Han pasado siete largos años desde que el bueno de George Miller nos trajo su último largometraje (la excelente y muy recomendable «Mad Max Fury Road») y en este tiempo reconozco que le he echado de menos. El talento del autor australiano es tan extenso que cada una de sus películas merece que nos acerquemos a ellas con interés y buena predisposición para ver con qué ha decidido sorprendernos. Es cierto que no toda su filmografía mantiene el nivel de sus obras cumbre, pero también lo es que siempre suele ser capaz de sorprender al espectador con sus ideas innovadoras y su muy buen hacer a nivel visual.
En esta ocasión, llegó a las pantallas de toda España el pasado 2 de septiembre su nueva película titulada Tres mil años esperándote, donde el bueno de George demuestra, una vez más, que es un director que no quiere resultar indiferente y nos trae su obra más personal.
La película del realizador australiano nos cuenta la historia de una narratóloga, a la que da vida la brillante Tilda Swinton. Y cuya vida da un profundo vuelco cuando, en uno de sus viajes en busca de inspiración para crear nuevas historias, encuentra una lámpara de la que sale un genio, al que da vida el no menos talentoso Idris Elba, que dice que puede concederle tres deseos.
La película aquí tenía dos caminos posibles para escoger: El primero era convertir esto en una película al más puro estilo Aladdin, donde la protagonista tuviese que decidir que tres deseos quiere pedir y donde el subtexto de la misma diese algún mensaje en base a sus elecciones.
La segunda opción era coger la opción B (que es el que vemos en la cinta) y explorar como ese genio (o, mejor dicho, Djinn) ha acabado en esa lampara y cuál es su historia. Estableciendo una conexión más personal entre el Djinn y la protagonista.
La cinta versa durante la primera hora, más o menos, en contarnos la historia vital del personaje de Idris Elba convirtiendo la narración en unos cuentos dentro de un cuento. Y lo hace con un talento visual bastante increíble. La potencia de las imágenes es apabullante y algunas de las historias son, simplemente, sublimes. El hilo conductor de toda su vida, tan centrado en la pérdida y la soledad está tan bien retratado por Miller (e interpretado por Idris Elba) que es facilísimo meterse dentro y empatizar profundamente con el personaje si aceptamos las reglas establecidas previamente de estar asistiendo a estos cuentos dentro de un cuento.
Cuentos que, dicho sea de paso, pueden ser profundamente góticos y grotescos, en algunos puntos. La cinta no se anda con remilgos y recurre a imágenes violentas, tétricas y muy pasadas de vueltas para retratar la podredumbre que había en esos lugares históricos.
Huelga decir, eso sí, y aquí viene el primer pero que le pongo a la película, que alguna de las historias no está al nivel de escritura del resto. Y esto empieza a lastrar un poco la narración. Hecho que, además, se agrava en el tercio final de la cinta.
En el momento que la película enfila su último tramo y volvemos a retomar esa historia de los tres deseos entre los personajes principales y el guion se encamina a darles un cierre creo que se produce algo que no debería ocurrir nunca y es que todo se vuelve confuso, caótico y lento. Tengo la sensación, y quizá solo es cosa mía y no de la cinta, de que George Miller tiene muy claro a donde quiere llegar (y ojo, el cierre creo que está francamente bien) pero que se pierde en su narración plagada de metáforas por el camino hacía ese cierre. Como si quisiera ser tan elegante y sugerente que se pasase de frenada haciendo que cueste seguir el hilo narrativo de todo ello.
En definitiva
En cualquier caso, y ya para finalizar, creo que aún con sus luces y sus sombras, estamos ante una película muy interesante y que merece ser vista. Especialmente en cines, teniendo en cuenta que su principal fortaleza es la narración visual que establece el director.
Tengo la certeza, eso sí, de que dividirá al público entre adoradores de la misma y personas que no comprarán la propuesta y se aburrirán. Dejando patente que es una película, para bien o para mal, capaz de generar emociones en el espectador. Y, al final del día, creo que es de lo que se trata. De arriesgar e innovar. Si me preguntáis a mí, yo compro la propuesta y celebro el atrevimiento de George Miller.
Vale, si le compras la propuesta, me arriesgo y la veo. Por eso y porque me gusta ver a Iris.
Gracias por tu opinión, estoy leyendo ahora mismo más positivas que negativas.