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«El castillo», en San Sebastián: entrar donde nadie mira para descubrir el negocio de la trata

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«El castillo» ha llegado al Festival de San Sebastián para presentar en la Sección Oficial, fuera de concurso, una historia que se adentra en el auge de la mafia proxeneta en España. La nueva serie de Movistar Plus, creada y escrita por Isabel Peña y Eduardo Villanueva y dirigida por Elena Martín Gimeno y Sandra Romero, parte del libro de no ficción «El proxeneta», de Mabel Lozano, para construir un policiaco de seis episodios protagonizado por Raúl Arévalo, Valentina Vidal, Omar Ayuso y Laia Marull.

La ficción sigue a Gerardo Liesa, un joven inspector recién incorporado a la UCRIF que, junto a su compañera Carmen Osés, comienza a percibir cambios en los burdeles españoles. Al otro lado aparece Suizo, interpretado por Arévalo, responsable junto a sus socios de varios clubes de carretera en los que se explota sexualmente a mujeres llegadas de diferentes países. Entre ellas se encuentra Claudia, una joven colombiana de 18 años interpretada por Vidal.

Para Mabel Lozano, trasladar su investigación a la ficción suponía también establecer unos límites a la hora de representar a las mujeres. “Era importantísimo no hacer pornografía del sufrimiento de las mujeres”, defendió la autora durante la presentación. Una idea que conecta con el propio título: el castillo funciona como metáfora de esos clubes visibles desde las carreteras pero cuyo interior permanece oculto para buena parte de la sociedad.

La investigación fue uno de los pilares del proyecto. Isabel Peña y Eduardo Villanueva se aproximaron durante años al funcionamiento de la trata y a las diferentes realidades que rodean la prostitución. “Teníamos muchas ganas de investigar este universo, el universo criminal de la trata de personas, y de hacernos las preguntas que no nos habíamos hecho sobre lo que pasaba”, explicó Villanueva sobre un proceso que se ha prolongado durante cerca de tres años.

Esa documentación llevó al equipo a conversar con numerosos perfiles, incluidas trabajadoras sexuales. Aunque el debate legislativo entre abolición y regulación no constituye el foco de El castillo, conocer también esa realidad les permitió ampliar su perspectiva sobre un fenómeno especialmente complejo. La intención era comprender el entramado criminal que sostiene la trata y los mecanismos económicos que permiten su funcionamiento.

Peña destacó también la relación establecida con las directoras desde las primeras conversaciones. Los temores que planteaba acercarse a un universo de estas características fueron compartidos desde el principio. “Todo el rato decíamos: ‘Estamos alineados, estamos alineadas’. Y es que ha sido así”, señaló la guionista, que definió el proceso como exigente pero marcado por una gran fluidez entre los diferentes departamentos.

Elena Martín incidió precisamente en una documentación que permaneció abierta incluso durante la producción. El trabajo previo no quedó cerrado con los guiones, sino que las nuevas conversaciones y descubrimientos continuaron modificando la aproximación a la historia. “Toda la documentación ha estado viva”, resumió la directora, destacando cómo aquello que aprendían durante el proceso iba incorporándose progresivamente al trabajo creativo.

Uno de los personajes centrales es Suizo. Raúl Arévalo experimentó una transformación física para interpretarlo, pero su principal preocupación estuvo lejos de limitarse al aspecto exterior. El objetivo era evitar construir un villano convencional. “No quería hacer un estereotipo, caer en un cliché o interpretar simplemente a un monstruo, sino a un ser humano que pudiera hacer cosas monstruosas”, explicó el actor.

La construcción del personaje terminó siendo un proceso compartido entre Arévalo, Peña, Villanueva y las directoras. El actor fue probando la voz, el acento y diferentes elementos físicos hasta encontrar a un hombre alejado de la imagen más evidente del proxeneta. Suizo no debía responder al tópico del criminal cargado de cadenas de oro, sino resultar inquietantemente cotidiano: alguien que podría tener un par de gasolineras y estar tranquilamente comiéndose un bocadillo a media mañana.

Ese personaje mantiene una relación especialmente compleja con Liesa, interpretado por Omar Ayuso. El joven policía comienza persiguiendo a Suizo, pero progresivamente encuentra en él una figura que rompe con el estancamiento que observa dentro de su propio entorno profesional. Ayuso reconoció que la amistad que desarrolló con Arévalo facilitó ese acercamiento entre dos personajes situados aparentemente en extremos opuestos.

«El castillo», que se presentará en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, está protagonizada por Raúl Arévalo, Valentina Vidal, Omar Ayuso y Laia Marull

“Lo admira porque es un personaje carismático, pero además es la única persona que está haciendo que la cuestión avance”, explicó Ayuso. Para Liesa, Suizo comienza siendo el criminal al que debe perseguir, pero también se convierte en alguien capaz de proporcionarle información y hacer avanzar una investigación que parecía detenida. Esa contradicción permite que la relación entre ambos vaya adquiriendo nuevas capas.

Arévalo relacionó esa dinámica con Heat y con el célebre encuentro entre los personajes de Al Pacino y Robert De Niro. Más allá de que en El castillo resulte evidente quién actúa dentro y fuera de la legalidad, el actor destacó cómo la serie permite cuestionar otras diferencias entre ambos. “Cuál de los dos es más machista no lo acabo de tener tan claro”, planteó durante la rueda de prensa, introduciendo una ambigüedad que trasciende la división convencional entre policía y criminal.

La otra gran perspectiva de El castillo llega a través de Claudia. Para Valentina Vidal, su construcción surgió tanto del trabajo conjunto con el equipo como de las historias reales conocidas durante la preparación. “Me gusta pensar que Claudia ha sido creada a partir de retacitos de historias de otras mujeres que han atravesado esta situación”, señaló la actriz.

Vidal encontró además en Martín y Romero dos aproximaciones diferentes y complementarias para enfrentarse emocionalmente al personaje: una más vinculada al imaginario y otra especialmente física. Esa combinación terminó proporcionándole las herramientas necesarias para afrontar una interpretación atravesada por una realidad especialmente delicada.

El castillo utiliza así el policiaco para acercarse al entramado criminal que sostiene la trata sin limitar la mirada a un único lado. Desde quienes investigan hasta quienes construyen el negocio y, especialmente, las mujeres atrapadas dentro de él, la serie busca entrar en esa fortaleza que da nombre al proyecto y observar aquello que permanece oculto tras sus muros.

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.

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