Este intruso, cantautor, amante de la música y del cine, tuvo el privilegio de estar este pasado jueves en el preestreno, en la Sala 25 de Kinépolis Ciudad de la Imagen, de «Los mejores años de nuestra vida», la película documental que narra la historia de una de las mejores bandas de la música española: Hombres G. Y hago énfasis en lo de privilegio porque, al finalizar la película, los directores, Charlie Arnáiz y Alberto Ortega, estuvieron presentes para compartir un coloquio de más de una hora con David, Dani, Javi y Rafa, los miembros del grupo.
Así que hoy, como Hugh Grant / William Thacker, tocaba contar la experiencia para mi atalaya cinematográfica, mi revista Caballo y sabueso. Porque, sin ser periodista ni crítico especialista, este intruso se adentra en la pequeña gran redacción de Mundoplus.tv para contar cómo fue la película y la experiencia completa vivida en la sala y en el posterior coloquio.
Para empezar, me cuesta muchísimo ser imparcial, porque ya hablé de mi admiración por este grupo desde que tenía 10 años y del paralelismo con la historia que contaron en Voy a pasármelo bien, a través de la infancia de cuatro amigos y con banda sonora completa de Hombres G. Yo salía de clase, y vivía en Ceuta, cuando, después de la merienda, una tarde de mediados de los años 80, les escuché y les vi en el programa Tocata. Desde entonces, solo quería ser como ellos, ser uno de ellos, y me hacía mis playbacks en casa con una raqueta Dunlop por guitarra.

Por eso, ese repaso por las cuatro décadas que se recorren en la película es una retrospectiva a la infancia y, después, un Regreso al futuro con un espectacular hype. Para construir y reconstruir el origen y el recorrido del grupo a lo largo de estos últimos 40 años, los directores y guionistas han contado con un jugosísimo material de archivo y, por supuesto, con los testimonios de sus cuatro miembros: David Summers, Daniel Mezquita, Rafael Gutiérrez y Javier Molina («¡Pues tríncame la minina!»), además de personas responsables y clave en su fulgurante emergencia, como el productor Paco Trinidad, aquel majareta que tenía una valiente y arriesgada empresa discográfica llamada Twins Records y que, gracias a su astucia para merodear por los rincones musicales más peculiares de Madrid, consiguió estar la noche correcta en el momento indicado para descubrir a los cuatro del Parque de las Avenidas.
«¿Por dónde queréis empezar?», pregunta uno de los directores a los protagonistas. Así comienza este recorrido, al que responderán cada uno de ellos con una honestidad total, colocando poco a poco las piezas de este rompecabezas. Porque no solo es la historia de una banda triunfadora que vendió cientos de miles de discos en España, Estados Unidos y Latinoamérica; es también un retrato emocional, íntimo y vibrante de un grupo que puede presumir, más de 40 años después, de mantener viva la llama de la amistad y que, gracias a todo eso, todavía está viviendo los mejores años de su vida.
El guion es de acero y está brillantemente hilado, no solo por los directores, sino también con la ayuda de Myriam Casín, Emilio González y Mercedes Cantero. La historia habla por sí misma y, desde el comienzo hasta el final, hay un storytelling muy bien construido en el que veremos cómo se conocieron los Hombres G, cómo se hicieron famosos, cómo disfrutaron del éxito y de la explosión de millones de discos vendidos dentro y fuera de España, y cómo, poco después de iniciados los años 90, tras sacar su disco más maduro y valorado por la crítica, la banda se separó durante una década. Se bajaron de un tren en marcha y cada uno salió disparado hacia un lugar diferente.
Y, por supuesto, hubo un acontecimiento que marcó profundamente al autor de las canciones, bajista y cantante David Summers: la desaparición de su padre, el director de cine Manolo Summers. Bueno, decir director de cine se queda corto. Mi paisano y tocayo era una fuerza artística de la naturaleza: dibujante, actor, guionista, director y productor, con una personalidad y un sentido del humor inigualables. Esta pérdida supuso un gran impacto para el líder de la banda, que en aquel momento encontró en la música en solitario el único impulso para volver a componer y grabar. La canción que abría su disco homónimo, David Summers (1994, Warner), «El mundo grita», definía perfectamente su estado emocional.
David Summers estaba siendo honesto consigo mismo. Aquel comienzo era algo muy distinto a lo que había hecho con Hombres G: se alejaba de las letras desenfadadas, irónicas y juveniles y mostraba unas composiciones más íntimas, melancólicas y románticas. El sencillo «El beso y el perfume» me parece una de las baladas más bellas del pop español. Recuerdo que en el vídeo aparecían su esposa de entonces, Marta Madruga, y Daniel Mezquita, con quien todavía seguía trabajando a través de la oficina de Warner.
Pero Hombres G volvieron como los Cuatro Fantásticos o como Los Vengadores en Endgame, y ahí está el gran plot twist de esta historia: cómo, a partir del nacimiento de la era internet, volvió a implosionar el interés por la banda. Y, para no contarlo todo aquí, diré simplemente que hubo un chispazo que los trajo de vuelta a la escena musical con la misma fuerza torrencial, o quizá aún más, gracias al poder que otorgan los años, las vivencias y la experiencia. Y cómo el poder de una sola canción, «Lo noto», fue el detonante de todo lo que ha venido en esta segunda era musical de los responsables de un repertorio legendario como «Devuélveme a mi chica», «Nassau», «Suéltate el pelo» o «El ataque de las chicas cocodrilo». Y joder… ¡tantas y tantas canciones!
Los mejores años de nuestra vida es un regalo para los seguidores que hoy son abuelos o abuelas, padres o madres. Algunas de aquellas chicas cocodrilo llegaron a Kinépolis con sus criaturas para mostrarles a sus hijos e hijas quiénes fueron y siguen siendo sus ídolos, y para decirles que los Hombres G todavía están vivos dentro y fuera del escenario.

La película documental funciona con una maquinaria sentimental muy bien engrasada, hace que el viaje se haga corto y ofrece la certeza de que hemos atravesado el tiempo acompañado por las canciones de este grupo madrileño. Mucho tiempo y muchas veces. Y que no nos cansamos de oírlas. Que David sigue en forma como compositor y cantante —para muestra, la canción que regala en la banda sonora y que da título al documental—; que Javi, el batería, quizá necesite sesiones de fisio antes de salir al escenario, pero se niega a ponerse una prótesis por miedo a perder su habilidad para tocar; que Dani Mezquita tiene un hijo de 32 años que pilota un avión con 200 pasajeros rumbo a Bruselas; y que Rafa ha sobrevivido en la industria musical dando boqueadas e incluso trabajando como chófer, para seguir demostrando hoy que sigue siendo un as de la guitarra.
Esta es la historia de cuatro amigos y es una película documental de 10. Mientras llega su estreno dentro de unos meses a Movistar Plus+, yo recomiendo —a admiradores y no admiradores de Hombres G— que vayan a verla el 8 de mayo, cuando se estrene en salas de toda España. Porque nos contagia de un relato de amistad duradera, con sus inevitables paréntesis, y porque es la verdadera y genuina historia de cuatro chavales que consiguieron llegar muy lejos, atravesando momentos malos y momentos buenos, y que quieren compartir esa amistad con quienes hemos sido sus seguidores durante todo este tiempo, como si fuéramos parte de ella.
Y lo mejor de todo es que aquellos cuatro fantásticos que bebían en el Rowland del Parque de las Avenidas, en Madrid, están viviendo el mejor momento de su trayectoria.
Hoy es siempre todavía. Y los Hombres G siguen vivos, siguen sueltos y cada día son más poderosos.







El tramo final del mes concentra algunos de los títulos más comentados, como La tarta del presidente, conmovedora historia de una niña en el Irak de los años 90 que fue candidata al Óscar internacional, o el esperado regreso de José Luis Guerín con Historias del buen valle, documental que vuelve a mirar Barcelona desde una perspectiva única. Todo ello sin olvidar nuevas series europeas y la llegada completa de ficciones de culto que amplían el fondo de catálogo.

