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«Norberta»: sé tú si te hace feliz

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Tratar el tema de la transexualidad desde el humor no parece, a priori, la forma más sesuda de exponer algo tan complejo, pero en «Norberta» funciona a la perfección. Bajo la apariencia de comedia –que lo es a todas luces- las directoras, Sonia Escolano y Belén López, plantean una historia peliaguda con dolor, sufrimiento, dificultades y decepciones, pero con mucha dignidad, ternura, respeto, elegancia, incondicionalidad y amor.

Con esos mimbres bien tejidos, no cabe el histrionismo en el planteamiento de la cinta; tampoco hay exageraciones sin sentido y no hay vergüenzas ocultas. Lo que sí hay es mucho humor berlanguiano, tan natural como efectivo, y que nos sirve a los de aquí para entender ‘cosas difíciles’ enfrentados al espejo.

Por ejemplo, la cinta nos enseña la otra cara de la moneda: que si Norberto (Luis Bermejo), un hombre de barrio-barrio-barrio, felizmente casado con María (Adriana Ozores), padre de Natalia (Mariona Tellés) y abuelo de Paula (María Romanillos), se enfrenta a su propia transición para ser Norberta después de más de 60 años atrapado en un cuerpo equivocado, a su alrededor, el resto de personajes lleva su propio proceso para adaptarse a sus faldas.

Que si a Norberto, el Robin Hood del barrio, le quiere todo el mundo ya de antes de confesar ser mujer, no es difícil pensar en que se le va a seguir queriendo con los labios pintados de rojo y los pies calzados sobre medio tacón.

Que si a María, la compañera perfecta y la mejor cómplice, mujer de armas tomar, hay que darle su tiempo y un rincón para que disuelva la bola emocional que le ha provocado su compañero de vida, pues se hace hueco y se espera.

Que si no negáramos la realidad, también nos ahorraríamos impactos innecesarios, porque no querer ver no significa que no exista.

Y que si entre lágrima y lágrima se abren ventanas a la risa antes de volver a llorar, pues bienvenida la brisa y a ventilar toxinas.

Así fluye Norberta, con naturalidad y con gracia profundas entre personajes muy reconocibles. Y esto, que a priori parece tan sencillo porque pensamos que una comedia es cosa fácil, a la hora del resultado final suele fallar bastante en este tipo de historias.

Generalmente, porque les falta un guion sólido o porque no hay un elenco que se tome en serio las cosas del reír o porque se pone el foco en lo exagerado en lugar de en lo ordinario. Y, claro, se hunden.

Norberta, no. A Norberta le pasa todo lo contrario, y el film demuestra, además, que hacer comedia de lo cotidiano (o de lo extra cotidiano) no es nada fácil y requiere de mucho cuidado y talento.

En resumen

«Sesudismos» aparte que no caben aquí, en Norberta se plantea una situación puntual sobre un tema controvertido, y lo hace con el sentido del humor y del amor como banderas. Esto es lo que pasa dentro de la sala. Fuera de ella, a quien le apetezca profundizar, discutir, ideologizar o nombrar a los clásicos, que se arengue el lema de la película: sé quien quieras ser.

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Olga Magistris
Olga Magistris
Periodista vampirizada por las historias -leídas, vistas, escuchadas-, y admiradora incondicional de quienes consiguen hacer reír, llorar, pensar y erizar la piel con ellas. Realidad y ficción son yin y yan. Nuestro cine es mucho cine.

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