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«The Mastermind»: Las estrellas colisionan

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Ferran Alcocer Gómez
Ferran Alcocer Gómez
De Nolan, Ducournau y Sorogoyen. Graduado en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Mi vida se basa en esperar a que empiece el siguiente Festival de Sitges.
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Hay experiencias cinematográficas que moldean la percepción del cinéfilo. Esas películas, destinadas a la inmortalidad, tienen la capacidad de alterar una mirada gracias a una historia, un momento o un personaje. Las estrellas colisionan y el cinéfilo despierta. En mi caso, ese despertar fue A propósito de Llewyn Davis, obra a reivindicar de la filmografía coeniana y estandarte contemporáneo de un tipo de cine que, hasta por aquel entonces, creía inexistente: las películas sobre perdedores. El glamour o la espectacularidad, signos capitales de la experiencia cinematográfica, desaparecen en aras de narrar historias austeras y grises que ejercen de contrapunto al éxito que atesoran los grandes héroes del séptimo arte.

The Mastermind es la historia de un perdedor. Como Llewyn Davis, el protagonista de la función es un condenado al fracaso que deambula por tierras estadounidenses. No persiguen un sueño, sino que huyen de su destino. En el caso de la nueva obra de Kelly Reichardt, el relato gira en torno a JB Mooney, un hombre parco en palabras que no tiene nada realmente interesante por decir. Su intrascendente existencia parece dar un giro de 180º al tratar de llevar a cabo un chapucero robo en el museo de su ciudad, pero nada podrá evitar que su vida se confirme como inverosímil y vacía.

El propósito vital de JB Mooney no parece demasiado definido en ningún momento. Simplemente, es un americano que no ha ido a Vietnam en los Estados Unidos de los años 70. A partir de ahí, su vida se mueve entre el rechazo de su padre y su vaga pasión por el arte. Tal vez esas sean las dos razones que le empujan a elaborar el atraco más perezoso, zafio y estúpido de la historia del cine. Teniendo en cuenta que, paralelamente a los hechos que acontecen en The Mastermind, la Guerra de Vietnam acaba con la vida de miles de estadounidenses, la historia de JB Mooney se antoja más ridícula e insultante para su tierra.

JB Mooney es un niño que ha rechazado la adultez para vivir una infancia perpetua sin asumir responsabilidades y consecuencias. De este modo, Kelly Reichardt retrata ese estrato social que eludió su patriotismo al no ir a combatir a Vietnam y, al mismo tiempo, malgastaba su vida en perjudicar el patrimonio del país en una de sus etapas más peliagudas. Además de retratarlo como un ser despreciable, Reichardt le da a la narración un ritmo pausado y contemplativo para que el espectador se sienta partícipe de la monotonía de un atracador.

The Mastermind es la película de un hombre que finge vivir cuando ni siquiera valora la supervivencia. El atraco más anodino del cine, elaborado por un Josh O’Connor que crece a pasos agigantados, como síntoma del momento histórico en que el glamour y la espectacularidad de los Estados Unidos se perdió en la selva vietnamita.

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