Durante los últimos años estamos asistiendo a una revitalización del subgénero noventero de acción que consiste en una única persona (en ocasiones dos o un pequeño grupo) que se enfrenta a multitud de enemigos para intentar salvar una situación que se le plantea y que siempre suele acabar con multitud de muertos y disparos por todas partes. Películas como «The Equalizer», con Denzel Washington, o «John Wick» han demostrado que se puede tener muchísimo éxito aún hoy en día con este tipo de propuestas desenfadadas, entretenidas y que no exigen demasiado esfuerzo por parte del espectador más allá de sentarse en su butaca y disfrutar del espectáculo.
El pasado 9 de diciembre llegó a nuestra cartelera la nueva propuesta de este tipo de historias llamada El protector y que tiene, especialmente en España, a Antonio Banderas como su principal atractivo y reclamo para la taquilla. El veterano actor español cumple en su papel y lo defiende bien, aunque el guion no le ayuda precisamente a ello.
Entrando en materia, la película arranca con la típica y manida historia de un sicario que, tras años de asesinatos, encarcelamiento y distintos delitos, un día decide que hay una línea que no piensa cruzar -esta premisa la vimos recientemente en Memoria de un asesino con Liam Neeson-. En el caso que nos atañe la línea que no quiere traspasar es la de dejar a su suerte -y en manos de unos criminales peligrosos- a una joven menor que conoce debido a una casualidad y que le recuerda a su hija con la que mantiene una difícil relación.
A raíz de este hecho la película se estructura, como os podéis imaginar, en una especie de «yo contra todos» buscando salvar a la joven, aunque con la particularidad de que el guion le otorga un compañero al personaje de Banderas en forma de joven fuerte y expeditivo que va a ser el encargado principal de las peleas físicas. Esta incorporación creo que es un acierto ya que le permite al director lucirse un poco más en las coreografías de las peleas cuerpo a cuerpo donde, probablemente, Antonio Banderas no luciría tanto por una cuestión física.
Además, la peli establece entre estos dos personajes una relación basada en el respeto y alguna que otra broma interna que funcionan bien de cara al espectador.
Los problemas, eso sí, empiezan más adelante. La película que arranca como ya comentaba anteriormente relativamente bien, aunque sin ningún tipo de riesgo ni sorpresa, va perdiéndose conforme avanza la trama. Cada vez las situaciones son más inverosímiles y te exigen ir apagando más y más el cerebro para dejar de ver algunos errores enormes en el guion. Es obvio que en este tipo de cine uno no espera el guion de El Padrino, ya que no estamos jugando en esa liga. Pero si que es verdad que se agradecería una historia más cuidada, y menos caótica en muchos de sus momentos. La introducción de un interés amoroso y de una villana un tanto de postal, tampoco ayudan a que uno se sienta muy implicado en lo que nos están contando.
En resumen
Al final del día, lo que nos queda es una película que consigue entretener y cumplir su función -ayudada, eso sí, mucho por su muy contenido metraje de noventa minutos- pero que cae en tantos tópicos y situaciones tan difíciles de creer que no acaba por levantar el vuelo en ningún momento del todo. Una pena.
