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Hispasat, una empresa con mala suerte dirigida por «satélites»

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Hispasat sufre de mal de ojo. Su último proyecto estrella y el más caro, el satélite Amazonas, ha sufrido una avería irreparable a 36.000 kilómetros de distancia de la Tierra.

Su programa de comunicaciones gubernamentales sigue en vía muerta tras el desastre en tierra del satélite Hisdesat. Y para completar el gafe, la crisis entre sus accionistas, lejos de solucionarse, está enquistada por la imposibilidad de alcanzar un acuerdo para nombrar al sustituto del presidente cesado, Pedro Antonio Martín Marín.
La sociedad española de satélites de telecomunicaciones Hispasat pasa en el último año de una noticia mala a recibir otra peor.

Inició este ejercicio de 2004, horrible para su salud y para su bolsillo, con la losa del accidente sufrido por la misión Hisdesat, especializada en comunicaciones militares y gubernamentales. La máquina, cuya construcción había encargado a la estadounidense Loral, quedó severamente dañada en el transcurso de unas operaciones en tierra, cuando estaba prácticamente terminada.

En su empeño por continuar con el programa, el desastre ha obligado a Hispasat a elegir entre una opción pésima y otra fatal. Sin demasiado convencimiento, ha mandado a Loral que reconstruya el mismo satélite que quedó hecho añicos.

Hispasat y los peajes políticos

El cambio de gobierno provocado por las elecciones legislativas del pasado mes de marzo tampoco ha traído paz y progreso para esta sufrida compañía.

Durante los últimos ocho años de dominio del Partido Popular Hispasat fue convertido en un cementerio de elefantes y sus puestos de mayor responsabilidad se utilizaron como premio de consolación para agradecer servicios prestados a alguno de los más señalados colaboradores del anterior ejecutivo que, educadamente, habían sido enviados a la reserva.

Tal es el caso, primero, del ex presidente de Radio Televisión Española, Fernando López Amor y, en una segunda etapa, del ex secretario de Estado de Comunicación, Pedro Antonio Martín Marín.

Con la vuelta al gobierno de los socialistas, Hispasat ha sido una de las primeras empresas con participación pública en la que ha resonado los ecos característicos que preceden a un cambio de poltrona. Tras ejercer alguna resistencia, a finales de julio Martín Marín cedió a las presiones y presentó su renuncia «de forma meditada y voluntaria».

Sin embargo, el proceso de relevo en la presidencia, en la que los nuevos inquilinos del poder político quieren mantener la última palabra, se ha convertido en una auténtica crisis institucional al aflorar de forma violenta e inesperada las profundas diferencias de expectativas e intereses que enfrentan a los principales accionistas de Hispasat.

Sus accionistas quieren saltar del barco

En primer término, los dos socios históricos, Telefónica (TEF.MC) y Auna, que en realidad nunca se han entendido, parecen coincidir ahora en el deseo de abandonar el capital de Hispasat. Desde luego esta es la voluntad expresada hasta el aburrimiento por Auna: quiere convertir cuanto antes en dinero su participación accionarial cercana al 18%.

La posición de Telefónica en más compleja. Sus intenciones de permanencia o fuga están condicionadas al uso real y operativo que pueda hacer en el futuro de los satélites de la sociedad.

La empresa que preside Cesar Alierta se queja de que su presencia en Hispasat es sólo un peaje que debe pagar para obtener otras compensaciones del gobierno de turno.

Ahora quiere que esto cambie y para ello, aceptaría mantener su actual 13,23% del capital siempre que los satélites de Hispasat caigan en la órbita de Astra, uno de los grandes europeos de las comunicaciones espaciales.

Este cambio permitiría a Telefónica introducir racionalidad en su negocio de señales espaciales al unificar en una sola orientación las antenas de recepción de Digital+, la plataforma de televisión vía satélite que comparte con Sogecable.

Se amontonan los problemas…

Una posible entrada de Astra, sin embargo, choca frontalmente con quien es hoy el primer accionista con cerca del 28% de la sociedad española de satélites, Eutelsat, el otro gigante de las comunicaciones espaciales europeas.
La compañía francesa ya ha declarado su presencia en Hispasat como una «participación estratégica» y cree contar con suficientes resortes en el actual pacto de accionistas para mantener la sartén por el mango.

Y así, en esta situación de depresión por el fracaso de Hisdesat y de trifulca entre los accionistas, le ha llegado a Hispasat la peor noticia del año.

El satélite Amazonas, su misión más arriesgada y costosa, en la que ha gastado 305 millones para convertirse en el referente de las comunicaciones espaciales en Latinoamérica, ha quedado hipotecada en órbita tras sufrir una avería irreparable en sus depósitos de combustible.

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