A bombo y platillo el presidente del Grupo Prisa, Jesús de Polanco ha asegurado que el nuevo Sogecable dará más información y entretenimiento. Sin duda, la fusión digital ya celebró su fiesta anticipada. Ese fue el comentario de la mayor parte de los asistentes a la inauguración de la nueva sede de Sogecable en el polígono de Tres Cantos. Un brillante acto social que contó incluso con la presencia del vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, para que no hubiera ninguna duda sobre la tregua definitiva a la que se llegó en la guerra mediática.
Otra cosa es cómo quedará el «Tratado de La Moncloa», nombre con el que se denomina ya a la luz verde del Gobierno para la absorción de Vía Digital por Sogecable. Es una cuestión, reiteran, que corresponderá sobre todo al ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, el hombre que debe poner en orden el entresijo de alianzas y posibles acuerdos en el mundo audiovisual. Muchos vieron en el acto una alusión muy directa a ese protagonismo cuando Mariano Rajoy pidió «finura y buena mano» para que nadie quede descolgado en el desarrollo de los medios audiovisuales.
Jesús de Polanco no ocultó a lo largo del acto su satisfacción en un evento que mostró, después de muchas horas de abatimiento, sus horas de triunfo en el campo de la televisión de pago. Alberto Ruiz Gallardon, que siempre ha tenido especial predilección en el desarrollo del polígono tecnológico de Tres Cantos, vivió esta vez sin agobios su labor de hombre puente entre el Grupo Prisa y el Gobierno de José María Aznar.
Al acto asistieron curiosamente cuatro presidentes autonómicos socialistas, las autonomías que aspiran a posibles acuerdos audiovisuales con el Grupo Prisa: José Bono (Castilla-La Mancha); Vicente Álvarez Arenas (Asturias); Marcelino Iglesias (Aragón) y Juan Carlos Rodríguez Ibarra (Extremadura). Junto a todo los invitados tuvieron especial brillo el presidente de Telefónica, César Alierta, y el presidente del BBVA, Francisco González, los vips mimados de la noche.
Al evento no dejó de asistir un Felipe González, en un discreto segundo plano y un muy satisfecho Luis María Anson, presidente de La Razón, de haber tejido de nuevo sus relaciones de «detente» con Juan Luis Cebrián y Jesús de Polanco. De nuevo, entre los chismes, la ausencia de Pedro Jota Ramírez, director de El Mundo, la estrella que de forma inexorable poco a poco se va apagando.