El pasado viernes la nueva plataforma SkyShowtime estrenó la serie «Bosé», el presunto Biopic que han guionizado nada menos que (amigos y admiradores del artista) Boris Izaguirre, Ángeles González-Sinde, Nacho Faerna o Isabel Vázquez. Después de haber visto todos sus capítulos podría decir que no se salva ni el apuntador pero no quiero ser ni tan tremendista ni tan trágico. Pero está claro que todos esperábamos mucho más de una serie que iba a hablarnos de uno de los mayores símbolos y estrellas de la música Pop de nuestro país. «Bosé» quiere manejar el mismo lenguaje estético y distintas líneas narrativas que la serie de Luis Miguel (ésta sí que fue canelita en rama), pero no consigue embaucar al espectador de la misma manera. Le falta alma. Argumento. Trama. Estilo. Y profundidad al asunto.
Aunque la historia va saltando desde los orígenes de su carrera como actor y cantante desde Italia, y su éxito en la madurez, no logramos encontrar un hilo conductor o un leitmotiv que ensamble o justifique el porqué de una serie sobre la trayectoria de Miguel Bosé. La juventud del artista la vemos a través del actor José Pastor, quizá lo único que podemos salvar de esta inevitable pira. Su papel cumple con las expectativas interpretativas porque representa al Bosé más ilusionado, carnal, explosivo, emergente, cercano y capaz de mover la sensibilidad del espectador. Cumple con creces devolvernos físicamente al Miguel Bosé de Linda, Te amaré y Super, Superman. Sus números musicales son excelentes y pasan la prueba del «pelito» con holgura. Cosa que no ocurre con su otro yo adulto, Iván Sánchez (Hospital central), más errático e inexpresivo. Y que tiene una presencia simbólica en toda esta ficción biográfica. Una verdadera lástima.
La serie reclama su falta de presupuesto pues se sustituye casi todo el potencial de la escenografía y la falta de recursos a través del uso (o abuso) del croma verde y los efectos digitales, que algunas veces causan auténtico rubor. Así como la incorporación de personajes como Julio Iglesias (interpretado por Miguel Ángel Muñoz) que parecen extraídos de un sketch de Muchachada Nui. Es divertido, pero se supone que no debe hacernos reír. Entiendo que debe ser muy complicado hacer de Julio Iglesias sin caer en todos sus tics, pero es que Julio ha tenido cientos de imitadores y ya es un meme en sí mismo. Resulta casi imposible tomarse en serio el trabajo que desempeña Miguel Ángel Muñoz. Otro desastre. El affaire con Nacho Duato y su paso por las escuelas de danza por Colombia o Nueva York resulta también muy flojo y anecdótico.
Se pierde la oportunidad de haber hecho una serie más arriesgada, madura y gamberra. Quizá si el proyecto hubiera caído en las manos de Los Javis otro gallo hubiera cantado. Todo habría sido muy diferente. Mejor. Porque además de darle el aroma de la época correctamente habrían narrado de manera más versátil y talentosa los vaivenes del cantante. Tiene más impacto visual, e incluso más verosimilitud, si me apuran, la serie también recientemente estrenada Cristo y Rey que la propia Bosé, y eso que ambas prácticamente coinciden en el mismo tiempo histórico.
Nacho Fresneda tiene la responsabilidad de hacer de padre de la criatura, el torero Luis Miguel Dominguín. Es otro cliché. Al actor le han faltado muchos Colacaos para tener el mismo empaque, fuerza, gracia y socarronería que aquel gran personaje malvado: Luisito Rey, el padre de Luis Miguel, y que creó Óscar Jaenada impresionantemente bien (¡Curiosamente, Luis Miguel se llamó así en homenaje al padre de Miguel Bosé!).
Aunque hay que romper una lanza a favor de la actriz venezolana Valeria Solerino que sí logra convencer e impulsar a una Lucía Bosé implicada, desgarradora y realista. La vuelta de Alicia Borrachero también se agradece ante las cámaras, que da vida a su Tata Remedios, otro ejemplo de las mujeres que fortalecieron y sumaron en la vida de Miguel Bosé.
En resumen
El resultado final me deja frío y me pone un poco triste, porque estoy seguro que escarbando en la biografía de Miguel Bosé habríamos encontrado o extraído información que no tuviéramos, y nos llamase la atención. Lo que nos cuenta esta serie ya lo sabíamos. Y también sabemos el personaje en el que hoy en día Bosé se ha convertido. Eso también me pone triste.
Pero como decía John Cusack en Alta fidelidad: ¿Escuchábamos música Pop porque estábamos tristes o estábamos tristes porque escuchábamos música Pop?.