Es increíble, pero muchas veces las mayores decepciones vienen de las cosas de las que no esperabas nada. Sucede que encuentras una película de la forma más casual y ves que tiene una premisa de lo más potente que consigue llamar tu atención. Así que decides echarle un vistazo, solo para acabar descubriendo la enésima obra que no sabe explotar todo su potencial. Son películas que tienen una muy buena idea de inicio pero que no tardan en dilapidar todo su crédito por culpa de un desarrollo de lo más anodino. Esto es básicamente lo que sucede con «Todos me odian», que se estrena hoy en alquiler en diferentes plataformas.
La base de la historia ya os digo que es bueno: Pete cumple 31 años y para celebrarlo se va junto a sus amigos de la universidad a pasar el fin de semana a una casa de campo. Sin embargo, durante la celebración irá viendo como el comportamiento de sus amigos se va volviendo cada vez más inquietante, con bromas internas y diversas pullas hacia su persona. Todos irán volviéndose poco a poco en su contra. Pete llega un momento que incluso duda de su propia cordura. ¿Se está volviendo paranoico o está siendo víctima de una broma cruel?
El mayor problema de Todos me odian es que no acaba de arrancar nunca. La película se vende como una comedia de terror y nunca llega a hacer verdaderamente gracia. ¿El terror? Ni lo esperéis. Por momentos llega a ser desesperante. A veces parece que la comedia se va a disparar, pero es un espejismo. Llega algún momento cómico que te hace esbozar una leve sonrisa y cuando crees que eso significará el pistoletazo de salida para las risas no tardas en volver a la triste realidad de una película que no para de dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez. Siempre los mismos diálogos y los mismos supuestos… ¿gags? De verdad que no acabe de entender qué es lo que exactamente me tenía que parecer gracioso.
Luego tenemos el supuesto terror. La película intenta crear un suspense alrededor de la salud mental del protagonista. O sea, representa que tenemos dudar sobre si se está volviendo loco o si realmente existe un complot contra él y esta duda es la que debería hacer crecer la tensión. Vaya por delante que no lo consigue. Es que por momentos incluso dudo que esta llegue a ser su verdadera intención. Prefiero pensar eso que hacerme a la idea que su director es incapaz no ya de hacernos sentir el agobio que siente el protagonista, pero sí por lo menos de saberlo transmitir. Pues nada de nada. En ese apartado la película fracasa estrepitosamente.
Lamentablemente, cuando algo va mal siempre puede ir a peor. Y Todos me odian es un claro ejemplo de ello con su deleznable desenlace. En un intento desesperado por sorprender a la audiencia, se saca de la manga una carta que juega de la forma más desastrosa. Representa que lo que se nos desvelan al final debería dejarnos con la boca abierta, pero a mí me pareció un intento de estafa de lo más vergonzoso. En serio, no todo vale.
En resumen
Una vez acabado de visionar este suplicio a uno le queda la sensación de que acaba de ser testigo del típico ejercicio de pedantería que solo contentará a cuatro modernitos. Una comedia negra, aunque esta etiqueta le viene grandísima, sobre los millennials que busca incomodar al espectador y solo consigue aburrirle.


Operación Fortune, que llegó a nuestros cines este 4 de enero, es un divertimento en su máximo exponente. Es una película cuya máxima y prácticamente única pretensión es la de hacer al espectador disfrutar durante sus dos horas de metraje. Y, sobre todo, es una cinta completamente consciente de lo que quiere ser.
No se va por las ramas ni plantea intrincadas tramas -de hecho, si de algo peca la cinta es de excesiva linealidad y simpleza en sus avances, cosa que lastra un poco la construcción de guion- tampoco plantea intrincados giros de guion buscando rizar el rizo y sorprender al espectador con una traición que le deje en el asiento preguntándose como no lo vio venir. Simplemente es una cinta que, desde el inicio, decide apoyarse en el carisma de sus actores -y de los personajes a los que dan vida- y va avanzando utilizando ciertas excusas argumentales para ir hacia delante y seguir con el show a golpe de mezclar secuencias sumamente espectaculares -algunas podrían parecer sacadas de sagas como misión imposible- y momentos tan divertidos que sacaran las carcajadas en muchos de los espectadores que vayan a las salas.
Huelga decir, eso sí, que como he mencionado anteriormente por encima, Operación Fortune tiene tres principales valedores que hacen que merezca la pena su visionado. El primero es Guy Ritchie, obviamente. Si os gusta su estilo, os va a gustar esta película. Todo lo bueno que caracteriza su cine está aquí. Y está, dicho sea de paso, en ocasiones multiplicado por diez, o por cien. Ritchie va con todo, está desatado y se lo pasa en grande. Por otra parte, los otros dos pilares de la película son Jason Statham y Aubrey Plaza.
El primero ya sabemos quién es y qué puede ofrecer a estas alturas de su prolífica carrera: escenas de acción donde cumple con creces por su físico, frases de «antes de matar» dichas con su estilo propio y un carisma con el que impregna cada una de las escenas en las que sale en pantalla. La segunda es, para mí, un brillante descubrimiento. Ella es la que se roba la película y ella es la que mejor está de todo el reparto. Maneja a su personaje a su antojo y demuestra estar comodísima interpretándolo. El particular humor de su personaje unido a su forma de darle vida, con esos toques ácidos y provocadores, es un acierto absoluto. Si esto funciona en taquilla y acaba, por la tendencia de cine actual, teniendo algún tipo de secuela no dudaré en ir a verla especialmente por saber qué puede ofrecernos de nuevo Aubrey Plaza en un papel como el que tiene aquí.







