Imagina, por un momento, que tienes que abandonar tu casa. El parque de tu infancia. Tu ciudad. Tu país. Y, con ello, a tu familia. A tus amigos. Imagina que tienes que hacerlo por la simple motivación de seguir vivo. La protagonista de «Shayda» no tiene que hacer ese ejercicio de imaginación para saber qué se siente. El debut en largometraje de la cineasta iraní Noora Niasari, ganador del Premio del Público al mejor drama en Sundance, llega a los cines españoles este 28 de junio.
Shayda y su hija, Mona, de origen Iraní, viven en un refugio para mujeres en Australia. Allí se protegen del marido de Shayda, que no acepta su voluntad de divorciarse tras haber sido maltratada por él. Todo se complica cuando conceden al padre de Mona pasar tiempo con ella, encuentros que él aprovecha para intentar volver a encerrar a Shayda en la cárcel sociocultural de la que se ha escapado.
«A mi madre. A todas las mujeres valientes de Irán». Con esta frase, o una muy similar, Noora despide la película, seguida de unas imágenes que, suponemos, pertenecen a su niñez y han inspirado el largometraje. Es lícito y normal que Noora haga especial hincapié en las mujeres iraníes, con quienes comparte origen y que son especialmente maltratadas por el patriarcado.
Sin embargo, Noora hace un retrato panorámico de la violencia hacia la mujer. Nos muestra que, por desgracia, ese maltrato está presente en cualquier lugar y cultura del mundo. En el refugio, Shayda y Mona conviven con mujeres de Europa, Asia Oriental; mujeres más jóvenes y mujeres más mayores; mujeres con y sin hijos. Al mismo tiempo, cada una de esas mujeres ha vivido la violencia machista de distinta manera, algunas directamente, otras a través de sus hijos, en forma de violencia vicaria, etc.
Con esto, Noora viene a decir que cualquiera de nosotras podría terminar en un refugio como ese y, por tanto, todas nosotras deberíamos formar parte de la solución de este gran problema de nuestro presente.
Partiendo de esta base, Noora pone a Shayda y Mona en el centro del relato para hablar, además, de una cuestión muy presente en el cine de Asia Occidental. Especialmente en el cine de las mujeres originarias de allí, pero que han abandonado su país en favor de su libertad y seguridad. Me refiero al encuentro, que muchas veces termina en fusión, de la cultura asiática que estas mujeres han mamado, y la cultura occidental que descubren cuando llegan a Europa.
Como suele ocurrir en estos relatos, Shayda no rechaza las costumbres iraníes. De hecho, se esfuerza en que Mona las conserve, e incluso en mostrárselas a sus compañeras de refugio, cuyas culturas son totalmente diferentes. Lo que sí rechaza Shayda es la represión hacia la mujer que Irán, al igual que muchos otros países, llaman cultura.
En resumen
Shayda es una llamada a la valentía y a la unión de las mujeres. Noora mira a todas esas mujeres que necesitan ayuda y les dice: no importa de dónde vengas o por qué has llegado hasta aquí; si necesitas ayuda, te la vamos a dar.