar con la suya, lo que ocasiona redundancia narrativa, ¿por qué no nos la cuenta Baranov directamente?

Alicia Vikander y Paul Dano en «El mago del Kremlin»

Mientras tanto, Vikander, que interpreta a la novia de Baranov, no cuela en el papel y te saca de la historia. Las escenas de su personaje, inscritas dentro de la subtrama de amor con Baranov, están plagadas de diálogos superfluos, incluso pretenciosos, que revelan a un personaje contradictorio y poco interesante que lastra la trama.

La película ve su valor narrativo diezmado ya que, a pesar de tratarse de un relato histórica y culturalmente ruso, se narra con una perspectiva estadounidense (siendo el director francés), por lo que en muchas partes del relato -bien forzados en los diálogos- se dan rienda suelta a clichés recién desempolvados de la Guerra Fría: Desde Emilia Pérez y la reacción que tuvo con el público mexicano, el cine francés, o mejor dicho, ciertos directores franceses, deberían estar escarmentados de apropiarse de elementos culturales ajenos para reinterpretarlos desde su propia perspectiva, ya que este sesgo puede representar una distorsión, o parodia, de los mismos.

En resumen, El mago del Kremlin se presenta como un relato detallado –tanto en lo institucional como en lo humano- sobre los hilos políticos rusos y la concatenación de eventos que llevaron de la URSS a la Rusia actual. La verdadera magia del metraje está en el elemento real, en la autenticidad de la época, en lo histórico.

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