La que ha sido, y es, la película más taquillera de Argentina en los últimos años se presenta como una comedia, una compilación de 16 historias cortas que retratan a distintos tipos de hombre argentino. Toda su envoltura es cinematográfica; sus gráficos, su tráiler, su marketing… Sin embargo, su contenido se inclina más a sketch televisivo.
La mayor fortaleza de la película está en su elenco de actores, particularmente en Francella, quien se cambia de piel, historia a historia, para ofrecernos 16 personajes completamente diferenciados y muy conseguidos.
La película, que promete un retrato de la identidad argenta, es más bien una mezcolanza de anécdotas de diferentes clases sociales del bonaerense promedio. No todas ellas, diría que la mayoría, son un retrato intrínseco de lo argentino. Algunas emocionan, otras desconciertan, unas cuantas pasan desapercibidas.
Ya habíamos visto en Relatos Salvajes que varias historias tiradas de un hilo conductor funcionaban de maravilla. En el caso de Homo Argentum, el formato de mini historias, muy interesante en esta sociedad de la inmediatez, no juega a favor de las tramas. Tras el planteamiento inicial, muchas de las historias de Homo Argentum terminan en pleno conflicto. Pero este final abierto no es efectivo, sino que da sensación de algo inconcluso.
Tampoco actúa a favor de los personajes, especialmente de los femeninos (y más aún si son mujeres jóvenes), que quedan completamente desdibujados y –a pesar de estar perfectamente interpretados- se retrotraen a clichés ya en deshuso. Que no haya queja, y esperemos un «Femme Argentum» para verlos bien desarrollados.
En resumen, diría que las pocas historias que se acercan verdaderamente a lo argentino son las que más funcionan. Las otras, son solo planteamientos, que, aunque bien actuados, se disuelven nada más acabar. Lo que desde luego si consigue Homo Argentum es dar mucho que hablar