Micrófonos que no llegaban, cámaras que fallaban y un discurso que tuvo que repetirse tres veces. Así comenzó la historia de Televisión Española el 28 de octubre de 1956. Este miércoles se cumplen 70 años de aquella primera emisión, que apenas pudieron seguir unos 600 televisores en Madrid y sus alrededores. Un comienzo accidentado para un medio que, con el paso de los años, acabaría entrando en millones de hogares y cambiando las costumbres de toda una generación.
Una primera emisión llena de problemas
Todo comenzó en un pequeño chalé situado en el número 77 del Paseo de La Habana de Madrid. Allí trabajaba un equipo de menos de cincuenta personas, con dos cámaras, instalaciones modestas y unos medios técnicos que hoy resultarían casi irreconocibles.
La inauguración fue bastante más accidentada de lo previsto. El realizador Pedro Amalio López recordaría años después los problemas de aquella jornada, en la que los fallos técnicos y los nervios obligaron a repetir varias escenas, incluido el discurso inaugural del ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias-Salgado.
La programación comenzó a las seis de la tarde e incluyó intervenciones oficiales, actuaciones musicales, bailes regionales y documentales. Entre los artistas que participaron estuvieron la cantante Mona Bell y la orquesta de Roberto Inglez.
Todo se hacía prácticamente en directo, con escasas posibilidades de corregir los errores. Aquella televisión todavía tenía mucho que aprender.
Un televisor costaba hasta 32.000 pesetas y la señal apenas salía de Madrid
Ver aquella primera emisión era un privilegio al alcance de muy pocos. Los televisores costaban entre 24.000 y 32.000 pesetas, una cantidad elevadísima para la economía familiar de mediados de los cincuenta.
A ese obstáculo económico se añadía otro: la señal no alcanzaba más allá de unos 70 kilómetros alrededor de Madrid. En Barcelona, Sevilla, Valencia o Bilbao, comprar uno de aquellos aparatos no servía de mucho porque todavía no existía cobertura.
Durante sus primeros años, TVE funcionó prácticamente como una televisión local madrileña. La expansión al resto de España requería construir una red de transmisores y repetidores que todavía no existía.
Y tener televisor llegó a implicar otro gasto. En 1957 se intentó establecer un impuesto anual de entre 300 y 500 pesetas por poseer uno de estos receptores. La medida encontró tanta resistencia entre los propietarios que terminó fracasando.
Tres horas al día y una programación que había que inventar sobre la marcha
El 29 de octubre de 1956, un día después de la inauguración, TVE comenzó sus emisiones regulares. Solo ofrecía tres horas diarias de programación, entre las nueve de la noche y la medianoche.
El desafío era considerable. Apenas había personal especializado, faltaban equipos y el presupuesto obligaba a recurrir a documentales del NO-DO y películas prestadas por la embajada de Estados Unidos.
En el pequeño chalé del Paseo de La Habana, unas cincuenta personas tenían que preparar toda la programación. Un plató se utilizaba para montar decorados y ensayar, mientras el otro se destinaba a las emisiones. La mayor parte de los contenidos se realizaban en directo, por lo que apenas se conservan imágenes de aquellos primeros programas.
Sin embargo, la televisión comenzó a crecer rápidamente. Las tres horas iniciales pasaron a cuatro, con emisiones desde las 20:15 hasta las 00:15 horas. Los sábados la programación se prolongaba hasta la una de la madrugada.
También se reservaron espacios para los más pequeños. Los jueves por la tarde, cuando los niños no tenían colegio, y los domingos, TVE ofrecía dos horas de programación infantil. Una curiosidad que refleja cómo la televisión empezó a adaptar sus horarios a las costumbres familiares.
En 1958 ya se emitían unas 29 horas semanales, mientras que en 1959 la programación siguió ampliándose.

El primer hombre del tiempo solo enseñaba un brazo
Entre las primeras incorporaciones a la programación hubo una que terminaría convirtiéndose en una de las figuras más populares de la televisión española.
El 2 de noviembre de 1956 debutó Mariano Medina, el primer hombre del tiempo de TVE. Sin embargo, los espectadores no podían verle la cara. Durante sus primeras intervenciones, únicamente aparecía una parte de su brazo mientras señalaba las previsiones meteorológicas.
Medina utilizaba cartones, mapas y un puntero para explicar qué tiempo haría. Su popularidad fue creciendo hasta convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la cadena.
Las peticiones de los espectadores tampoco tardaron en llegar. En los estudios del Paseo de La Habana llegaron a apodarle «Santa Teresa», por la cantidad de cartas que recibía de personas que le pedían lluvia o buen tiempo.

Otra imagen que acabaría siendo familiar apareció incluso antes. El 30 de octubre de 1956 comenzó a utilizarse la carta de ajuste, que servía para comprobar la sintonización, el brillo y el contraste de los televisores.
Como las emisiones ocupaban únicamente unas horas al día, aquella pantalla aparecía habitualmente una hora antes de comenzar la programación. Además, estaba acompañada por música, generalmente clásica, que permitía regular el volumen de los receptores.
Las primeras noticias se leían directamente del periódico
La información televisiva también tuvo unos comienzos bastante rudimentarios.
Durante la primera semana de emisiones, TVE ni siquiera contaba con un servicio informativo propio. La situación cambió cuando David Cubero, primer redactor jefe de la cadena, reclamó la creación de un noticiario.
La solución fue improvisada: en apenas unas horas se puso en marcha un espacio en el que los presentadores leían ante las cámaras noticias recortadas de los periódicos del día, bajo el rótulo Últimas noticias.
El Telediario llegaría el 15 de septiembre de 1957, casi un año después del nacimiento de TVE. Sus primeras ediciones consistían fundamentalmente en la lectura de teletipos que se trasladaban físicamente desde la cercana sede de Radio Nacional de España.
Las imágenes eran escasas y procedían principalmente del NO-DO y de agencias internacionales como CBS y United Press.
La primera serie española trataba sobre una familia que tenía televisión
A medida que aumentaba la programación comenzaron a aparecer formatos que hoy resultan familiares.
En enero de 1957 se emitió una de las primeras representaciones teatrales realizadas para televisión, Antes del desayuno, de Eugene O’Neill, dirigida por Juan Guerrero Zamora.
Un mes después, en febrero de 1957, llegó Los Tele-Rodríguez, considerada la primera serie de televisión española. La ficción, dirigida por Mario Antolín y con guiones de Manuel Ruiz Castillo, contaba la vida cotidiana de una familia de clase media.
Su particularidad estaba precisamente en que sus protagonistas tenían un televisor en casa, algo todavía muy poco habitual entre los espectadores que podían seguir la serie.
La ficción permaneció en antena hasta agosto de 1958 y fue uno de los primeros intentos de crear contenidos específicamente pensados para el nuevo medio.
También comenzaron las retransmisiones deportivas. En mayo de 1957, TVE incorporó una unidad móvil que permitió llevar sus cámaras fuera de los estudios para cubrir corridas de toros, partidos de fútbol y otros acontecimientos.
Siete estaciones para llevar la televisión de Madrid a Barcelona
Mientras la programación crecía, el verdadero desafío seguía siendo conseguir que la señal llegara al resto de España.
Zaragoza fue uno de los primeros destinos de la expansión y, en febrero de 1959, la televisión llegó a Barcelona. Para conseguirlo hubo que instalar siete estaciones de enlace que permitían transportar la señal a lo largo de unos 550 kilómetros.
La construcción de aquella red fue una operación técnica considerable. Buena parte de los nuevos transmisores y repetidores se financiaron con aportaciones de ayuntamientos y diputaciones, interesados en que la televisión llegara a sus territorios.
La llegada de TVE a Barcelona estuvo acompañada de una gran expectación, especialmente por la retransmisión de un partido entre el Real Madrid y el FC Barcelona. Los televisores eran tan escasos que numerosos aficionados tuvieron que reunirse en establecimientos comerciales y otros locales para seguir el encuentro.
El 14 de julio de 1959 se inauguraron los estudios de Miramar, en Barcelona, que comenzaron a desempeñar un papel importante en la producción de programas.
La expansión continuó hacia otras ciudades y regiones, hasta que la televisión fue convirtiéndose poco a poco en un medio de alcance nacional.
La conexión con Barcelona abrió las puertas de Eurovisión
La llegada de la señal a Barcelona tuvo otra consecuencia importante: permitió conectar TVE con la red europea de intercambio de programas y retransmisiones.
En 1960, Televisión Española se incorporó a Eurovisión, la red de la Unión Europea de Radiodifusión que permitía compartir imágenes en directo entre distintos países.
Para muchos espectadores, aquello significaba sobre todo la posibilidad de seguir los partidos internacionales de los equipos españoles en la Copa de Europa.

Uno de los acontecimientos más destacados llegó el 15 de diciembre de 1960, cuando TVE retransmitió desde Bruselas la boda del rey Balduino de Bélgica con la española Fabiola de Mora y Aragón.
La ceremonia supuso una de las primeras grandes retransmisiones internacionales de la cadena. En una España donde todavía escaseaban los receptores, numerosas personas se reunieron en bares, casas de vecinos y escaparates de comercios para contemplar las imágenes.
La incorporación a Eurovisión también abrió la puerta a la participación española en el conocido festival musical, que llegaría en 1961 con Conchita Bautista y la canción Estando contigo.
De los televisores compartidos a las primeras grandes audiencias
Antes de que la televisión se convirtiera en un electrodoméstico habitual, verla era muchas veces una actividad colectiva.
Los vecinos se reunían en bares, establecimientos comerciales y hogares que disponían de receptor. Más adelante, los teleclubs facilitaron el acceso a las emisiones en numerosas localidades rurales, donde comprar un televisor seguía siendo un desembolso considerable.
El crecimiento fue rápido. A finales de 1964, España ya contaba con alrededor de un millón de televisores, muy lejos de aquellos 600 receptores que podían seguir las primeras emisiones de 1956.

También cambiaron las instalaciones. En 1964 se inauguraron los estudios de Prado del Rey, mientras que en 1966 comenzaron las emisiones regulares de la segunda cadena, conocida popularmente como el UHF.
La televisión en color tardaría todavía varios años en generalizarse. Las primeras pruebas llegaron a finales de los sesenta, pero los receptores en blanco y negro continuaron presentes en numerosos hogares durante la década siguiente.
Setenta años después, aquella televisión que solo emitía tres horas al día y necesitaba siete estaciones para llegar de Madrid a Barcelona ofrece canales en alta definición, emisiones en 4K y contenidos a través de internet. Una distancia tecnológica enorme respecto a aquel 28 de octubre de 1956, cuando un pequeño equipo de profesionales puso en marcha las primeras emisiones regulares de TVE entre nervios, improvisaciones y problemas técnicos.
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