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La Muestra de Cine de Ascaso apoya a los realizadores palestinos con Palestina Animada

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La penúltima jornada de la 14ª Muestra de Cine de Ascaso enseñó la capacidad del arte para surgir en cualquier entorno y su poder para comunicar todo tipo de realidades: del genocidio en Gaza al universo creativo del escultor Eduardo Chillida. En la sesión de tarde se proyectaron once cortometrajes de animación de realizadores y estudiantes palestinos enmarcados en la iniciativa Palestina Animada, y por la noche el público que, de nuevo, llenaba la era del cine realizó un viaje inmersivo a Chillida Leku, la mayor obra del artista vasco, a través del documental Ciento volando, de Arantxa Aguirre.

La colaboración con Palestina Animada se enmarca en el compromiso de «la muestra de cine más pequeña del mundo» con el pueblo palestino y la denuncia del régimen de apartheid que sufre desde hace 77 años. Es por ello que la recaudación de la sesión de tarde se destinará a apoyar las y los artistas que continúan trabajando en Gaza a pesar del genocidio.

Es el caso de la realizadora Haneen Koraz, quien tenía un taller de creación audiovisual para mujeres y niños en el norte de Gaza. «La guerra la obligó a desplazarse a un campo de refugiados en el sur. Allí se reencontró con uno de sus alumnos, quien le pidió que siguiera con los talleres. A pesar de las dificultades técnicas y la falta de materiales, la creatividad de los niños y jóvenes que participan ha conseguido suplir las carencias y, refugiados en tiendas de campaña, ya han creado 32 películas de animación», explicó la directora palestina Samira Badran, cuyo cortometraje Memoria de la tierra fue uno de los proyectados en la sesión.

Junto a ella, estuvo en Ascaso la activista Ángeles Cabria, miembro del equipo organizador de Palestina Animada en España. «Comenzamos el proyecto hace un año, y ya se han sumado a él 21 realizadores palestinos que viven en los territorios ocupados y en la diáspora. Se ha generado una red de apoyo que ha permitido conectar a realizadores que estaban aislados en Gaza», explicó. La iniciativa se ha presentado en ciudades de toda España, diversos países europeos y americanos, lo que la está haciendo crecer rápidamente.

«La gente quiere conocer la mirada de los artistas palestinos, que son quienes pueden contar a través del arte qué pasa en su tierra y cómo lo sienten». Muchos de los trabajos presentados son anteriores al 7 de octubre de 2023, como Memoria de la tierra, que Samira Badran rodó en 2017 para mostrar la crueldad de los checkpoints, los puntos de control que la población palestina debe superar a diario para desplazarse por el territorio. «Son el eje de la ocupación, donde se produce toda la diversidad de violencias y humillaciones a las que Israel somete al pueblo palestino», señaló la directora. «Una de las prácticas habituales es disparar a las rodillas, porque discapacitando el movimiento del cuerpo se impide la resistencia».

Badran pidió no dejar de hablar de Palestina. «Después de casi dos años de genocidio, nada ha cambiado. Tenemos que continuar presionando para que esto acabe». Y denunció que «hay más de 10.000 prisioneros en la Palestina ocupada, además de la prisión administrativa que mantiene encarcelados a miles de niños y jóvenes sin derecho a defenderse».

El paisaje sonoro en Ciento volando

La sesión nocturna la abrió el cortometraje Cuarentena, de Celia de Molina, y con la proyección de Ciento volando el público que llenaba la era del cine disfrutó de la simbiosis entre el paisaje sonoro que se desarrollaba en la pantalla y el que envolvía a la era del cine. El sonido de la naturaleza en la que se integra Chillida Leku es un elemento fundamental en la película con la que Arantxa Aguirre rinde homenaje a Eduardo Chillida, y para contarlo estuvo en Ascaso el sonidista, Carlos de Hita, escritor, artista sonoro y técnico especializado en los sonidos de la naturaleza, quien ha participado en la realización de multitud de películas y documentales, y además conduce el programa Amaneceres en la Cadena Ser.

«Para mí, el paisaje sonoro es el relato que la naturaleza hace de sí misma con sus propias voces. En este caso, el sonido cambiante a lo largo de las estaciones del año y de las horas del día va matizando el paso del tiempo. No es solo un relleno de fondo, sino que tiene una parte narrativa. Ese es el regalo que me hizo Arantxa, pedirme que envolviera la obra de Chillida en una banda de sonido, el sonido de la naturaleza, que sustituyera a la música», explicó en el coloquio posterior. El regalo que hizo él al público fue una demostración práctica de su trabajo: enseñó la atmósfera sonora real de Chillida Leku y el proceso que llevó a cabo para componer el paisaje sonoro que aparece en la película.

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