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«42 Segundos» consigue elevar muchísimo el nivel ahondando en el drama de sus personajes

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Enrique Paniagua Martin
Enrique Paniagua Martin
Enfermo del cine y la literatura y, en menor medida, de las series. Fanático de Harry Potter, Friends y Marvel. Adorador de Fincher, Scorsese, Eastwood, Spielberg, Nolan, Tarantino y Céline Sciamma. Veo casi cualquier tipo de película y me encanta salir de mi zona de confort cinéfila. En Twitter soy: @QuiqueMartin27
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Los dramas deportivos llevan tanto tiempo entre nosotros, especialmente al otro lado del charco donde cada año se hacen varias películas de esta corte y suelen tener bastante éxito, que se han establecido casi como un género cinematográfico en sí mismo.

Y es sorprendente ya que hablamos de un tipo de película donde no suele innovarse mucho a nivel argumental ya que la gran mayoría de estas propuestas suelen cumplir un esquema muy marcado: Un inicio con el entrenamiento y distintas desavenencias, posteriormente da comienzo la competición en cuestión para la que el protagonista o los protagonistas se estuviesen preparando y donde solemos ver como la película va a ir elevando el ritmo narrativo paulatinamente y, por último, un final por todo lo alto con claves de cine puramente épico y multitud de momentos emotivos con el subtexto de la superación personal tremendamente marcado y ese mensaje en forma de «si te esfuerzas, todo va a ser posible».

42 segundosReconozco que, a pesar de la habitual falta de sorpresa en estas películas, me encuentro entre sus seguidores. Disfruto mucho con este tipo de cine y, 42 segundos, la película que nos atañe, no ha sido ninguna excepción.

La cinta, que ha llegado a los cines españoles este 2 de septiembre, nos cuenta la historia real de la selección española de waterpolo durante una horquilla de tiempo que va desde marzo del 92 hasta el final de los Juegos Olímpicos de Barcelona en agosto de ese mismo año. Y lo hace, obviamente, siguiendo el esquema anteriormente citado, pero con algunas variaciones que resultan muy interesantes de analizar.

42segundosLa película, como podéis suponer, empieza con esa fase de entrenamiento y acople de las distintas piezas nuevas del equipo. Está muy bien rodada, y realiza una más que interesante recreación de la Barcelona preolímpica (diría que de la Orden ha tenido mucho que ver en esto). Aportando, además, algunos buenos momentos cómicos. Posteriormente, y una vez ya llegamos al inicio del torneo olímpico, sí que se producen cambios notables en el esquema que citaba con anterioridad.

42 segundosEn esa segunda fase del largometraje, en lugar de seguir el esquema de ir aumentando la épica poco a poco con el paso de los partidos, la película opta por quitar el foco de los primeros resultados del torneo (que se ventila con bastante rapidez y utiliza algunas imágenes de archivo para contextualizar) y lo coloca en el drama que estaban viviendo algunos de los jugadores que formaban parte del equipo. Algo que empiezan a sembrar durante el primer tercio de la película pero que es en el segundo tercio donde mejor se trata y explora con profundidad.

Conversaciones entre jugadores, algún recurso visual potentísimo como el momento «bajo el agua» (intento ser críptico para no hacer spoilers a nadie que no conozca las historias reales de antemano) y esas interrelaciones que se establecen dentro del equipo son el alma de toda la cinta y lo que, a mí particularmente, mejor me ha parecido de todo ello.

42 segundosCreo que, en una historia como esta, con las situaciones tan complicadas que vivían algunos de los protagonistas, era importante no dejárselas fuera en favor del espectáculo y atreverse a «bajarse al barro» de lo más dramático y menos épico. Que quizá venda menos pero que, desde luego, te aporta un extra cualitativo.

42 segundosPosteriormente, la cinta se adentra en su tercio final para volver al esquema anteriormente citado y cumplir con su parte del trato. Todas las conclusiones son apoteósicas y vibrantes. Y, realmente, se viven como una verdadera lucha. Como si estuviéramos nosotros también nadando en esa piscina y jugándonos la vida en cada una de las acciones que marcarían el devenir del torneo. Viviendo, con total intensidad, esos 42 segundos que lo cambiarían todo y que dan nombre al largometraje.

En definitiva

Estamos ante una cinta dramáticamente muy lograda y de las que dejan cierto poso en el espectador. Que consigue atraparte precisamente desde ese drama de personajes. No necesitando, por lo tanto, abusar de la épica hasta que llega su tercio final donde si se vuelve prácticamente imprescindible. Es una película emotiva, de ritmo alto y tremendamente entretenida donde aquellos que no conozcan los hechos que aquí se narran, se llevarán algunas sorpresas. Es cierto, eso sí, que en algunos momentos tira de tópicos. Pero no creo que le resten valor cinematográfico al conjunto. Muy recomendable.

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