Netflix ha anunciado la adaptación de la novela «El misterio de las siete esferas» escrita por el creador de «Broadchurch», Chris Chibnall (Broadchurch, Doctor Who), y producida por la productora ejecutiva de «The Crown», Suzanne Mackie de Orchid Pictures y Chris Sussman (Good Omens). Chris Sweeney (The Tourist, Back to Life) dirigirá la serie.
Suzanne Mackie dijo: «Estoy emocionada de dar vida a El misterio de las siete esferas y de presentar una nueva generación de icónicos personajes de Agatha Christie en la pequeña pantalla. Ha sido un placer trabajar con Chris Chibnall en la creación de esta visión audaz, autoral y ambiciosa en forma de serie. Junto con Chris Sussman y Agatha Christie Limited, y bajo la dirección magistral de Chris Sweeney, estamos emocionados de emprender este viaje creativo. No podría pensar en un proyecto más emocionante para Orchid Pictures, ni en un hogar más perfecto para esta historia que Netflix».
Anne Mensah, de Netflix, dijo: «La narrativa de Agatha Christie ha emocionado a los amantes del misterio durante generaciones, pero aún hay más por explorar para las audiencias en Netflix».
James Prichard de Agatha Christie Limited añadió: «Bundle Brent es uno de los numerosos personajes jóvenes, interesantes, humorísticos y agudos de mi bisabuela. Verla cobrar vida a través de las palabras de Chris Chibnall y esta producción con Orchid Pictures y Netflix es un sueño hecho realidad. Creo que los espectadores adorarán este mundo que hemos creado y esperarán más».
El misterio de las siete esferas es la primera serie que entra en producción con Orchid Pictures y comenzará a filmarse este verano.
Chris Chibnall será productor ejecutivo de la serie a través de su empresa Imaginary Friends, y James Prichard de Agatha Christie Limited también será productor ejecutivo de la serie.
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Adam Wingard regresa al frente de esta divertida propuesta después de su Godzilla vs Kong de 2021, demostrando que disfruta con el género y que evita cualquier pretensión crítica, echando carne al asador incluso cuando la parrilla está ya llena. Esta cinta es un festín de excesos que cumple su objetivo: ser una máquina de hacer dinero perfectamente engrasada.
Todas sus piezas trabajan en armonía para lograrlo: una variedad de monstruos que evolucionan a lo largo de la película, diseñados para vender juguetes de todos los tamaños, formas y colores; escenas de destrucción masiva en lugares emblemáticos del mundo, ya que los kaijus tienen terminantemente prohibido pelear en solares abandonados; e incluso un pequeño y adorable Kong, destinado a vender peluches a los más pequeños. Todo el mundo que trabaja en la película es consciente de esto y es capaz de bailar al son de esta sintonía sin que nada se note fuera de lugar.
Las espectaculares escenas de acción pueden no ofrecer nada demasiado nuevo, pero son lo suficientemente entretenidas como para eclipsar la trama humana de la película. Esta queda relegada a un segundo plano en todo momento, pero tampoco te pide mayor importancia de la que tiene, ejerciendo de un buen telón de fondo para que monstruos enormes se den de leches.
En línea con todo esto, quizás la película se centra en el propósito primigenio que el cine tenía en sus orígenes: vivir por y para el puro entretenimiento de la audiencia. Y esto, sin duda, esta cinta lo logra con creces.

