Llega a Movistar Plus+ con el motivo del Día Internacional del SIDA una miniserie de la mano de Eduardo Casanova y Apoyo Positivo que promete no dejar indiferente a todo aquel que se atreva a disfrutarla. Porque pese a los prejuicios y la reticencia inicial que algunos puedan tener para empezarla, una vez dentro sólo queda sorprenderse y caer rendido a sus pies. Uno se espera una orgía vampírica al estilo del «Drácula» de Coppola con mucho mariconeo y se encuentra con una tragicomedia romántica de mujeres a través de los siglos con un final utópico al más puro estilo «A Dos Metros Bajo Tierra». Eduardo Casanova dice ya tener escrita la segunda temporada, pero de momento nos tenemos que conformar con sus tres miniepisodios que pasan volando y te dejan con ganas de mucho más, a la espera de que tras su estreno el 1 de diciembre, Movistar Plus+ se anime a convertirla en nuestra «White Lotus» patria.

El propio creador, director y guionista Eduardo Casanova afirma: «no quiero ofrecer al público otra historia de vampiros con vampiros hombres y otra historia de VIH o SIDA contada por hombres…. Creo que hay que ofrecerle al público cosas nuevas para que vea que existen otras formas de vivir la vida y que existen otras personas. Al final la cultura y el entretenimiento conforma el pensamiento colectivo.» Eduardo ya desde su primer papel se ha convertido en un gran visibilizador y lejos de acomodarse en el éxito y seguir explotando el papel que le marcó, se ha comprometido en seguir más allá, mostrando a los que siguen estando olvidados por la sociedad como son los seropositivos. «Hablar del VIH y del estigma que conlleva el VIH, de la oscuridad que viven las personas silenciadas con VIH y hablar de vampiras casaba muy bien porque viven un poco lo mismo… Me apetece mucho que le pase eso al público, que se ponga una serie de vampiras para pasar miedo y llorar y se encuentre con una serie de vampiras con las que se va a concienciar y también se va a reír».
Sus tres episodios están claramente diferenciados, tres tramas muy diferentes, pero que al final casan magistralmente. El primero es una orgía visual con una mesa camilla vampírica divertidísima donde las irreconocibles actrices caracterizadas de una forma brutal terminan contándonos lo difícil que está el mundo para ellas en plena peste negra. Tras conocerlas y entenderlas, usando expresiones que bien podrían ser utilizadas por cualquier persona encerrada en el armario y con el miedo a mostrarse tal y como son, tenemos un cliffhanger poco entendible de la mano de María Léon, que va a ser la reina del último episodio.
Entremedias descubrimos a Lucía Díez, cuyo parecido con la Manuela Velasco ensangrentada de la saga REC es alucinante, en el mundo de las películas de Eloy De La Iglesia, buscando sobrevivir a su madre y teniendo la misma paradoja que tuvo ella siglos antes. Menos impactante este segundo episodio, pero mucho más histriónico, sirve para conocer a través de un flashback demasiado breve para mi gusto que pasó con las del primer episodio y nos va poniendo el mantel para degustar el verdadero plato fuerte que es ese último episodio.

Un tercer episodio que es magia pura, con María León dándolo todo en cuerpo y en una interpretación brutal. Termina la serie como si de Claire Fisher se tratara rodeada de blanco con un utópico final feliz, y con la moraleja que el ser seropositivo hoy en día en España o Europa no es un problema grave, como ocurre en otras partes del mundo, o como si ocurrió en la década de los 80. El VIH ya no debería ser un estigma pero lo sigue siendo. Muy poca gente se atreve a decir que es seropositivo pero por el mismo miedo que las vampiras de la serie no se atreven a revelar su verdadera identidad, por miedo a que les claven estacas o les corten la cabeza. Gracias a la medicación las personas se han convertido en indetectables, que quiere decir intrasmisible, pero a día de hoy muy pocos seropositivos se atreven a contar su situación a su entorno. Ese es el sentido de la existencia de Apoyo Positivo.
La forma de hacerlo es magistral, divertida «el amor da valentía» y trata al espectador como inteligente dando pequeñas pinceladas del pasado y del futuro. Muy pocas veces se puede disfrutar tanto en tan poco y que te deje poso desarmando por completo al que llegue a ese magnífico final. Brillantes y breves interpretaciones de Mariola Fuentes, Leticia Dolera o Ana Polvorosa, un número musical que descoloca pero al final es parte de lo que te esperas de su director con Omar Ayuso en todo su esplendor mientras suena la gran Rocío Jurado y como colofón final esa canción de Camilo Sesto para los créditos finales muy apropiada. Todo está muy cuidado en los poco más de 60 minutos que dura toda la serie, desde el maquillaje, al vestuario ideal para dejarte ensimismado en ese mundo de gente escondida en la oscuridad, muchas veces por falsas suposiciones que no tienen nada que ver con la realidad.
Silencio entra por méritos propios en esas nuevas series que abordan la diferencia con magia, fantasía y que perdurará para siempre entre los que se atrevieron a disfrutarla hasta el final: Yo adicto, Las noches de Tefia, Maricón Perdido oLos ángeles ignorantes son pequeñas jovas de mi lista de recomendables a la que ahora se une este Silencio de Eduardo Casanova para Movistar Plus+.
Ufff, después de leer tamaña publicidad me entra sueño.
Ya sé que no ver