A veces, una serie puede producirnos una impresión equivocada, ya sea por un tráiler hecho para llamar nuestra atención o por una sinopsis demasiado explícita. No siempre nuestra primera impresión es la acertada, y dejarnos llevar por ciertos prejuicios solos nos conduce a ser demasiado injustos y tal vez a no disfrutar como se merece de una serie. Algo así puede ocurrirnos con «El club de la medianoche», serie basada en la novela de Christopher Pike y creada por Mike Flanagan y Leah Fong. Estrenada por Netflix el pasado 7 de octubre, la serie parece que no ha tenido el recibimiento esperado, si hacemos caso al número de visionados. Algo que resulta bastante triste, pero que quizá venga derivado por las expectativas creadas alrededor de su responsable, un Mike Flanagan que se había convertido en una especie de gurú del terror en Netflix con «La maldición de Bly Manor» o «Misa de medianoche». Sin embargo, para el gran público que se ha acercado a «El club de la medianoche», la serie le ha presentado una historia que podía sonar bastante interesante, pero tal vez su inicio y el trasfondo que transmite no ha cuajado en muchos de los que esperaban su estreno.
El club de la medianoche nos traslada hasta Brightcliffe, un hogar de cuidados paliativos para jóvenes terminales. En aquel lugar, dirigido por la doctora Stanton (Heather Lagekamp), estos chavales que apenas han empezado a vivir, se reúnen todas las noches en la biblioteca del centro para contarse historias (no solo de miedo) o como ellos dicen para «dar vida a un fantasma». En ese club que se reúne cada noche olvidan porque están allí y vuelcan todos sus miedos y sus frustraciones que son un reflejo de sus propias vidas o de cómo les hubiera gustado que fueran. Son sus historias las que nos permiten conocer mejor a cada uno de los habitantes de Brightcliffe, unos jóvenes que viven sus últimos días con una mezcla de miedo y de rabia por la situación que les ha tocado vivir, alejados de sus familias, pero con la fortaleza que les da la amistad.
Porque El club de la medianoche es ante todo una serie sobre la amistad, una amistad forjada por el sentimiento de pertenencia, no a un lugar sino a un grupo en el que cada uno de sus miembros sabe que puede contar con el otro. Por supuesto que la serie se puede decir que pertenece al género de terror y cuenta con un buen puñado de sustos (no hace falta usar la palabra en inglés para explicarlo). Claro que hay tensión, y fantasmas (¿o son alucinaciones causadas por la medicación de los pacientes?), y sectas con creencias extrañas, y misterios por resolver. Pero, en el fondo, El club de la medianoche es una serie sobre un grupo de jóvenes que intenta asimilar que el tiempo se les agota y que los lazos de la verdadera amistad son irrompibles.
Tal vez la serie peque en exceso de dramatismo, aunque siendo sinceros ¿eso es algo malo? En ningún momento se nos esconde que los protagonistas son enfermos terminales, a quienes vemos sufrir, tener miedo (no solo de sombras y fantasmas), soñar con una vida diferente y renunciar a la esperanza. En ese sentido, El club de la medianoche es una serie con un componente a amargura que puede provocar cierta desazón, que te hace reflexionar y que te toca la fibra sensible. Lo que ocurre es que el drama solo es una parte de la ecuación, que se define dentro de una historia en la que los miedos se manifiestan de muchas formas.
A través de las historias que se cuentan cada noche los miembros del club de la medianoche, encontramos relatos de misterio, policiacos, con asesinos en serie, de ciencia-ficción, de pactos con el diablo, de viajes en el tiempo y de brujería. Hay terror claro, no en balde el primero episodio batió el récord mundial de sustos en un solo episodio. Aunque en realidad solo era una respuesta en forma irónica a las expectativas que las series de Flanagan generan en el público. Sin duda, hay historias mejores y peores, una más elaboradas que otras, que nos causarán más impacto que otras. Cada historia que vemos en cada uno de los episodios, se puede vislumbrar que son metáforas que plasman en gran medida quienes son cada uno de los protagonistas. Solo hay que fijarse un poco e identificar que, tras los asesinos psicópatas, los pactos con el diablo que dan lugar a las dos Danas, los viajes en el tiempo con robots asesinos o los videojuegos al estilo de Juegos de guerra, vemos una parte de cada uno de los jóvenes que viven en Brightcliffe. Una forma de abrir su corazón, utilizando la imaginación para adornar una vida demasiado corta.
En resumen
El terror no siempre tiene la misma forma y El club de la medianoche lo sabe plasmar a lo largo de sus 10 episodios. Detrás de cada sombra, al final de un pasillo oscuro, tras una puerta cerrada o en una sonrisa supuestamente amable, siempre hay espacio para contar una historia. Con una potentísima banda sonora que nos hace viajar a esa década de finales de los noventa, El club de la medianoche también ha significado volver a ver en pantalla a Heather Langekamp, actriz a la que muchos fans del terror recuerdan por su papel de Nancy Thompson en Pesadilla en Elm Street. Una mítica saga de terror con la que guarda algunas similitudes El club de la medianoche, sobre todo con su tercera entrega, Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño, en la que el personaje de Langekamp es una terapeuta que intenta ayudar a unos jóvenes acosados por Freedy Krueger.
Puede que El club de la medianoche no tenga segunda temporada. No nos vamos a engañar, Netflix ha cancelado series con mejores números. Sin embargo, lo nuevo de Mike Flanagan no solo es perfecta para hacer un maratón si buscáis una serie para el fin de semana, ahora que parece que sí ha llegado el otoño, sino que es un elaborado relato que ahonda en diversos temas, sin perder de vista la parte lúdica del invento. Merece la pena ver El club de la medianoche porque habla sobre la juventud y sus miedos (y sus fortalezas), sobre los amigos que se convierten en tu verdadera familia y sobre la muerte y la muerte y cómo afrontarla. Con un final que deja algunas preguntas en el aire, y que tal vez queden sin respuesta, El club de la medianoche es mucho mejor de lo que los números dicen. Solo te queda comprobarlo y abrir tu mente.