La ficción y no ficción germana contemporánea, desde el espectro autoral hasta el comercial, ha ido fortaleciéndose durante este siglo XXI con la aparición constante de nuevos nombres. Esta vigésimo quinta edición del German Film Fest es una celebración del buen estado del cine del país teutón con un total de seis películas que en su gran mayoría, han sido dirigidas por mujeres.
La selección de este año presenta propuestas que arriesgan en sus narrativas, cine social y políticamente comprometido y retratos de las contradicciones de una juventud a la deriva, incapaz de adaptarse al modelo capitalista.

Un buen puñado de autores han capturado en imagen la desazón de las nuevas generaciones, lejos del espíritu luchador e inconformista que acompañó y determinó la ruptura del Muro de Berlín (1989) y el reinicio de Alemania como nación. Esa confrontación entre idealismo, nostalgia y nueva realidad es explorada por la realizadora Bettina Blümner en su segunda ficción, Vamos a la playa (2022). Su trama sirve para delinear las frustraciones y tensiones de unos jóvenes que marchan sin rumbo fijo y encontrarán en un viaje a Cuba el reverso de su mirada egocéntrica y caprichosa.

Otro aspecto común del cine alemán reciente ha sido trasladar a la pantalla problemas sociales condicionados por la migración, estrechando el foco, principalmente, sobre la población de origen turco. La directora Ayşe Polat, de sangre kurda, invierte el camino al ubicar la narrativa de su tercer largometraje de ficción, En el ángulo muerto, en un enclave que forma parte del Kurdistán turco, donde habitan la represión y el miedo como consecuencia de la intransigencia otomana.

El largometraje, reconocido con el premio a la mejor película en el Festival Internacional de Estambul, arranca como un documental y se despliega como un thriller que pivota sobre el trauma transgeneracional de los musulmanes suníes.
El mediometraje Uncanny Me, de Katharina Pethke, es un documental puro. El filme aborda el proceso de producción de una entidad digital por parte de un diseñador que clona la imagen de una amiga. En esa dimensión emergen preguntas como de qué manera distinguir lo pensado de lo generado artificialmente o qué es real y qué no.

En contraste, la segunda película de Birgit Möller es un imaginativo coming of age que compila las diferentes personalidades que convergen en esa etapa de incertidumbre llamada adolescencia.
Franky Five Star se ubica entre el universo febril de Jean-Pierre Jeunet y la mirada ingenua del cine de Michel Gondry. Su protagonista es una chica que aborda la pubertad con las dudas y las frustraciones inherentes de esta etapa.
El único director de la selección, Alex Schaad, se apoya en el mito doppelgänger para su ópera prima, Skin Deep. Su cámara sigue la llegada a una misteriosa isla de una pareja cuya relación se pondrá en cuestión cuando se presten al juego que propone un club de retiro en el que las personas que lo residen han decidido intercambiar sus cuerpos. La narración de Schaad abre así novedosos arcos sobre la identidad y la conciencia de género a través de la ciencia ficción.

Completa la programación la cinta inaugural, Sisi & I, donde la directora Frauke Finsterwalder lleva a cabo una revisión alternativa y moderna de la emperatriz Isabel de Baviera a partir de los escritos históricos de la condesa Irma Sztaray, que ejerció como su última dama de compañía.
El personaje está interpretado por Sandra Hüller, protagonista de las dos películas que se han alzado con los premios principales en el reciente Festival de Cannes, la Palma de Oro, Anatomía de una caída (Justine Triet), y el Gran Premio del Jurado, La zona de interés (Jonathan Glazer).

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