«Milo», título internacional de «7h40 ce matin-là», llega a la Sección Oficial del Festival de San Sebastián con Nicole Garcia detrás de la cámara y Marion Cotillard al frente del reparto. La directora y la actriz han presentado la película junto al guionista Jacques Fieschi y el productor Alain Attal, en una rueda de prensa en la que han abordado la culpa, la violencia, la maternidad y las consecuencias que pueden acompañar durante toda una vida a determinadas decisiones.
La película sigue a Alice, una mujer que llega a una tranquila ciudad de provincias y comienza a trabajar en una cafetería, tratando de integrarse en una vida aparentemente ajena. Su presencia allí, sin embargo, tiene un motivo: Milo, un joven mecánico que desconoce el vínculo que existe entre ambos. Sin desvelar demasiado, la historia coloca frente a frente un pasado que nunca terminó de desaparecer y la posibilidad de reconstruir una relación rota décadas atrás.
Marion Cotillard asume el peso de una protagonista marcada precisamente por ese pasado. Alice es una mujer que ha tenido que convivir con las consecuencias de sus decisiones y que regresa a un mundo que ha continuado avanzando sin ella. Un personaje construido desde la contención, con buena parte de su historia presente en aquello que calla y en la dificultad para relacionarse con quienes encuentra a su alrededor.
Para Cotillard, uno de los grandes atractivos del personaje estuvo en poder adentrarse en lugares interpretativos diferentes. “Siempre hay cosas nuevas que explorar en una historia y en un personaje”, explicó la actriz, que destacó durante la rueda de prensa la importancia que tiene para ella continuar encontrando emociones y registros desconocidos incluso después de una trayectoria tan extensa.
Ese proceso estuvo especialmente ligado a la dimensión emocional de Alice. Cotillard habló de la necesidad de aproximarse a sentimientos muy concretos y de dejar espacio durante el rodaje a aquello que pudiera aparecer de manera inesperada. La actriz reconoció que precisamente esa posibilidad de enfrentarse a algo que nunca había experimentado anteriormente es una de las razones por las que continúa sintiéndose atraída por su profesión.
“Me apasiona explorar cosas que todavía no conozco”, señaló Cotillard al referirse a esa búsqueda constante dentro de la interpretación. En Milo, ese terreno desconocido pasa por acercarse a una mujer que debe convivir simultáneamente con la culpa, el deseo de recuperar aquello que perdió y el miedo ante las consecuencias que puede provocar su regreso.
El pasado político de Alice tampoco funciona únicamente como contexto. Nicole Garcia sitúa al personaje ante las consecuencias de unas decisiones tomadas muchos años antes, cuando el compromiso ideológico terminó acercándola a la violencia. La directora planteó durante la rueda de prensa la dificultad de observar desde el presente elecciones realizadas en otro momento de la vida, sin que la película trate por ello de justificarlas.
Esa mirada permite que Milo se mueva entre lo político y lo íntimo. Más que detenerse exclusivamente en aquello que ocurrió, Garcia pone el foco en lo que permanece después: las heridas, las ausencias y la posibilidad de reconstruirse cuando las decisiones del pasado siguen condicionando el presente. En ese sentido, la relación entre Alice y Milo se convierte progresivamente en el verdadero centro de la historia.
La conversación también permitió ampliar el foco hacia el momento actual del cine. García reivindicó la importancia de las salas y lamentó que determinadas películas terminen encontrando a buena parte de su público únicamente a través de las plataformas. Para la cineasta, existe una forma distinta de experimentar una obra cuando se contempla en una pantalla grande y dentro de un espacio compartido.
Alain Attal incidió en las dificultades que supone actualmente levantar determinados proyectos y puso en valor la particularidad del modelo cinematográfico francés. El productor defendió un sistema que, pese a sus obligaciones y limitaciones, continúa ofreciendo mecanismos para proteger la producción y mantener una diversidad de propuestas dentro de la industria.
Entre esas reflexiones sobre el presente del cine, Milo encuentra su fuerza en un conflicto mucho más íntimo. Nicole García utiliza la política y la violencia como las huellas de un pasado que continúa vivo, mientras Marion Cotillard coloca el peso de ese recorrido sobre una mujer obligada a enfrentarse a aquello que dejó atrás. Una historia sobre las decisiones, sus consecuencias y la posibilidad —o no— de reconstruir un vínculo cuando el tiempo ya ha dejado su marca.
