«Comando Actualidad» analiza cómo se vive el maltrato en los pueblos, donde todo el mundo se conoce. El 73% de las asesinadas por violencia de género vivían en municipios de menos de 100.000 habitantes. Está silenciada, normalizada y es invisible según las mujeres que viven en entornos rurales. Merche, Vanesa, Nazaret, Ana Bella, Libertad o Macarena son algunas de las supervivientes que cuentan en primera persona una realidad que afecta al 50% de las mujeres. «Romper el silencio»: martes 23 de noviembre a las 00:45 horas en La 1, y preestreno a las 19:00 horas en RTVE Play.
40 años viviendo con su maltratador
Merche volvió al pueblo de su madre por miedo. Su exmarido intentó matarla, la apuñaló. Fue condenado a nueve años de cárcel. Las mujeres que, como Merche, viven en entornos rurales tardan una media de dos décadas en denunciar la violencia machista. Son datos del primer estudio sobre el maltrato en entornos rurales elaborado por FADEMUR, la Federación Española de Asociaciones de Mujeres Rurales. «Llevan más tiempo escuchando juicios de valor, sabiendo que sus vecinos lo saben. El silencio es más cómplice en las zonas rurales», asegura Mamen Vidal. Es abogada y coordinadora del Centro de la Mujer Rural en Yátova (Valencia).
Jóvenes entre 15 y 29 años que niegan la violencia
Este dato, además, ha empeorado en los últimos cuatro años: se ha duplicado el número de jóvenes que piensan así. La cifra la aporta la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción. Stribor Kurik, sociólogo director del estudio, asegura: «También hay un porcentaje importante de jóvenes que cree que el feminismo va en contra de los hombres, incluso uno de cada diez dice que la desigualdad no existe».
Violencia económica
Yana Franco es profesora en la Universidad Complutense, da clase sobre violencia de género y economía en un máster sobre igualdad. «Las mujeres se ven muy afectadas por el reparto de papeles, los sueldos, las pensiones… Ambos son inferiores por el hecho de ser mujer y estamos obligadas en muchos casos a depender de un segundo suministrador de renta», asegura. «Poca gente sabe que la reducción de jornada, que sobre todo piden las mujeres para cuidar a los hijos, repercute en la pensión y nos obliga a depender de los maridos o caer en la pobreza».
Supervivientes
«Es el primer lugar donde me acogieron y el primer lugar donde fui libre». Ana Bella se emociona al entrar en la casa de acogida que le salvó la vida. «Con 29 años ya era una mujer maltratada pero me di cuenta de que si estaba sana y viva y no totalmente una víctima, era una superviviente», cuenta. Una noche hizo acopio de valor y con sus hijos acudió a una comisaría a poner una denuncia. La infraestructura que existe en nuestro país posibilitó que Ana Bella fuera a vivir a una casa de acogida en la que pasó 20 años.






Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la historia no sigue un patrón clásico? ¿Hasta qué punto la innovación narrativa y estilística consigue el propósito buscado? Son preguntas que podríamos plantearnos tras ver Violation, el debut en el largometraje de la pareja de cortometrajistas formada por Dusty Mancinelli y Madeleine Sims-Fewer (quien además es la protagonista del film). Estrenada en Filmin el pasado viernes 19 de noviembre, y presentada hace unas semanas en Sitges tras su paso por los festivales de Sundance y el SXSW de Austin (Texas), está película reformula el subgénero del rape & revenge a través de una narrativa que mezcla las diferentes líneas temporales de la historia. Una formula sin duda arriesgada, que en ciertos momentos nos pilla a contrapié y que nos dejará impactados en más de una ocasión.
El riesgo de Mancinelli y Sims-Fewer no solo se presenta en la forma de narrar, sino en el recargado y abusivo estilo visual que desvía nuestra atención en muchos momentos de lo que está ocurriendo. En ese aspecto, Violation se excede en un espectáculo visual a ratos innecesario que parece sacado de una película de arte y ensayo, y que parece no tener relación con el fondo de la historia que nos está contando. Una historia sobre una violación, la traición sufrida por la protagonista y la consecuente venganza. Pero ¿qué pasó realmente? ¿existió tal agresión? ¿qué fue lo que llevó a la protagonista a ejecutar tan brutal y cruel venganza? Estas preguntas se irán respondiendo a lo largo de la película, y lo irán haciendo a través de unos saltos temporales creados para generar una duda razonable en el espectador, y provocando inquietud y angustia a partes iguales.
Según el propio Mancinelli «la estructura fragmentaria de la narración estaba ya en el guion, pero hubo detalles que surgieron en el rodaje, algunas escenas de improvisación de los actores y regalos que nos ofrecía la naturaleza y no podíamos obviar». Sin duda, una arriesgada propuesta que se convierte en la mejor virtud de Violation, que sabe esconder sus cartas para como he comentado, provocar en el espectador las suficientes dudas sobre la justificada venganza (o no) de la protagonista. Un riesgo a la hora de ofrecer una narrativa esquiva con el espectador que va acompañada de una banda sonora, obra de Andrea Boccadoro, que mezcla música barroca y música clásica experimental, en un compendio que otorga a la cinta una identidad alejada de los cánones habituales.


