“La desconocida” se estrenó en Netflix el pasado 5 de junio, con una premisa aparentemente diseñada para atrapar al espectador desde el primer minuto: una mujer aparece amordazada, maniatada e inconsciente dentro de un contenedor en el puerto de Barcelona, no recuerda quién es y alguien parece dispuesto a terminar lo que empezó. Sobre el papel, el punto de partida llama la atención: hay un misterio que resolver, y al frente del caso tenemos a una inspectora marcada por un trauma reciente. La trama se construye alrededor de una investigación marcada por la urgencia, una sensación que la película intenta trasladar al espectador. Sin embargo, la adaptación de la novela escrita por Rosa Montero y Olivier Truc, dirigida por Gabe Ibáñez, funciona mejor como entretenimiento que como un thriller oscuro. Mantiene un ritmo ágil y ofrece una propuesta accesible para quienes buscan una intriga directa y sin complicaciones, pero también deja la impresión de que había una historia mucho más potente esperando bajo la superficie.
El thriller, sobre todo el criminal, se ha convertido en los últimos años en una apuesta «segura» dentro de la industria cinematográfica española. Ya sea a través de adaptaciones de éxitos literarios como la trilogía del Baztán, El silencio de la ciudad blanca o La huella del mal, o mediante ideas originales como As Bestas, Tarde para la ira o Quien a hierro mata, se ha consolidado una tendencia clara de buscar historias capaces de enganchar tanto al público que acude a las salas de cine como al que consume cine desde una plataforma de streaming. Sin embargo, esa apuesta por este género en concreto también puede conducir a producciones que, aunque cuentan con un punto de partida atractivo, terminan revelándose como enormes carcasas sin alma, simples fotocopias de otros relatos en un bucle sin fin de mediocridad.
Por eso mismo, resulta frustrante encontrarse con una propuesta, a priori interesante, como La desconocida, que cuenta con un arranque repleto de fuerza, pero que no termina de explotar sus virtudes para sobresalir de la media. Aun así, lo mejor de La desconocida está en su capacidad para no detenerse demasiado. La estructura del guion está construida entendiendo que su principal baza es el ritmo: el prólogo que apunta a corrupción policial en Algeciras, el posterior hallazgo en Barcelona, la amnesia, el intento de asesinato, la investigación y la necesidad de reconstruir una identidad antes de que sea demasiado tarde. Esa estructura de carrera contrarreloj consigue en gran medida que la película mantenga el interés y permite que el relato avance con cierta soltura incluso cuando la trama empieza a mostrar sus fallos. No estamos ante un thriller especialmente novedoso ni ante una película que reinvente los códigos del género, pero sí ante una propuesta que se deja ver y que sabe mantener nuestra atención gracias a su pulso narrativo.
Ahí es donde La desconocida resulta más disfrutable. Como entretenimiento de plataforma, cumple. Cuenta con elementos que juegan a su favor, con esa atmósfera opresiva de thriller clásico, el uso de escenarios más o menos reconocibles de la ciudad de Barcelona, un misterio inicial que promete y una protagonista marcada por un trauma que a priori podría haber añadido capas emocionales al conjunto. Candela Peña sostiene buena parte del relato como Anna Ripoll, una investigadora que carga con su propio dolor mientras intenta resolver un caso que se le escapa de las manos. Su contrapunto debería ser Pol López, un policía de Algeciras, malhablado y lenguaraz, cuya aportación se va diluyendo como un azucarillo, no por demérito del actor barcelonés, sino por un guion que apenas aprovecha el choque entre dos policías de caracteres y métodos opuestos. En ese aspecto, la película no consigue convertir esa tensión interior en verdadero conflicto dramático, y todo queda diluido en favor de una ejecución funcional que se olvida de arriesgar.

La desconocida parte de la novela negra homónima escrita a cuatro manos por Rosa Montero y Olivier Truc, una obra que ya partía de una curiosidad literaria muy atractiva. El libro surgió como un reto del festival francés Quais du Polar, con ambos autores alternándose los capítulos y reaccionando a lo que el otro había escrito. Montero firmaba los impares y Truc los pares, construyendo una trama viva, de ida y vuelta, en la que la propia escritura parecía formar parte del juego. Esa condición casi experimental del origen literario es una de las grandes bazas de la historia, porque sugiere una investigación abierta, imprevisible y atravesada por dos miradas distintas.
La adaptación, sin embargo, da como resultado un thriller de lo más convencional y olvidable. El guion no logra trasladar esas miradas contrapuestas que el estilo de la obra literaria ofrecía, y lo que en la novela podía funcionar, con dos personajes opuestos unidos por una investigación, en la película todo queda reducido a dos o tres chascarrillos y a un par de miradas intensas. La premisa sigue siendo llamativa, pero el desarrollo es plano y sin chispa. Hay secretos, amenazas y revelaciones, pero en ningún momento existe la sensación de que la investigación esté creciendo hacia algo realmente perturbador y peligroso. La desconocida quiere apoyarse en varios golpes de efecto, pero esos giros no funcionan con la fuerza que deberían, revelando que la trama estaba más vacía que el frigorífico de un piso de estudiantes.
Por último, resulta frustrante contar con un reparto de nivel que luzca tan poco, especialmente porque la química entre ellos es casi nula. El principal problema de La desconocida no está en sus intérpretes por separado, sino en lo que la película consigue hacer con ellos en conjunto. Candela Peña, Ana Rujas y Pol López son intérpretes de reconocido nivel y, en ciertos momentos, aportan presencia y oficio. Sin embargo, aunque todos tienen escenas pensadas para que sus personajes luzcan, sus interacciones son forzadas, y esa mirada diferente que deben aportar los personajes de Candela Peña y Pol López nunca se ve trasladada a la película. Todos parecen estar con el piloto automático encendido, y ni siquiera las heridas personales que cada uno de ellos arrastra son suficientes para que consigamos empatizar con sus personajes. Todo su desarrollo es tan convencional y arquetípico que la trama relacionada con la trata de personas acaba resultando un recurso vacío.
Así, La desconocida es uno de esos estrenos de Netflix con gancho, pero cuyo resultado final está por debajo de su potencial. La adaptación de la novela de Rosa Montero y Olivier Truc es un thriller irregular que desaprovecha una historia potente en favor de algunos golpes de efecto que no funcionan tan bien como deberían. Tiene un punto de partida impactante, una base literaria sugerente y un elenco reconocible, pero no consigue convertir todos esos elementos en una película que sobresalga.
Sin negar que funciona como entretenimiento de tarde, La desconocida no es el thriller contundente que podría haber sido y se conforma con ofrecer una trama perfecta para quienes no busquen excesivas complicaciones. Es una de esas películas cumplidoras que se ven con facilidad, pero que quedan olvidadas con el paso del tiempo en el fondo del inmenso catálogo de la plataforma. ¡Una lástima!