Citando la icónica línea de diálogo expuesta por un personaje de la película «Martín Hache», en «Pobres criaturas» encontramos el peligro de ser seducido por depende de que mente. Bella -interpretado magistralmente por Emma Stone- puede no solo ser uno de los personajes más interesantes del cine en los últimos años, sino la clara demostración de la dualidad del ser humano y su necesidad de enriquecer cuerpo y alma.

Pobres criaturas es una película que no pretende gustar a todo el mundo tal y como se expone en la obra del cineasta griego Yorgos Lanthimos. Un filme que revisiona en tono crítico y de comedia negra el relato de Frankenstein y la importancia de la libertad/necesidad de aprendizaje en el ser humano. Muchos espectadores verán similitudes de esta obra con la novela -y posteriores películas- de Mary Shelley, pero cuenta con tintes cercanos a la «nueva carne» de David Cronenberg (Crímenes del futuro) y hasta comedias (verdes) y arriesgadas como ‘Una chica explosiva’ o la defenestrada película producida por los encargados de la saga American Pie: Repli-Kate. El mito de construir o crear una mujer perfecta para satisfacer traumas, educarla o poder dominarla. En este caso a través del personaje de Emma Stone, Lanthimos ironiza sobre Frankenstein y presenta un personaje femenino escrito de forma casi perfecta por Tony McNamara a partir de la obra de Alasdair Gray.

Esta película expone como el ser humano desde sus inicios ansía y proclama la libertad en sus actos y en su albedrío, y más a través de la sexualidad. Sexualidad que se expone como herramienta de dominio sin medias tintas. Yorgos Lanthimos le da una importancia sideral a la sexualidad -y por ende al sexo- en todas sus obras. Si en Canino encontrábamos una familia recluida y educada de puertas para dentro, cuya burbuja explota una vez se introduce la sexualidad femenina, aquí encontramos los mismos tintes a través del personaje de Emma Stone, encerrada y enclaustrada sin saber quién es. En Langosta expone la sexualidad como medio para encontrar una pareja (o animal), o incluso en La favorita, donde muestra el sexo como moneda de cambio, y por lo tanto de poder. Lanthimos es un cineasta con voz y personalidad propia que sabe lo que quiere contar en cada una de sus obras.

Y ficha un elenco de galácticos, no por renombre o followers en Instagram, sino porque encajan de forma perfecta en sus personajes y lo que les pide la historia y el director. Emma Stone elabora un personaje lleno de matices y evolución interpretativa según avanza el filme. Su interpretación es brutal dado el grado de dificultad al contar con elementos de comedia negra. Mejora los chistes con el timing gestual y solo con verla moverse o caminar no te das cuenta que esté actuando. Desde sus inicios con Supersalidos o con Crazy, stupid, love demostró que la comedia es un género donde se mueve de forma óptima a la par que juguetona, ya sea en comedia blanca o en comedia negra (su mejor vertiente interpretativa). No quiero hacerle un La La Land, pero se merece el Oscar a mejor interpretación femenina sin lugar a dudas.

La dirección actoral es un aspecto cinematográfico a cargo del director, del que nunca nos acordamos cuando sale perfecta, pero del que sí despotricamos cuando sale mal al estilo La Casa Gucci. Lanthimos indica el camino a seguir y su elenco lo adapta a la perfección. Mark Ruffalo interpreta un personaje abocado a muchas aristas y cuya masculinidad frágil se expone una vez conoce y se enamora de Bella (Emma Stone). Ruffalo se presenta como el típico «Macho Man de época» tantas veces visto en westerns y melodramas de época, y bifurcando a un llorón roto por el desconsuelo de que su amante le ignore y prefiera la compañía de otros zagales de peor ver. Su personaje sostiene la película durante unas cuantas secuencias y su involución es magnífica a la par que orgánica con sus actos. Willem Dafoe estelar como siempre en ese tipo de personaje roto ya sea por dentro o por fuera y que nos lleva a los caminos de la locura. Un actor único que mejora todo lo que toca, y más en esta vertiente «GaryOldmanesca» con maquillaje, cicatrices y jugos gástricos.

El uso del blanco y negro al color está justificado y representa muy bien los momentos por los que pasa Bella. La estructura narrativa está bien hilvanada en la que tenemos un personaje primitivo (Emma Stone) hasta que se replantea su existencia y lo que hay fuera (como diría Mulder). El filme se estructura sobre varios capítulos y sus sucesivos giros finales en los que comenzamos con Bella en una mansión sin poder salir, y su evolución en cuerpo y alma pasando por cada ciudad visitada: Lisboa, un barco en alta mar, Alejandría o París, todas ellas ciudades con un encanto especial y bohemio que forma parte de un universo distópico con toques de cuento como en El Cuento de los cuentos de Matteo Garrone. El universo por momentos se basa en comedia escatológica que recuerda a El Faro de Robert Eggers, con Willem Dafoe lanzando ventosidades.
En resumen
Su punto flaco puede ser la parte final de la historia no por reducción de coherencia, sino por una pérdida del factor sorpresa del filme. Pobres criaturas es una comedia negra en cuyo interior encontramos aquello de “no perder nunca la curiosidad de un niño”, el auténtico empoderamiento de la mujer, y sobre todo la necesidad de libertad y conocer mundo. Pobres criaturas se estrena el 24 de enero en España gracias a Fox Searchlight. León de oro en Venecia y nominada a siete Globos de Oro, casi nada.