Hace algunos años, en las encuestas que se hacían a pie de calle sobre gustos televisivos, solía decirse la frase “yo siempre veo los documentales de La2”. Se convirtió en una coletilla que en realidad ocultaba lo que realmente veías, una manera de quedar bien o de parecer que tus gustos eran mucho más refinados de lo que la audiencia decía.
De esa forma tan concreta, tan definida, se mencionaban todos aquellos documentales sobre naturaleza emitidos entre las 15:30 y las 17:00 por la emblemática segunda cadena de RTVE.
En aquellos días terminabas de comer, y cogías posición en el sofá. A falta de alicientes en el televisor, acababas por poner La 2, en dónde algún plano aéreo te situaba sobre la gran llanura del Serengueti y aparecían aquellos ñus. Desfilaban en fila, parsimoniosos, de tal manera que estabas deseando que la manada de leonas que les acechaban terminara con ellos.
Pero eso era en un determinado momento, brevemente, el resto del tiempo lo único que veías era esa interminable caminata, ese ir y venir de los ñus de un sitio a otro con esa cara de “cómeme” que se les ponía mientras rumiaban. Lógicamente ante tales expectativas, terminabas por dormirte. Pero eso sí, cuando a pie de calle alguien te preguntaba cuales eran tus gustos televisivos, cogías aire, ponías cara de intelectual o de lo que en aquellos tiempos todavía no existía, de “woke” y te acordabas del tiempo que empleabas en conocer los misterios de la naturaleza, gracias a la 2, entre cabezada y cabezada.
Mucho han cambiado las cosas en este tipo de género. Algo que comenzó con David Attemborough o Jacques Cousteau, y que vivió una revolución tecnológica con Blue Planet o Planet Earth, y exitos de taquilla como El Viaje del Emperador, Océanos o El Oso (ésta última película, pero que casi es un documental), han dado paso a una evolución del género con grandes exponentes como los que podemos ver a través de dos propuestas muy diferentes, disponibles en Movistar + (The Americas) y Apple TV+ (Instinto Animal).
Son dos formas totalmente opuestas de aproximarse al género documental de naturaleza, pero que consiguen el mismo resultado: hacer imposible que te duermas.
The Americas es, en toda regla, una superproducción. Si Movistar Plus+ apuesta siempre por lo único, por lo destacado, por la espectacularidad y el derroche de medios para ofrecérselo a sus suscriptores, en un género como el documental de naturaleza no podía ser menos.
Aquí se apuesta sobre seguro, en una serie nominada a los Emmy, narrada por Tom Hanks y cuya música (algo imprescindible en un buen documental) es nada menos que de Hans Zimmer.
Detrás de esta excelsa producción está la BBC (como no), a través de su famosa división de documentales, y la Universal, encargada entre otras cosas del elevado nivel de postproducción empleado.
Está claro que el objetivo es que disfrutes de este producto audiovisual de la misma manera que si vieras la mejor de las series, y sus 11 episodios se ven de un tirón. Los personajes en este caso son animales y plantas, captados de un modo tan espectacular que resulta difícil no pensar que hay alguna IA involucrada. Pero el caso es que no, que lo que nos muestra esta serie es real, de una complejidad infinita para ser captada por una cámara, pero real.
A lo largo de todo el continente americano (de norte a sur), desde junglas, océanos, ríos, llanuras, elevados picos, etc, todo es asombroso.
Las aventuras de los yakaré, el baile de las orquídeas, el descenso vertiginoso de los osos por acantilados andinos, mapaches navegando, orcas cazando, cientos de serpientes de cascabel emergiendo para sobrecogerte en el sofá… Lo dicho, no te duermes.
Porque esto ya no va solamente de animales cazando o procreando. Va de las plantas recibiendo el agua de la lluvia, va de insectos, de peñascos imposibles en paisajes que te sorprenden, porque creías haberlos visto todos, y ya es mucho decir que algún paisaje te sorprenda en este universo de imágenes globales en el que vivimos, pero el caso es que si te adentras con la combinación perfecta de un alto nivel tecnológico y un conocimiento exhaustivo del medio natural en los entornos más aislados del continente americano, el resultado es esta maravilla de serie.
Está claro que mostrarnos el reino animal más desconocido es una de las mejores maneras de ayudar a preservarlo y lo que nos muestra Apple TV+ en la adictiva serie The Wild Ones (la penosa traducción española no le hace justicia Instinto Animal), va un poco más allá.
Aquí lo que vemos es, posiblemente, las únicas y tal vez si no lo remediamos, últimas imágenes captadas de una serie de especies animales en verdadero peligro de extinción.
Su existencia, su todavía “no extinción”, les sirve a los tres personajes protagonistas de la serie, Aldo Kane, Vianet Djenguet y Declan Burley para demostrar que no se puede tirar la toalla todavía, que hay un rayo de esperanza mientras estos animales existan, algo que ellos demuestran a través de las imágenes que captan.
Porque si una tribu de Gabón cree que el enorme gorila Papa Yitu, una figura casi mitológica que ha dominado la tribu de gorilas de la zona desde que tienen memoria, ha desparecido, tal vez ya no merezca la pena proteger la jungla en dónde vive este grandioso animal rodeado de su familia. Y puede que ellos mismos vean amenazada su existencia por las compañías madereras.
Si los habitantes de la estepa del Cáucaso, en Armenia creen que los leopardos no existen ya, porque hace mucho que nadie los ha visto, tal vez no merezca la pena abrir una senda entre dos parques nacionales para permitirles seguir viviendo, ayudando con ello a que la biodiversidad de la zona continúe adelante.
Y tal vez, solo tal vez, si conseguimos ponerle un localizador a las ballenas francas del Atlántico Norte, uno de los animales más perseguidos del planeta, podremos evitar su caza y tal vez consigamos ver una desde la costa en algún momento de nuestra vida, uno de los espectáculos naturales más impresionantes que existen.
La persecución a la que someten éstos tres personajes, éstos tres implacables cazadores de imágenes que siguen rastros, escalan, se ocultan o se plantan en una tienda de campaña durante horas pacientemente para conseguir la prueba de que determinadas especies existen es una poderosa razón para ver esta serie documental, de que los pocos ejemplares avistados han sido captados por sus cámaras convirtiendo esto en una razón lo suficientemente contundente para demostrar a los gobiernos locales que todavía merece la pena seguir invirtiendo sus limitados fondos en preservar la vida de estas especies, evitando que esas imágenes sean las últimas.
En ocasiones, el llamado ecoturismo es la única vía para determinadas comunidades en riesgo de desaparición, ya que los fondos provenientes del turismo son la única razón para que los gobiernos de determinados países preserven ese hábitat, conviertan en una visita única, ver e interactuar con animales casi extintos que viven en entornos protegidos pero que se encuentran a merced de la deforestación o la acción de los cazadores furtivos porque no hay ninguna intención de preservar su entorno ante el empuje de la más básica supervivencia humana.
El entusiasmo de estas tres personas cuando consiguen su objetivo es contagioso, y viene acompañado por el agradecimiento sincero de la personas que viven en esas inhóspitas zonas del planeta porque, con sus imágenes, les demuestran que no están solos, que siguen existiendo estos animales entre ellos.
Y no puedes evitar dar un respingo en tu sofá y celebrar lo maravilloso que es seguir compartiendo este planeta con el mundo animal.
Como le respondía el Gran Jefe Seattle al presidente Frank Pierce, en 1854, en respuesta a la oferta de comprar las tierras de los indios Suwamish: “Consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras con una condición: tratar a los animales como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. ¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque lo que le sucede a los animales, pronto ha de sucederle al hombre”