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«Maleficio (La regla de Osha)»: Santería low cost para un público poco exigente

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Álex Oliveres
Álex Oliveres
En el pasado fui bloguero, actor, monologuista y guionista. Era como un artista del Renacimiento, pero de serie Z. En la actualidad vivo rodeado de DVD’s, cintas de VHS, cómics y libros. Yo lo llamo coleccionismo. Mi terapeuta dice que es síndrome de Diógenes. De tanto en tanto me gusta escribir sobre las películas que veo o de alguna de mis idas de olla.
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Es curioso que a veces recuerdes con afecto una película tan solo por un pequeño detalle que se te quedó grabado en la mente o por una escena que, poco o mucho, te impactó. Esto es lo que me sucedió con «Compulsión», película que pude disfrutar en la edición del año 2017 del festival de Sitges, que me ganó completamente gracias a mostrar el uso más salvaje jamás hecho de un predictor y por una escena final que causaba una malévola sonrisa en el espectador. De hecho, mi compañero en ese pase siempre me recuerda el buen rato que pasamos viéndola cuando hacemos repaso de las ediciones pasadas del festival. Ahora su director, Ángel González, vuelve a la carga, tras ocho largos años, para presentarnos «Maleficio (La regla de Osha)». ¿Ha valido la pena la espera? Hombre, tanto como valer la pena, no.

Eso sí, hay que aplaudir a González el por lo menos querer ofrecer algo distinto. Cierto es que no nos cuenta nada que no se haya contado ya infinidad de veces, pero el envoltorio que le da a la historia consigue dejar una pequeña sensación de novedad en el espectador.

La película, ambientada en el mundo de las bandas juveniles, gira alrededor de Kevin, un pandillero que tras recuperar el alijo robado por una banda rival, en una destacable escena inicial rodada con mucho ritmo y nervio, logra ser ascendido en su banda. Pero para hacer realidad ese ascenso, tendrá antes que someterse a un ritual de santería. Huelga decir que el rito no saldrá todo lo bien que Kevin hubiera deseado, ya que a partir de entonces su hermana pequeña y él serán acosados por un ente sobrenatural.

A partir de aquí, pues lo de siempre: cosas que suceden sin explicación, una constante sensación de amenaza y la incredulidad que reciben como toda respuesta nuestros protagonistas por parte de los demás. Añadid a la ecuación la presencia de una trabajadora social, que arrastra un trauma por un hecho acaecido en el pasado, que hará todo lo posible por proteger a la niña y así completamos todos los tópicos habidos y por haber.

Pero lo creáis o no, la cosa funciona. No a un nivel espectacular, pero sí al menos para mantenerte entretenido a lo largo de todo su metraje. Lamentablemente, cada momento de terror medianamente conseguido viene seguido de una decisión no del todo acertada, cuando no ridícula. Y eso creedme que es una pena, porque Maleficio (La regla de Osha) hace méritos para ser recordada como un producto entretenido y, en cambio, el lastre de las malas ideas plasmadas en pantalla hará que el público no objetivo le otorgue una baja valoración.

Otra cosa a decir a favor de Ángel González es lo bien que disimula las limitaciones presupuestarias de la película. Es más, las secuencias en las que la entidad malvada hace acto de presencia lucen a la perfección y el resultado es encomiable.

Y puestos a destacar más cosas buenas, voy a romper una lanza en favor de la loca y divertida resolución de la película.

Maleficio (La regla de Osha) no va a pasar a la historia. Tampoco lo merece. Pero sí que es un nuevo ejemplo del potencial de su director. Ojalá que no tengamos que volver a esperar tantos años para su próxima película y que por fin pueda contar para ella con un presupuesto más holgado. Yo os aseguro que, tras el buen sabor de boca que me han dejado sus dos trabajos, no dudaré en verla. Estoy de acuerdo en que, de momento, la filmografía de Ángel González no va muy sobrada de calidad. Pero su atrevimiento y osadía por ofrecer algo nuevo dentro del panorama de terror nacional ya es mérito suficiente para que le sigamos la pista de cerca.

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