Con el estreno el pasado 18 de septiembre de «Cuerpo en llamas» en Netflix, se ha vuelto a hacer patente el gusto del público por las series basadas en crímenes reales. El true crime para los puristas, es un género que en los últimos años se ha puesto de moda y parece dispuesto a quedarse. En su momento, el estreno de la miniserie documental «The Jinx» puso el foco en las historias sobre crímenes reales. Un género que parecía más habitual de esos telefilmes de las sobremesas de Antena 3 que de producciones de cadenas de prestigio como HBO. Sin embargo, lo que parecía una simple moda, se ha convertido en una apuesta segura para cadenas de television y plataformas que han visto un filón en la producción de series tanto de no ficción como de ficción que exploren casos de crímenes reales. Podríamos pensar que habría un punto de saturación de este tipo de productos, pero nada más lejos de la realidad, ya que no hay mes que nos lleguen varios títulos de este género. Uno de los últimos en llegar, lo hizo el pasado martes 3 de octubre a Filmin que estrenó «Los crímenes de Port Talbot», serie galesa que narra la investigación policial de unos crímenes reales que son resueltos casi cuarenta años después gracias al ADN.
Escrita por Ed Whitmore y dirigida por Marc Evans, creador y director de la exitosa Manhunt, serie que también podemos ver en Filmin, Los crímenes de Port Talbot se basa en hechos reales. En este caso, en los asesinatos de tres chicas jóvenes que tuvieron lugar en 1973. La narración se divide en dos épocas distintas: en los años 70, cuando tiene lugar el crimen y se inicia una laboriosa investigación policial que acaba sin resolver el caso; y a principios de los 2000, cuando los mismos investigadores, utilizando las nuevas técnicas de identificación por ADN, logran determinar quién fue el asesino. La serie explora de esta manera, tanto la primera investigación que acabó estancada y dejando heridas abiertas en los habitantes de Port Talbot, Neath y Swansea, como la reapertura del caso casi cuatro décadas después. En ambos casos, seremos testigos de cómo aquellos crímenes marcaron la vida de familiares, amigos y policías que de algún modo u otro se vieron implicados en los hechos.
Uno de los puntos a destacar de Los crímenes de Port Talbot es que sabe alejarse de sensacionalismos, algo en lo que suelen caer muchas de estas producciones. Para el propio director de la serie, existen tres claves que hay que tener en cuenta a la hora de dirigir una serie basada en un crimen real: «Una es ser lo más sincero posible. A pesar de ser una versión ficcionada de la verdad, y que no se muestra todo tal como sucedió, hay que ser fiel a la verdad. La segunda es ser lo más auténtico posible en términos de representación y huir del sensacionalismo. La tercera, y sin duda la más importante, es ser realmente respetuoso, en lo que muestras y en lo que no muestras, en lo que puedes insinuar, en cómo puedes contar esa historia sin ofender.» Hay que tener en cuenta, que la serie se centra en un caso que se mantuvo sin resolver durante treinta años, que provocó que personas inocentes fueran acusadas de los hechos y que dejó una herida abierta en una comunidad que vio como el culpable de unos crímenes horribles quedaba impune
Los crímenes de Port Tabot (Steeltown Murders en su versión original) se centra en el trabajo policial, saltando del pasado al presente (aquí principios de los 2000) y viceversa, recreando tanto la investigación llevada a cabo en el momento de los asesinatos como la realizada en la denominada Operación Magnum, que se valió de las nuevas técnicas de identificación de ADN para encontrar al asesino. Como ocurría en Manhunt (y su secuela) o en la danesa The Investigation, la narración apuesta por un estilo sobrio y realista, que muestra el trabajo policial y el lado humano de los personajes.

Si en Manhunt era el inspector jefe Colin Sutton (Martin Clunes) el personaje central de la investigación, aquí nos encontramos con el inspector Paul Bethell (Philip Glenister), un hombre que ha vivido marcado por este caso que afectó tanto a su matrimonio como a su trabajo. Al recrear las dos épocas en las que se ambienta la narración, seremos testigos de cómo Bethell formó parte del nutrido grupo de policías que se vio involucrado en el caso y de cómo compartió el fracaso de la investigación policial. La serie pone énfasis, tanto en el esfuerzo de la policía galesa por resolver los asesinatos en 1973, como mostrar algunos de los errores que se cometieron en su momento, y que pudieron tal vez obstaculizar la investigación. En este sentido, vemos al entonces joven inspector Bethel, convencido de que existía relación entre las muertes de Geraldine y Pauline a la salida de un club nocturno de Swansea, con el anterior asesinato otra joven, tres semanas antes. Sin embargo, esa relación no se estableció hasta décadas después, gracias a los avances en las técnicas de identificación de ADN.
Como señalé anteriormente, la serie evita caer en las garras de lo escabroso y lo sensacionalista, siendo en todo momento muy respetuosa con las víctimas y sus familias. Además, también consigue que el asesino, conocido como el estrangular del sábado noche, no sea el eje sobre el que gire la historia, ya que apenas aparece a lo largo de sus cuatro episodios, centrando la trama en la investigación y la obsesión de un policía por resolver un caso que llevaba abierto casi cuarenta años. Además, la serie nos plantea una reflexión sobre los avances de la ciencia y sobre los cambios de la sociedad. En 1973, con miles de polícias involucrados en la investigación, no se dio con el culpable y el caso fue archivado. Casi cuarenta años después, con solo tres polícias y un forense, y sin apenas medios, se encontró finalmente al responsable de los asesinatos y se consiguió cerrar una herida que lleva mucho tiempo abierta. Los tiempos cambian para bien y para mal.
En resumen
Los crímenes de Port Talbot no es una serie innovadora ni tampoco busca serlo, ya que solo se centra en narrar de la mejor forma posible una investigación criminal que marcó a multitud de personas durante casi cuarenta años. Sin necesidad de grandes artificios, ni de espectaculares persecuciones, ni de villanos en la sombra, esta serie contiene los ingredientes suficientes para satisfacer el interés de los aficionados a los crímenes reales.
