El cine de acción no suele necesitar premisas complejas o personajes redondos. De hecho, los fans del género saben que la mayoría de elementos dramáticos que se alejan de la traman no hacen más que entorpecer las secuencias de mamporros y borbotones de sangre. «Fight or Flight» sí lo tiene claro, pues se entrega completamente a su premisa y a ser lo más ridículamente violenta posible.
La historia sigue a Lucas (Josh Hartnett), un sicario escondido en Tailandia con un oscuro pasado. Lucas es contactado por una agencia de inteligencia para subirse a un avión y asegurarse que el hacker más peligroso del mundo, conocido como “el fantasma”, aterrice a salvo en San Francisco para ser detenido. ¿El problema? Nadie conoce la identidad del hacker y puede ser cualquiera de las personas a bordo del avión. ¿El problema de verdad? Todas las organizaciones criminales del mundo se han enterado de que “el fantasma” está en el avión y pretenden matarlo. Lo que sigue es la lucha incansable de Lucas por evitar que nadie lo mate a él o al hacker.
El film, que se asemeja peligrosamente a Bullet Train (David Leitch, 2022) en su argumento, encuentra su gancho en las limitaciones que pone el espacio y el tiempo en el que se desarrolla. Como si fuera una película de Jackie Chan, todos los elementos que forman parte de un vuelo comercial son usados como arma: desde las bandejas hasta los carritos. El debutante director, James Madigan, pone una atención especial al espacio, consciente de lo estrecho que resulta un vuelo para todo aquel que viaja en turista, batiendo el récord del mundo de asesinos despiadados por metro cuadrado.
Al guion le sienta de maravilla su sentido del humor: macarra y autoconsciente, pero capaz de tomarse en serio. Lucas, como todos los héroes de acción, no tiene nada que perder, pero Hartnett es capaz de mostrar con sus gestos su miedo a la muerte y su desesperación no es incompatible con su humanidad. Más allá de lo que dan de sí los diálogos, la película es consciente de que no hay nada más divertido que la violencia con una buena dosis de creatividad. Fight or Flight saca el máximo provecho de sus posibilidades, utilizando cualquier elemento disponible como una potencial arma mortal.
En resumen
Fight or Flight es una de esas películas que corre el riesgo de pasar desapercibidas por la sensación de que ya la hemos visto repetida hasta la saciedad, pero el carisma de Josh Hartnett y lo lúdico de su ejecución hacen que valga la pena. Es una cinta despreocupada y excesiva, ideal para los fans del cine de acción más gamberro.