Ha tenido que curtírsele la piel y rasgársele la voz para que el mundo le tome en serio. Josh Brolin apareció en nuestras vidas en 1985 como el valiente Brand, el hermano mayor de «Los Goonies», ese chico que se pasaba todo el día haciendo ejercicio en casa los Walsh. A pesar de ser guapo y esbelto, no terminaba de encajar en la comunidad de los Muelles de Goon en Astoria, Oregón. Y tanto el chico más popular del instituto, Troy Perkins, que le provocaría un accidente por un barranco del Ecola Park, como su propio hermano Mickey, se atrevían a tirarle los trastos a su querida Andy, la animadora más guapa del instituto. Pero eso fue sólo hasta enfrentarse a los Fratelli y conseguir el tesoro de Willy El Tuerto. Brand era el ejemplo de valentía y bondad, de imagen de buen chico. Pero no volvió a destacar en las primeras filas de Hollywood hasta mucho tiempo después.

Hete aquí que comenzado el siglo XXI, Josh Brolin irrumpió con fuerza en nuestras vidas y empezó a encarnar personajes carismáticos, aunque ya dejando atrás al chico bueno. A aquel Brand que sostenía una antorcha por las cuevas que llevaban hasta aquel misterioso galeón español varado entre las rocas de playas de Cannon Beach. Ya casi nadie recuerda que es hijo del actor James Brolin, un galán que protagonizó la exitosa serie Hotel en los ochenta, junto a la preciosa Connie Selleca, y que también estuvo casado un tiempo con Barbra Streisand. Brolin hijo regresó al cine y se coronó en No es país para viejos de los hermanos Coen, volvió para ser Cable y acompañar a Deadpool en su efervescente secuela y, sobre todo, dio vida y alma a Thanos, el gran megavillano de Marvel, en la saga Vengadores y en Guardianes de la Galaxia, y más recientemente, al maestro de armas de los Atreides en Dune. La carrera cinematográfica de Josh Brolin ya está constituida sobre cimientos firmes y sólidos.
Además de todo eso, que son grandes logros que le han conferido una enorme popularidad y prestigio, ha dejado en su filmografía, algunas piezas interesantes como Sicario o, la que es una de mis películas favoritas y más poéticas de toda su carrera, la desconocida Una vída en tres días (Labour Day), que aún se puede encontrar escondida en alguna de las plataformas de streaming. La química entre Brolin y Winslet es apabullante y en la casa que conviven durante la festividad del día del trabajo, se crea un pequeño universo entre él, y una mujer y su hijo que lo acogen. Dejo aquí una recomendación ineludible.
Ahora vamos con Outer Range, una serie que produce nada menos que Brad Pitt, y que, a simple vista, en los primeros minutos, podría ser una versión de la reciente Yellowstone de Kevin Costner. Una serie sobre rancheros americanos que se ganan la vida en sus grandes tierras de pastos, entre las reses y los aperos de montar. También es eso. Y también hay familias enfrentadas, la de Royal (Brolin), que conforman los Abbot, de la que él es el gran patriarca, y por otro lado la de los Tyllerson. Una familia de vaqueros de Wyoming algo más tarados y borrachos que pretenden hacerse con parte de las tierras de los Abbot. La cosa se lía porque los hijos de Brolin se complican la vida en una trifulca con uno de los hijos de los Tyllerson, y la cosa se les va de las manos, así que papá Brolin tendrá que intervenir para salvarles la papeleta.
En medio de toda esta historia de vaqueros, lo original o lo que hace especial a Outer Range, es que se mezcla con una serie de sucesos sobrenaturales, desconocidos o extraños, que provocan escenas insólitas e inquietantes. Es aquí donde se entremezclan los géneros: el western y la ciencia ficción. A poco que nos esforcemos, nos puede venir a la mente Cowboys & Aliens, que protagonizaba Harrison Ford o la propia y genial producción Señales de M. Night Shyamalan. ¿Qué nos quiere contar Outer Range (Fuera de rango), pues no podría aclarar mucho acerca del verdadero trasfondo de esta enigmática producción. Es como si me preguntaras qué narices era Lost (Perdidos), Twin Peaks o incluso Stranger Things, después de haber visto los 5 ó 6 primeros capítulos. Es difícil explicarlo. Sabemos que hay una relación con el mito del dios griego Cronos, ese que siempre solía representarse con una Hoz, con la que castró y destronó a su padre; y también hay un agujero en medio de la tierra, un hoyo negro, vivo pero silente, que se lo traga todo. Un abismo oscuro que encierra un secreto paradigmático. También una excursionista que pide permiso a la familia de Royal para acampar en sus tierras y encontrarse a sí misma. Y luego está la nuera de Royal que desapareció hace años en extrañas circunstancias y dejó desolada a la familia Abbott.
El caso es que todos estos elementos hacen atractiva a Outer Range. Si te dejas llevar, eres paciente, y acompañas a Brolin una vez más en su andadura, puede que te veas inmerso en un profundo thriller extraño sin leyes ni códigos habituales. Simplemente te darás cuenta de que ya estás atrapado por esta desalentadora y singular historia. Sin saber por qué o sin encontrar porqués. Cómo ocurría con Perdidos o Twin Peaks, la atracción por lo inesperado o lo desconocido. El tiempo nos dirá si después de ir deshojando la cebolla nos encontraremos con un regalo o con más cebolla, o estamos ante una de las series más innovadoras y emocionantes de esta temporada. Por el momento, se puede decir que Outer Range enganchar, engancha. Que no es poco.