Parece que Eurovisión está perdiendo fuerza por sus decisiones políticas. Tras la contundencia con la que eliminó a Rusia tras invadir Ucrania sorprende y enoja la actitud con Israel, que no sólo no fue expulsado, sino que fue premiado con muchos puntos, como los 12 del público español el año pasado. Mucho ha cambiado el mundo desde aquel mayo de 2018 donde algunos ilusos asistimos y vitoreamos la victoria de Netta en dura competencia con la impresionante Eleni Foureira y su «Fuego». Por eso cuando te proponen asistir al Jury Show de la edición Junior de Eurovisión que se celebró en Madrid entra curiosidad por ver si algo más había cambiado en estos 6 años, a pesar del intento de boicot personal a Eurovisión. Del Family Show Lisboa 2018 al Jury Show Eurojunior 2024 Madrid han pasado muchas cosas.
Fue en ese 2018 cuando uno descubre como realmente funciona Eurovisión. Sabemos que todo está milimétricamente controlado, pero es que además repiten la gala final con público hasta en tres ocasiones: el que se conoce como Jury Show es el viernes por la noche donde los jurados de cada país emiten su voto, el Family Show es el sábado por la mañana donde se repite todo el espectáculo que vamos a ver por la noche, y por fin la gala final.
La primera diferencia entre 2018 y 2024 es que no es lo mismo ver el espectáculo en pista que en grada. En pista tienes la cercanía al escenario que hasta te permite sentir los fogonazos de la pirotécnia demasiado cerca. Pero Eurovisión es un espectáculo televisivo y en Lisboa, pese a contar con un escenario que parecía no dar mucho juego, había puestas en escena que perdían la gracia en vivo, como la del sueco Benjamin Ingrosso o la representante de Estonia con un vestido al que se tenía que subir literalmente como si de un andamio se tratara. Bien es cierto que la calidad de las canciones, concretamente en la edición de Lisboa, ha sido difícil de igualar desde entonces: la australiana «We got love», el austriaco Cesar Sampson con «Nobody but you», los franceses con «Mercy», Bulgaria y sus «Bones», la desgarradora «You let me walk alone» de Alemania que pocas veces canta en alemán, la incomprendida «Monsters» de la finlandesa Saara Alto, la de rabiosa actualidad «Non mi avete fatto niente» ese alegato antibelicista italiano que ahora mismo parece papel mojado y la ganadora moral «Fuego» de la Foureira para Chipre.

A favor de esta última edición de Eurojunior, el trabajo de RTVE y el escenario que montó en la Caja Mágica, con esa pantalla enorme recreando a un móvil gigante, y que dio otra vida a las más que correctas actuaciones de los niños participantes. Aunque curiosamente la ganadora Georgia no hizo un uso espectacular de esa pantalla, pero sí del escenario con su niebla y su niño danzarín. Lo mismo ocurre con Portugal, la verdadera ganadora del público, y que fue la que más emocionó en el ensayo con público del día de antes. Sin embargo Abraham Mateo sí que sacó mucho partido con su «Maníaca» y esa espectacular cascada final. Sorprende la cantidad de sillas vacías que había en Jury Show de Eurojunior el viernes en Madrid, sobre todo conociendo que las entradas habían volado. En ese Jury Show se hace una simulación de votaciones falsas y curiosamente también ganó Georgia, como luego hizo en la final. Precisamente la ganadora Georgia, donde acababa de triunfar las elecciones un partido prorruso, la celebración del próximo festival allí genera cierta incertidumbre, por si sigue el ejemplo ruso, que es evidente que no se respetan los derechos humanos de todos.
Una muestra más de que no se puede hacer como si nada estuviera pasando dentro de nuestra Europa. Hubo pitidos una vez más contra el responsable de la UER, Martin Österdahl, dardo de todas las críticas por la deriva que está tomando el festival. Está claro que estamos cerca de la muerte del festival tal y como lo conocemos. Ese blanqueamiento israelí, que ya nos lo colaron en 2018 disfrazando la actuación de Netta como un alegato contra el bullying y la gordofobia, ahora no se sostiene. Y mucho menos cuando la canción participante el año pasado por parte de Israel hacía referencia a los ataques terroristas que desencadenaron la masacre del pueblo palestino que todavía continúa. De hecho en esta edición es una de los supervivientes de esos ataques quien va actuar en la segunda semifinal y no habrá dudas de que llegará a la final, ocultando la realización los pitidos del público igual que hizo el año pasado. Por eso no tiene sentido que el festival continúe tal y como está diseñado. Debe ser igual de tajante que lo fue con Rusia, pero claro cuando el principal patrocinador es israelí hay un problema.

Por eso da mucha rabia que incluso en el festival destinado a los niños sigan apareciendo atisbos de blanqueamiento. Es inevitable pensar en lo que representan las banderas, sobre todo en esa presentación en la final, que en la ultima edición de Eurojunior contó con las españolas Sandra Valero y la ganadora de hace 20 años por España Maria Isabel, la de «Antes muerta que sencilla». Pero la muestra de que Eurovisión debe ser otra cosa es lo que genera en los espectadores libres de todos los prejuicios, y en este caso especialmente los niños. Tengo una sobrina que se ha vuelto fan de Cloe De La Rosa, y se ha visto todas las actuaciones de Eurojunior de España en los últimos años. ¿Cómo le explico que este año, por segunda vez, no quiero ver Eurovisión porque un país participante está exterminando a todo un pueblo? Claro que podría explicárselo, pero a sus nueve años ya le costó entender el terrorismo de ETA gracias a la magnífica «Sirenas» de La Oreja de Van Gogh, aunque sí que recordaba el 11 de Marzo cuando le puse «Jueves», otra de Leire con La Oreja.
No sirve con quitar la tele cuando actúe Israel, no sirve el haber eliminado de todas mis plataformas cualquier reproducción que vaya con el sello eurovisivo, y es una lástima porque Melody se merece lo mejor. Lo que debe hacer RTVE es negarse a participar si Israel sigue en el festival y masacrando al pueblo palestino a la vez. Menos cartas y más acción. Cuando ganó Netta no tardó ni unos días en ir a hacerse fotos con el ejército israelí, el mismo que ahora lleva casi dos años matando sin piedad. Eurovision siempre ha sido política, pero porque algunos se lo permiten. ¿Qué pasará cuando gane Israel y tenga que celebrarse el año que viene allí? Madonna fue la única que se atrevió a poner un poco de cordura al final de su actuación en la última edición que se celebró en Tel Aviv en 2019 (mostrar a dos bailarines que lucían una bandera palestina y otra de Israel). No puede celebrarse Eurovisión como si nada estuviera pasando, pero lo triste es que se va a celebrar y asistiremos por enésima vez a la confirmación de lo que está ocurriendo en Gaza nos da igual, porque el show debe continuar. De hecho el año pasado se prohibieron expresamente muestras de apoyo en la gala al pueblo palestino, como bien intentó la representante de Irlanda. Algunos dejamos de seguir el fútbol tras el último mundial en Rusia, y lo mismo pasará con Eurovisión. Todavía estamos a tiempo de actuar y parar la masacre de Gaza. Parece que importan más unas víctimas que otras y no se puede seguir mirando para otro lado. Eurovisión ya no tiene sentido mientras uno de sus participantes siga matando gente.









