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Michał Kwieciński: «Quería mostrar al hombre que había detrás de la música de Chopin»

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La figura de Frédéric Chopin ha quedado ligada a algunas de las composiciones más reconocidas de la historia de la música. Sin embargo, detrás de su legado artístico también existió un hombre marcado por sus relaciones personales, sus inquietudes y la conciencia de su propia mortalidad. Esa dimensión humana constituye el eje de «Chopin», la película dirigida por Michał Kwieciński y protagonizada por Eryk Kulm, que propone un acercamiento íntimo al célebre compositor polaco.

La historia comienza en 1835, cuando Chopin tiene 25 años y ya disfruta de un considerable reconocimiento en la sociedad parisina. En lugar de reconstruir cronológicamente su trayectoria, la película explora una etapa decisiva de su vida, marcada por la enfermedad y la evolución de su creatividad. En esta entrevista, Kwieciński profundiza en la elección de este punto de partida, la construcción psicológica del personaje, la preparación de Kulm y la relación entre la proximidad de la muerte y su legado musical.

La película no comienza con los primeros pasos de Frédéric Chopin como compositor, sino en 1835, cuando ya tiene 25 años y es una celebridad. ¿Por qué decidiste situar el inicio de la historia en ese momento y no abordar su trayectoria desde el principio?

Intenté buscar un antagonista de Chopin en su propia vida, pero no lo encontré. Entonces decidí que ese antagonista fuera la enfermedad, la tuberculosis.

De sus notas se deduce que fue precisamente en 1835 cuando Chopin se enteró de que tenía tuberculosis. El médico le dijo que no sabía cuánto tiempo le quedaba por delante, pero que probablemente no sería mucho.

Más que un retrato histórico convencional, la película parece interesarse por la dimensión personal y psicológica del compositor. Sus relaciones sentimentales, sus amistades y su mundo emocional adquieren un protagonismo especial, por encima de una reconstrucción puramente histórica. ¿Era esa la perspectiva que buscabas ofrecer sobre Chopin?

Sí, exactamente. Después de una proyección especial de la película para pianistas famosos, participantes y galardonados en el Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin, algunos se acercaron a mí muy emocionados y me dieron la mano.

Me dijeron que, cuando interpretaban la música de Chopin, siempre habían tenido la impresión de que aquellas composiciones habían sido escritas por una persona como la que yo mostraba en la película, y no por la figura que les habían enseñado durante tantos años en el colegio y posteriormente durante sus estudios musicales.

Es decir, sentían que el Chopin que aparecía en mi película era precisamente el hombre que había compuesto la música que ellos interpretaban. Para mí fue muy agradable y emocionante escuchar aquello.

Con un presupuesto superior a los 17 millones de euros, «Chopin» se ha consolidado como una de las grandes producciones europeas recientes dedicadas a la música clásica

Para interpretar a Chopin volviste a contar con Eryk, con quien ya habías trabajado en Filip. Durante aquel rodaje, el actor te confesó que uno de sus sueños de juventud era interpretar al compositor. Además, buscabas a alguien que supiera tocar el piano, una condición que él también cumplía. ¿Cómo influyeron estas circunstancias en su elección y cómo fue el trabajo de preparación del personaje?

Efectivamente, durante Filip, Eryk me contó que quería interpretar a Chopin. Yo, por diferentes motivos, también familiares, llevaba tiempo pensando en hacer una película sobre él. Era uno de los temas que tenía en consideración y, posiblemente, aquella conversación con Eryk me dio un impulso para interesarme todavía más por el proyecto. Creo que fue algo mutuo.

Después, su elección como protagonista resultó bastante evidente. En primer lugar, ya habíamos trabajado juntos, así que tenía confianza en él. En segundo lugar, me parecía que físicamente tenía cierto parecido con Chopin. Y, en tercer lugar, sabía tocar el piano.

Pero, a pesar de cumplir esas condiciones, necesitaba una preparación muy importante. Estuvo seis meses en Francia, en los Alpes, completamente concentrado en estudiar francés y practicar el piano.

Pasó prácticamente todo ese tiempo solo. Durante la última etapa ni siquiera quería que nadie fuera a visitarlo porque tenía miedo de no disponer del tiempo suficiente para aprender todo lo necesario. Quería concentrarse por completo en la preparación del personaje.

Como señalabas al principio, la enfermedad se convierte en el gran antagonista de Chopin. La muerte aparece constantemente como una sombra que lo acompaña durante toda la película. Sin embargo, resulta especialmente interesante que, cuanto más se deteriora físicamente y más consciente es de su final, su música parece volverse más libre, moderna e inmortal. ¿Cómo trabajaste esa relación entre la proximidad de la muerte y la evolución de su obra?

Exactamente. Chopin es consciente de que no le queda demasiado tiempo y de que, si quiere expresar todo aquello que lleva dentro, tiene que hacerlo deprisa. Esa conciencia está presente durante toda la película.

Hay un momento en el que cree que quizá pueda tener un continuador, alguien que herede su legado musical. Se trata de uno de sus alumnos, el pequeño Carl, al que llega a considerar casi como un heredero. Sin embargo, el niño muere de tuberculosis y esa posibilidad desaparece.

Cuando Chopin siente que su propio final está cada vez más cerca, comienza a componer aquello que realmente considera que debe ser la música. Se siente libre. Su música no está formada únicamente por esas mazurcas y esos nocturnos bonitos y melodiosos que todos conocemos. También existe otra música completamente diferente, como la sonata que aparece al final de la película.

Es una música extraordinariamente moderna, que no parece pertenecer siquiera al siglo XX, sino al XXI. Podemos encontrar elementos que después aparecen en el jazz e incluso en la música experimental. Es una música distinta, que no resulta fácil para un oyente sin formación musical, incluso en nuestra época.

Para terminar, después de investigar y profundizar en la vida de una figura tan importante para la historia de la música, ¿qué fue lo que más te sorprendió de Chopin? ¿Descubriste alguna faceta de su personalidad que desconocieras y que te impresionara especialmente?

Creo que lo más inesperado fue descubrir que Chopin tenía un gran sentido del humor y que, de hecho, esa era una de las características principales de su personalidad.

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.

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