Sarah Michelle Gellar, la protagonista de «Buffy Cazavampiros», ha sido elegida para protagonizar y producir «Wolf Pack», nueva serie de Paramount+.
Escrita y producida por el guionista y productor ejecutivo de Teen Wolf, Jeff Davis, Wolf Pack se basa en la serie de libros de Edo Van Belkom. Sigue a un adolescente (Armani Jackson) y una niña (Bella Shepard) cuyas vidas cambian para siempre cuando un incendio forestal en California despierta a una aterradora criatura sobrenatural.
Gellar interpreta a la investigadora de incendios provocados Kristin Ramsey, una experta de gran prestigio en su campo y no ajena a las pérdidas personales, contratada por las autoridades para atrapar al pirómano adolescente que inició un incendio forestal masivo que también puede haber llevado al despertar de un depredador sobrenatural que aterroriza a Los Ángeles.
Jeff Davis y Sarah Michelle Gellar son productores ejecutivos junto a Joe Genier y Mike Elliott de Capital Arts. Jason Ensler también es productor ejecutivo. Wolf Pack se estrenará a finales de este año en EE. UU. e internacionalmente donde el servicio de streaming esté disponible (en España SkyShowtime).
Además de su papel en la serie de The WB/UPN, Buffy Cazavampiros, que, al igual que la serie Teen Wolf de MTV, se basó en una película, Gellar también es conocida por sus papeles protagonistas en The Crazy Ones junto a Robin Williams, Ringer de CW y All My Children de ABC, que le valió un premio Daytime Emmy. Gellar también da voz a la Séptima Hermana ‘Inquisidora’ en la serie animada Star Wars: Rebels.
Davis también está escribiendo y produciendo la próxima película original de Paramount+, Teen Wolf: The Movie, una continuación de la serie Teen Wolf.
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Durante la primera parte del film, Garland pone ya toda la carne en el asador y le funciona francamente bien. En esos primeros minutos nos presenta a Harper, a la que da vida una enorme Jessie Buckley, una chica que ha sufrido un evento traumático francamente grave que decide irse a sanar sus heridas a una casa, muy aislada, situada en la campiña británica y muy lejos de la ciudad de la que ella viene.
Desde el primer momento ya vemos que algo no va bien. No sólo porque Garland va alternando flashes de esos eventos traumáticos (con un buen paralelismo con los recuerdos intrusivos propios del estrés postraumático que más que probablemente sufre el personaje) con los momentos de la llegada a la casa. Sino porque desde que el casero le enseña la vivienda ya hay esa sensación constante de que algo no marcha como debería. Ese tono malsano donde sientes como espectador que algo no encaja, pero aún no sabes que es me recordaba a los inicios de la brillante Déjame salir de Jordan Peele.
La cinta, obviamente, está realizando con esta historia terrorífica una metáfora de lo que puede ser (y es, en demasiadas ocasiones) la sociedad para una mujer. Y desde el principio ese juego metafórico, con unas imágenes tan potentes y bellas visualmente, funciona bien. Mi problema viene después. Y es que, en mi opinión, el abuso de la reiteración que el propio Garland hace de todo ello acaba por lastrar el ritmo y las conclusiones de la cinta. Es fácil, como ya digo, que entendamos por donde quiere ir el realizador británico y sorprende que se empeñe en entrar casi en un bucle en un momento muy concreto de la cinta enfatizando una y otra vez su mensaje.
Debo decir, eso sí, que especialmente para los fans del terror fantástico y a pesar de la reiteración, Garland nos entrega unas imágenes tan poéticas como bellas ante las que es fácil caer rendido. La forma como el tercio final abraza el body horror hasta niveles insospechados y golpea al espectador es digna de elogio, aunque yo no haya acabado convencido por la parte escrita de todo ello.





En esta ocasión, llega a nuestros cines el 22 de julio La memoria de un asesino, película donde el bueno de Liam cruza la línea y se aleja de la justicia reglada para interpretar a un asesino en serie, con un cierto código ético, que decide no eliminar a uno de sus objetivos por considerarlo inaceptable y se pone en contra de la organización que le paga buscando venganza.
El argumento, cómo podéis observar, es bastante tópico. Y lo hemos visto en otras películas en varias ocasiones (no solo en la película original, de nombre homónimo, sino en otras del mismo género cinematográfico). El valor diferencial de esta película respecto a otras es la forma en que juega con la enfermedad que afecta a uno de los protagonistas mientras, al mismo tiempo, teje una intricada red de corrupción que nos facilitará empatizar con este muy particular personaje principal. Hay una sensación constante de «tic tac» que afecta a toda la cinta y que le imprime un ritmo francamente alto con el que es muy difícil no sentirse atrapado desde el inicio.
Además, el hecho de contar con un actor de la talla de Liam Neeson hace que la película se levante en muchos momentos que, seguramente, con otro actor no funcionarían tan bien. Su carisma y saber hacer delante de las cámaras consiguen ganarse al espectador hasta el punto de subirnos al barco de este asesino durante las casi dos horas de metraje a pesar de que sabemos que no es una buena persona y que se ha dedicado toda su vida a matar gente. Reconozco que, además de por Liam, esto también ocurre por un guion que se encarga de posicionarnos al mostrar a los villanos como auténtica mala gente que no tiene ningún tipo de línea roja.
Por otro lado, desde la parte policial, contamos con un Guy Pierce que está más que cómodo en su papel y que sirve de contrapunto al personaje protagonista. Entre los dos construyen este intrincado thriller, con tintes de denuncia sobre lo que ocurre en las poblaciones fronterizas de estados unidos y cómo, muchas veces, la sociedad y las altas esferas miran para otro lado.


