La suspensión de pagos de KirchMedia, empresa madre del imperio fundado por Leo Kirch hace casi medio siglo, ha sacudido los cimientos del negocio televisivo en Alemania y ha puesto en evidencia los peligros de las sumas desorbitadas que se mueven en el fútbol. Políticos, editorialistas, directivos del deporte y expertos en comunicación coinciden en interpretar la crisis como una señal de alarma. El colapso del grupo Kirch muestra que la oferta televisiva tiene sus límites y que debe replantearse el fútbol de alta competición porque su multimillonaria financiación carece de base sólida.
A sus 75 años, y tras convertirse en un magnate gracias al comercio con derechos cinematográficos, Kirch ha mordido el polvo por su catastrófico error de cálculo con la televisión de pago y digital. En el fondo existe un problema de saturación de audiencia. Según un estudio de las cadenas públicas ARD y ZDF, desde mediados de los noventa, los alemanes ven la televisión un promedio de tres horas al día. Eso supone sólo una hora más que cuando empezaron a funcionar los canales privados, en los años ochenta.
Los expertos detectan un hartazgo del público. La gente es tacaña con su tiempo. No está dispuesta a sacrificar su sueño por un «talk-show» nocturno, prefiere cenar con los amigos a ver una película o da prioridad a una excursión familiar frente a la Bundesliga. A ello se añade que la mayoría de hogares alemanes, a través del cable o la antena parabólica, sintonizan ya una treintena de canales en abierto, nacionales y extranjeros. En estas condiciones son una minoría quienes aceptan pagar por un canal adicional. La cadena Premiere, que pierde más de dos millones de euros al día, se ha estrellado contra esta realidad. Según señalaba ayer el «Süddeutsche Zeitung», sin una inyección de 200 millones de euros la insolvencia será inevitable en los próximos días.
La caída de Kirch ha abierto un gran interrogante sobre el futuro de la Bundesliga, pues muchos clubes dependen de los ingresos por derechos de retransmisión. El presidente bávaro y candidato democristiano a la cancillería, Edmund Stoiber, ha advertido que clubes y jugadores «deben apretarse el cinturón» y poner fin a la espiral de fichajes y salarios. Franz Beckenbauer, presidente del Bayern Munich, admite que la crisis es una oportunidad para reflexionar sobre el futuro del fútbol europeo.
Además de pinchar el globo financiero del fútbol y la televisión, la suspensión de pagos ha reavivado otro debate económico más de fondo, la crisis del modelo «Deutschland AG» (Alemania SA). Es el sistema imperante en la RFA desde la guerra y se caracteriza por una estrecha interrelación entre bancos, empresas (incluidos los sindicatos) y el poder político en aras del consenso y la «paz social». Si una empresa grande se hallaba en dificultades, políticos y bancos salían en su apoyo. La «Deutschland AG» no preveía opas hostiles extranjeras y otros «traumas» de la globalización. La compra de Mannesmann por Vodafone fue una gran fisura en este modelo. El desenlace de la crisis de Kirch -sobre todo si da entrada a socios extranjeros como Murdoch- indicará si Alemania se sigue alejando de su tradición.