Siempre he pensado que el cine, además de servir para entretener o para generar emociones en el espectador, tiene la capacidad de ser una herramienta social para denunciar y visibilizar temáticas muy importantes para la sociedad en la que vivimos y que no siempre quedan a la vista de todo el mundo. Y me reafirmo, cuando veo este tipo de propuestas, en lo grande que puede llegar a ser una película.
En los márgenes, cinta que llegó a nuestra cartelera el pasado siete de octubre, realiza a la perfección un retrato de una sociedad prácticamente anestesiada. Y se adentra en la vida diaria de esa gente que sigue ahí, en los márgenes de la sociedad, hasta arriba de problemas económicos, que sigue luchando cada día, y que parece que no queremos mirar cuando no salen en las portadas de algún periódico o están hablando de ellos por la televisión por alguna manifestación.
La ópera prima de Juan Diego Botto -y vaya debut más impresionante, la verdad, se ha marcado el actor argentino- no se sitúa en aquél fatídico 2008 y la enorme crisis económica que trajo consigo y que puso en la boca de todos el concepto «desahucios» -como los que veremos en la película-, sino que coloca temporalmente la cinta en este mismo 2022. Hasta el punto de que se ven, durante la misma, noticias que se produjeron el enero pasado y que imagino que debieron ser las últimas tomas en gravarse.
Mi sensación, después de ver esta película, es que la intención del director no es buscar la génesis de un problema tan grave como este, sino recordarle al espectador que estas cosas siguen ocurriendo diariamente en España mientras la multitud silenciosa calla y los medios de comunicación parecen desaparecidos. Y que, aún hoy, hay verdaderos héroes luchando y dejándose la cara por esas familias.
La cinta vertebra toda esta denuncia a raíz de varias historias cruzadas. Las dos principales las protagonizan Luis Tosar y Penélope Cruz. Ambos, dicho sea de paso, están absolutamente pletóricos en sus papeles. El primero interpreta a un activista que está tan completamente metido y absorto con su trabajo dentro de la plataforma de afectados por la hipoteca que está descuidando completamente a su familia. El personaje, completamente incansable, al límite, y siempre embarcado en una lucha o en otra, según van surgiendo durante el día, me recuerda al papel que hacía Eduard Fernández en Mediterráneo el año pasado. Ese tipo completamente abnegado y entregado en su cruzada para salvar cuanta más gente posible que acababa por descuidar a las personas cercanas. El personaje de Tosar está metido en esa misma problemática y el guion te lo dibuja tan bien que se siente completamente real. Con ese idealismo tan bonito por un lado y esa parte más dura que conlleva con él tanta entrega sin medida que trae consecuencias negativas en la vida personal de las personas más cercanas que tiene.
Por otra parte, la película nos cuenta la historia de Azucena, a la que da vida Penélope Cruz, que es la otra cara de esta moneda. Una madre de familia a punto de ser desahuciada y que busca, desesperadamente, algo a lo que agarrarse para no perder su casa. La lucha e implicación que demuestra la actriz española con su personaje está fuera de toda duda. Y Azucena, que es el claro reflejo de miles que se han quedado sin casa durante estos años, aporta ese plus de personaje que lucha por mantener la dignidad cuando gran parte de la sociedad, la banca y el resto de recursos estatales están fallándole de forma masiva. Este personaje es el que le da ese plus dramático -junto con otro que no he mencionado por no hacer spoilers- a una historia que, si bien puede que peque de excesivamente melodramática en algunos puntos, sigue funcionando como un reloj suizo.
La película es todo garra y corazón. Y pone toda la carne en el asador en cada una de las escenas y en todos los diálogos que no dan puntada sin hilo. Además, cuenta con unos actores completamente entregados a la causa que le permiten encontrar la brillantez deseada y que, más que probablemente, hará las delicias de buena parte del público que se acerque a las salas a verla.
En resumen
Es posible que a nivel estético no destaque, eso es cierto. Y, quizá, los más puristas de la estética puedan achacarle eso al largometraje. En mi opinión, la cinta no necesita de grandilocuentes planos ni de una estética muy marcada para funcionar y solo con un guion más que notable y unas grandes interpretaciones se basta y se sobra para llegar al público al corazón. Que, en un tipo de cine como este, creo que es lo más importante con diferencia. Muy recomendable su visionado.