«Documentos TV» estrena «El caso El Masri». El alemán Khaled El Masri fue secuestrado y trasladado a una cárcel secreta cerca de Kabul y liberado cinco meses después. Nunca recibió explicación ni disculpa alguna. Martes 15 de febrero, a las 23:55 horas, en La 2. Y preestreno a las 20:00 horas en RTVE Play.
Programa secreto de la CIA de secuestro, traslado y tortura de ciudadanos
El documental cuenta la historia de El Masri, víctima de una ilegal actuación gubernamental que cambió su vida y la de su familia. Khaled El Masri es desde 1994 ciudadano alemán. De procedencia libanesa, estableció su residencia en una localidad cercana a Ulm. Ahí vivía con su mujer y sus cinco hijos. En 2004, en un viaje a Macedonia, El Masri fue arrestado, interrogado y maltratado. Los desconocidos le llevaron a un hotel de Skopie y pocos días después, «me vendaron los ojos, me pusieron tapones en los oídos y un saco en la cabeza», relata Khaled.
Le trasladaron en un avión a una prisión secreta cerca de Kabul. Allí permaneció cuatro meses, aislado y torturado durante largos interrogatorios. Fue secuestrado por la CIA y cinco meses después de su detención le pusieron en libertad en un bosque de Albania. El servicio de inteligencia estadounidense se había confundido. «El Khaled El Masri que ellos buscaban era un ciudadano español», asegura el periodista Aleksandar Bzhinovski, que ya conocía los programas secretos e ilegales de Estados Unidos y la CIA para detener, trasladar y torturar a individuos que consideraban sospechosos de terrorismo.
El caso El Masri cuenta la historia de una víctima de los servicios secretos de Estados Unidos y de la connivencia de sus aliados. Operaciones puestas en marcha después del 11-S en las que los agentes de la CIA trasladaban por la fuerza a lugares secretos a presuntos terroristas para extraerles confesiones e información mediante torturas.
El trágico secuestro de El Masri ocupó titulares internacionales y, junto a abogados de derechos humanos europeos y estadounidenses, luchó durante años porque se restituyera su dignidad. Pero nunca recibió ni una cosa ni la otra. Ni Estados Unidos ni el propio gobierno alemán se dieron por aludidos. Todos sus esfuerzos y de aquellos que le apoyaron incondicionalmente por conseguirlo fueron en vano. El trágico suceso marcó para siempre su vida y la de su familia.
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