No han existido demasiados cineastas más influyentes que Alfred Hitchcock. Sus contribuciones al séptimo arte han dejado huella en centenares de películas estrenadas a lo largo de los últimos cien años. Hay homenajes al maestro del suspense que resultan más evidentes y otros que son más sutiles. En el caso de «Asesinato en la 3ª planta», Hitchcock no es solo una influencia, sino que su figura se cuela en la trama para convertirse en un protagonista ausente, pero absoluto de la cinta.
La película la protagoniza un matrimonio condenado por la rutina. Él (Gilles Lellouche) es un escritor de novela decimonónica y ella (Laetitia Casta) es profesora especializada en la obra de Alfred Hitchcock. El paso del tiempo y la monotonía de su relación los ha dejado sin intereses comunes y el divorcio parece inevitable. O eso parece hasta que sospechan que su vecino, al que pueden observar desde la ventana, ha asesinado a su esposa. Ambos deciden recrear la trama de La ventana indiscreta y reanimar su relación como lo hicieran James Stewart y Grace Kelly.
El presumible conocimiento de la audiencia de la trama de la película de Hitchcock hace que Asesinato en la 3ª planta sea un film predecible en su construcción narrativa, sin embargo, Rémi Bezançon -a cargo del guion y la dirección de la cinta- equilibra la convencionalidad narrativa con un tono de comedia que funciona porque aprovecha las expectativas de la audiencia. Los elementos de misterio y comedia mantienen el interés de la trama a pesar de la narrativa que se acerca más a un episodio de Se ha escrito un crimen que a las virguerías narrativas de la saga Puñales por la espalda.

Los dos protagonistas están excelentes, poniendo su química por delante y dotando a sus personajes, no solo de empatía, sino de cercanía que los hace muy reconocibles. De hecho, el talento de Lellouche y Casta es lo que aleja a Asesinato en la 3ª planta de un telefilm de domingo, pues la puesta en escena de Bezançon es poco más que funcional.
La trama busca adaptarse en demasía a estas referencias constantes al cine de Hitchcock que al inicio resultan entrañables, pero a medida que avanza la trama cortan el ritmo narrativo en pro de un gag referencial. A pesar de que la película no está necesariamente dirigida a un público cinéfilo, los conocedores de la obra de Hitchcock se verán entretenidos por las referencias constantes a Vértigo, Rebeca o Alfred Hitchcock presenta.
La mayor habilidad de Asesinato en la 3ª planta es satirizar con los códigos del género de misterio, referenciando a Hitchcock, pero posicionándose más cerca en estilo y forma de Misterioso asesinato en Manhattan. Su adscripción al género la convierten en una obra que no sorprende ni emociona, aunque logra entretener y es consciente de sus fortalezas y de sus limitaciones. Lo que tiene muy claro Rémi Bezançon es que, por mucho que quiera reverenciarlo, solo ha habido y solo va a haber un Alfred Hitchcock.