La recuperación de grandes marcas y series del pasado ya no responde únicamente al deseo de reencontrarse con títulos queridos. En un mercado fragmentado, con catálogos inabarcables y una feroz batalla por la atención, la nostalgia se ha convertido en una herramienta de programación, distribución y adquisición capaz de generar reconocimiento inmediato, facilitar el descubrimiento y conectar generaciones.
El pasado tiene cada vez más presente en el negocio de la televisión. Series que hace veinte, treinta o cuarenta años congregaban a millones de espectadores están regresando a las pantallas, pero lo hacen en un ecosistema radicalmente distinto: canales temáticos, servicios bajo demanda, plataformas FAST, operadores de telecomunicaciones y nuevas formas de agregación permiten que un mismo contenido pueda reencontrarse con quienes lo vieron originalmente y, al mismo tiempo, presentarse por primera vez ante otra generación.
Ese fue el punto de partida de ‘El imperio de la nostalgia. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?’, el panel celebrado en Iberseries & Platino Industria 2026 y moderado por Carlos J. Navas, CEO de Fuera de Series. Junto a él estuvieron David Urgell Pérez, Country Manager Iberia and Business Development South Europe de BBC Studios; Daniel Pérez, VP Programming & Acquisitions Factual & Fiction de AMC Global Media Iberia y Latinoamérica; Alexander Marín, vicepresidente de RCN Televisión, y Hugo Coya, director general de Del Barrio Producciones. La premisa era clara: el pasado se ha convertido también en un negocio para el presente.

Del recuerdo al redescubrimiento
David Urgell introdujo desde el principio un matiz significativo. Para BBC Studios, explicó, hablar únicamente de nostalgia resulta demasiado restrictivo. ‘Nos gusta no solo la nostalgia, sino el redescubrimiento de contenidos’, señaló. La diferencia no es meramente semántica. El objetivo no consiste solo en devolver determinados programas a quienes guardan un recuerdo emocional de ellos, sino en hacer accesible un catálogo construido durante décadas a espectadores que nunca tuvieron ocasión de verlo.
La estrategia descansa sobre una combinación de tres activos: marca, catálogo y distribución. ‘Cuando hablamos de redescubrir, hablamos de intentar que generaciones que no pudieron disfrutar de contenidos que se emitieron hace veinte o treinta años puedan verlos ahora’, explicó Urgell. Citó como ejemplos títulos británicos que en su momento fueron conocidos en España (especialmente en Catalunya), como ‘Allo ‘Allo!’ o ‘Sí, ministro’, y que hoy pueden encontrar una segunda vida gracias a la multiplicación de ventanas.
Su empresa BBC Studios cuenta actualmente en España con varios canales FAST — entre ellos BBC Series, BBC History o BBC Earth— y con BBC Player, su servicio de vídeo bajo demanda. La estructura confirma precisamente la tesis defendida por Urgell en el panel: el valor del fondo de catálogo aumenta cuando se combina con nuevos mecanismos de distribución.
‘Combinamos contenido histórico e icónico con una marca como BBC, que todo el mundo conoce y que está asociada a la calidad, y utilizamos los nuevos formatos de distribución para conseguir que ese contenido llegue a mucha más gente. Eso es lo que estamos intentando hacer’, resumió Urgell. Para la compañía, el catálogo deja así de ser un archivo pasivo para convertirse en un activo que puede volver a explotarse siempre que exista una ventana adecuada.
Un catálogo que vuelve a generar valor

La dimensión de ese fondo permite, además, trabajar continuamente sobre títulos susceptibles de recuperar. ‘El catálogo que tenemos es casi… no diría infinito, pero es inabarcable. Encontramos muchísimas joyas y lo que intentamos es ponerlas a disposición del público en nuestros canales y formatos de distribución’, añadió. En esa formulación está una de las claves del nuevo negocio de la nostalgia: no es suficiente con poseer derechos sobre miles de horas. Hay que seleccionarlas, contextualizarlas, empaquetarlas y hacerlas visibles.
Urgell insistió en que el desafío se encuentra precisamente ahí. ‘Juntamos marca, contenido histórico e icónico y nuevos formatos de distribución para llegar al público que lo vio en su momento, pero también para intentar alcanzar a una nueva audiencia que no lo conoció’. El ejecutivo de BBC Studios señaló que la calidad de determinados contenidos permite que continúen funcionando décadas después, aunque existe un problema previo: conseguir que el espectador llegue hasta ellos. ‘La gente, cuando encuentra contenido de calidad, se engancha. Pero a veces es difícil que llegue a ese contenido’.
La paradoja de la televisión contemporánea aparece así en toda su dimensión. Nunca se había dispuesto de semejante volumen de contenidos y, sin embargo, el descubrimiento se ha convertido en uno de los mayores problemas de la industria. Frente a catálogos inmensos y recomendaciones automatizadas, recuperar marcas conocidas reduce parte de esa fricción: el título, el personaje o incluso una determinada estética funcionan como puerta de entrada.
Eso no significa, sin embargo, que las decisiones se tomen únicamente apelando a los recuerdos de quienes programan. Cuando Carlos J. Navas planteó hasta qué punto los responsables de contenidos deben dejarse llevar por su propia nostalgia, Urgell introdujo inmediatamente criterios mucho más prosaicos. ‘Intento abstraerme. El equipo DE expertos tiene que decidir’, explicó. Y subrayó la importancia de la curación editorial: ‘Tenemos personas dedicadas a seleccionar. Esto no es un algoritmo que define lo que tienes que ver; hay un equipo detrás que dice: este contenido funcionó, puede funcionar aquí, vamos a recuperarlo’.
Curación editorial frente al algoritmo

La ecuación incluye también variables estrictamente empresariales. ‘Todos somos conscientes de que hay presupuestos. Hay que juntar qué cuesta, qué está disponible…’, recordó. A ello se suma la conversación generada alrededor de determinadas series: ‘También existe un ruido social que puede ayudarnos a decidir qué puede ser más interesante y qué menos’.
Daniel Pérez coincidió en la necesidad de combinar emoción y racionalidad, aunque su punto de partida fue mucho más explícitamente sentimental. ‘Yo sí que voy a apelar a la nostalgia. No soy escéptico, soy un ser emocional por naturaleza’, aseguró. AMC Global Media detectó un hueco muy concreto dentro de su portfolio: el público habitual de la televisión de pago envejece y una parte importante de sus espectadores supera los 45 o 50 años. La respuesta fue atacar directamente su memoria televisiva.
‘Dijimos: vamos a atacar donde más duele, que es al corazón’, explicó Pérez. ‘¿Qué hicimos? Nos armamos con toda la artillería de las series de los años 80 y 90. El target estaba súper claro’. De ahí nació VinTV, el canal lineal lanzado por AMC en julio de 2025 para recuperar grandes series de las décadas de los setenta, ochenta y noventa.
La compañía construyó así una propuesta basada en títulos cuyo valor fundamental era el reconocimiento inmediato. Pero el comportamiento posterior de la audiencia introdujo algunas sorpresas. ‘La respuesta ha sido cariño’, afirmó Pérez. Según explicó durante el panel, el canal ha logrado situarse con frecuencia entre los canales de pago más vistos, pero lo que más ha sorprendido a sus responsables ha sido su capacidad para generar consumo compartido entre generaciones.
VinTV: apelar al sentimiento
‘Hemos atraído a nuevas generaciones’, aseguró. ‘¿Dónde están los jóvenes? Pues a lo mejor, durante un ratito, están con los mayores, que son los prescriptores’. Pérez resumió esa convivencia con un término especialmente relevante en una industria acostumbrada a segmentar audiencias: ‘Hemos encontrado el famoso coviewing con este canal’.
Entre todos los títulos, uno ha destacado especialmente. ‘La serie que más ha triunfado en el canal, sin duda, es ‘Las chicas de oro’’, señaló. Su funcionamiento permitió confirmar además la importancia de algo tan tradicional como la construcción de una parrilla. AMC recuperó incluso las franjas horarias asociadas originalmente a determinadas ficciones cuando se emitieron en España. ‘Las franjas donde estaban colocadas las series en el pasado las hemos puesto en el presente’, explicó. La estrategia convierte la nostalgia no solo en una cuestión de contenido, sino también de hábitos de consumo.
La programación inicial, sin embargo, no quedó congelada. Si algo mostró la experiencia de VinTV fue precisamente que el recuerdo personal de los responsables del canal no siempre coincide con aquello que realmente quiere volver a ver el público. Pérez explicó que el equipo comenzó confeccionando ‘una lista enorme’ de todo aquello que consideraba televisión nostálgica. Después llegaron los filtros inevitables: ‘Disponibilidad, precios…’.
La parrilla intentó abarcar inicialmente múltiples géneros. La comedia estaba representada por ‘Las chicas de oro’; la acción por títulos como ‘El equipo A’, ‘El coche fantástico’, ‘Corrupción en Miami’ o ‘Magnum’; el melodrama por ‘Falcon Crest’, mientras que ‘Verano azul’ aportaba uno de los grandes referentes de la memoria televisiva española. Pero la audiencia fue afinando el producto.
Escuchar a la audiencia

Poco a poco nos dimos cuenta de lo que interesaba a la gente y de lo que no’, reconoció Pérez. Uno de los primeros aprendizajes fue descubrir que VinTV estaba desarrollando un consumo ‘eminentemente femenino’. Eso obligó a recolocar algunas piezas respecto a las hipótesis iniciales del equipo. También apareció otro problema inevitable cuando se trabaja con catálogos históricos: no todo envejece igual. Pérez contó que, cuando dejaron entrar en la conversación a compañeros de 20, 25 o 30 años de la oficina, algunas reacciones fueron evidentes. ‘Empezaron a poner caras raras cuando veían determinadas cosas, y tuvimos la sensación de que quizá aquello no había envejecido demasiado bien’.
Ese aprendizaje progresivo ha llevado a AMC a ajustar la oferta. ‘Ahora creo que tenemos un canal muy bien construido, escuchando a la audiencia y viendo lo que realmente funciona’, aseguró. Aunque VinTV continúa introduciendo novedades ‘cada dos o tres meses’, su identidad se ha ido concentrando alrededor de aquello que los datos han demostrado que busca el público. También ha abandonado el cine, que no les acababa de funcionar y ya está disponible en otros canales del grupo, especialmente Canal Hollywood.
Y ahí apareció otra conclusión significativa: la nostalgia televisiva parece tener una relación especialmente estrecha con la comedia. ‘En la parte nostálgica, lo que la gente quiere ver sobre todo es comedia’, sostuvo Pérez. ‘Y tiene todo el sentido, porque cuando miramos atrás lo hacemos para pasarlo bien, no para sufrir; para eso ya está el día a día. La gente mira atrás y quiere reírse’, concluye.
Redes sociales frente a consumo real
Pérez relativizó además el peso de las redes sociales a la hora de predecir el consumo. Frente a la posibilidad apuntada por Urgell de utilizar el ‘ruido social’ como uno de los indicadores para decidir qué rescatar, fue tajante: ‘Las redes son una cosa y la realidad es otra’. La experiencia de VinTV, dijo, ha sido fundamentalmente de ‘prueba y error’. Esa diferencia resulta especialmente relevante para la industria: una comunidad muy activa alrededor de un título no garantiza necesariamente una audiencia lineal suficiente, de la misma forma que determinadas series con menor conversación digital pueden mantener un consumo estable durante horas y franjas enteras.
Precisamente ahí confluyen los modelos planteados por BBC Studios y AMC Global Media. Ambas compañías parten de grandes propiedades intelectuales o títulos reconocibles, pero la nostalgia deja de funcionar como una decisión meramente emocional en cuanto entra en la cadena industrial. Hay que comprobar derechos, disponibilidad, precios, ventanas, territorios, rendimiento, afinidad con la audiencia y posibilidades de distribución. La memoria abre la puerta; la programación y el negocio deciden qué consigue atravesarla.
La conversación incorporó también la perspectiva de quienes no se limitan a volver a explotar un contenido terminado, sino que utilizan una propiedad intelectual conocida para producir algo nuevo. Alexander Marín, de RCN Televisión, defendió que la primera condición para recuperar una obra sigue siendo la más sencilla y, al mismo tiempo, la más difícil: ‘El fundamento para que un producto nostálgico pueda rehacerse está realmente en que sea una muy buena historia, porque una historia mala no va a ser revivida’.
El caso de ‘Betty la fea’ demuestra hasta qué punto una propiedad intelectual puede sobrevivir a su primera explotación. Marín señaló dos retos. El primero es ‘el respeto por el producto original’, procurando que cualquier transformación aumente su valor en lugar de erosionarlo. El segundo consiste en ‘descubrir nuevas audiencias, pero sin asustar a las que ya tenías y que son fans del producto’. Por eso, explicó, la nueva aproximación a ‘Betty’ no consistió en volver a contar exactamente la misma historia: ‘No hicimos un remake; cogimos al personaje, lo movimos veinte años hacia adelante e incorporamos a la hija que tenía en el último episodio de la serie original’.
Actualizar sin traicionar el original
Marín también recordó el éxito en España de la nueva versión de ‘Café con aroma de mujer’ para ilustrar que una historia conocida puede ampliar considerablemente su público. ‘Tienes que conseguir ampliar tu espectro de audiencia, atrayendo gente nueva, utilizando historias que esperas que atraigan a la audiencia original, pero que sean capaces de crear un impulso para amplificarla hacia adelante’, señaló.
Desde Del Barrio Producciones, Hugo Coya introdujo otro concepto que ayuda a explicar el fenómeno: el comfort media. Para el ejecutivo peruano, una parte del atractivo de estas producciones reside en que ofrecen al espectador un territorio conocido. No obligan a comprender reglas nuevas, memorizar personajes ni descifrar universos narrativos desde cero.
‘Es el reconocimiento de un lugar seguro’, explicó. Esa sensación aparece cuando el espectador llega a casa pensando: ‘Hoy no quiero pensar y voy a ver algo que me distraiga’. Pero Coya matizó inmediatamente esa idea: ‘En realidad, no es que me distraiga; es simplemente que no me obligue a entender un nuevo universo, una nueva trama o nuevos personajes. Vuelvo a ver algo que conozco’.
Para las generaciones que consumieron esos títulos originalmente existe además una conexión biográfica. No se recupera únicamente una serie, sino el contexto en el que se vio por primera vez. ‘Nos conecta, en el caso de las personas mayores, con quienes fuimos en el momento en que originalmente esa serie o ese personaje fueron vistos por primera vez’, señaló.
El valor del ‘comfort media’
Sin embargo, su experiencia también desmonta la idea de que el fenómeno dependa exclusivamente del recuerdo. Coya puso sobre la mesa el comportamiento de jóvenes que no habían conocido esas historias originalmente y que, aun así, permanecieron frente a ellas durante decenas de episodios. La pregunta que planteó resume uno de los grandes interrogantes del negocio: ‘¿Cómo se explica que jóvenes que no conocen la historia, o que la conocen de oídas por sus padres, puedan consumir el mismo tipo de contenido y además mantenerse?’.
La respuesta que fue emergiendo durante la conversación de Iberseries no apunta a una única razón. La nostalgia puede proporcionar reconocimiento, seguridad y afecto; una propiedad intelectual conocida puede reducir el coste del descubrimiento; las marcas consolidadas facilitan la confianza; los nuevos canales FAST y servicios bajo demanda multiplican las ventanas; la programación lineal reconstruye rutinas de consumo; y una buena historia puede sobrevivir incluso cuando desaparece la memoria directa de su primera emisión.
Por eso, tras el aparente regreso al pasado se esconde una estrategia profundamente contemporánea. El resultado es una industria que ya no considera necesariamente viejo aquello que lleva décadas almacenado. En un ecosistema donde conseguir que un espectador elija algo puede ser tan difícil como producirlo, una serie reconocible adquiere un valor adicional. Y la nostalgia deja entonces de ser solo la emoción de volver a mirar algo conocido para convertirse en una forma de ordenar el catálogo, construir marcas, reducir la fricción del descubrimiento y prolongar la vida comercial de las historias.
