El próximo martes 20 de septiembre, a las 22:30, comienza la nueva temporada de «El show de Bertín», un magazine de entretenimiento que cada semana recibe a un personaje famoso. En esta ocasión serán Ivonne Reyes, Carlos Sobera, Carlos Baute, Chenoa, Francisco Rivera, Anne Igartiburu y Lolita, entre otros, los entrevistados que además participarán en los diversos juegos y secciones junto a los colaboradores del cantante.
En la temporada pasada El show de Bertín se consolidó como una oferta firme en el prime time de los martes, con un seguimiento medio del 5,8% desde su estreno en octubre hasta el mes de junio. Casi 2,5 millones de madrileños han visto en algún momento El show de Bertín. El máximo de la temporada se alcanzó el 19 de octubre de 2021 con Joaquín, el jugador del Betis como invitado. El programa logró un de 9,9% de share y una audiencia media de 137.000 espectadores.
El formato, producido por Proamagna, también se emite con gran éxito en Canal Sur.
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Cadejo blanco realiza muchas cosas y casi todas bien. Ya desde la presentación, donde vemos a estas dos hermanas que van a una fiesta en una discoteca y que está grabada con una sutil elegancia remarcando esa complicidad de unas hermanas tan distintas entre sí pero unidas, en cualquier caso, se nota que no estamos ante una película más de criminales y barrios bajos.
El largometraje dirigido por Justin Lerner realiza varios cambios notorios en el esquema típico y el primero de ellos es alejarse de ese prototipo masculino habitual en este tipo de productos y nos coloca como protagonista a una joven chica de la ciudad de Guatemala que busca, desesperadamente, saber qué ha ocurrido con su hermana después de su repentina desaparición posterior a la fiesta en la discoteca. Sarita, a la que da vida la enorme Karen Martínez que está fantástica en su interpretación tan contenida, comenzará su incansable búsqueda tirando del hilo de una ex pareja de su hermana que formaba parte de una Mara en otra ciudad de Guatemala en la que deberá introducirse poniendo en riesgo su vida.
A partir de ese momento la cinta da un cambio de tono drástico, alejándose de una película más de búsqueda de alguien desaparecido recorriendo a conocidos y gente cercana, y pasa a convertirse en una historia donde vemos a la protagonista intentar infiltrarse en una Mara, en un mundo diametralmente opuesto al suyo y donde se le van a exigir una serie de sacrificios en la búsqueda de la verdad. Es cierto, y debo reconocerlo, que en este punto la película es un tanto inocente (o, simplemente, no quiere extenderse en el metraje) y simplifica muchísimo la forma en que Sarita se introduce en todo este ambiente criminal. Algo que, si bien es un pequeño problema, queda subsanado rápidamente por la facilidad con la que la película recrea todo ese ambiente evitando sacar al espectador de la narración.
La marginalidad, el uso de la violencia (y cómo está grabada en cámara), y una protagonista tan inteligente como magnética hacen de este largometraje una buena punta de lanza con la que acercarse a este mundo tan desconocido desde occidente. La forma como detalla los roles dentro de estas organizaciones, lo que se espera de sus miembros, las costumbres entre criminales y bandas y la imposibilidad de abandonar al líder controlador está retratada con sumo cuidado. Además, el hecho de introducirte varios personajes femeninos que contextualicen una sociedad tan profundamente patriarcal donde las mujeres son usadas cual mercancía que intercambiarse entre unos y otros y consiguiendo darles voz a ellas también es otro acierto del largometraje guatemalteco al que, me gustaría, ver enviado a los Oscar (si es que no se envío el año pasado, no he encontrado información al respecto) y que probase suerte en estados unidos.






