«Los restos del pasar» más que una película, es una invitación gentil y atrayente de los directores, Alfredo Picazo y Luis (Soto) Muñoz, a pasar una semana santa que roza lo fantástico en nuestra querida Andalucía.
En Los restos del pasar Antonio, nos narra cómo fue su infancia en Córdoba durante la Semana Santa. Antonio es un niño solitario hasta que conoce a Paco. Un pintor de avanzada edad que resuelve todas las dudas de Antonio, desde la técnica para pintar de forma profesional, hasta preguntas sobre la vida.
Se trata de una película enternecedora que al mismo tiempo me llena de respeto. ¿Por qué? La relación de Antonio y Paco me deja boquiabierta, por el simple hecho de que ha medida de que avanza el filme se ha hecho más profunda pero conservando la inocencia de Antonio.
Esta relación anteriormente mencionada, me hace querer alabar el guión. Gracias a los diálogos delicados, profundos y aniñados pero muy maduros que hablan de la vida y la muerte podemos recibir con alegría las diferentes reflexiones de Antonio.
Es digno de mención, tambien, el uso del blanco y negro, que juntado con planos de la Semana Santa, procesiones y similares, hace que se convierta en una ceremonia aún más solemne de la que estamos acostumbrados a ver.
Eso mezclado con el color en los momentos más íntimos de Antonio hace que sea una película íntima, delicada y muy bella que en general hace que se te revuelvan los adentros y sientas nostalgia de un momento aún por venir.