«Cada día nace un listo», la nueva película de Arantxa Echevarría, confirma algo que su cine lleva años insinuando: las contradicciones sociales de nuestro tiempo como ella quiere mostrarlo. Después de trabajos como «Carmen y Lola» o «La infiltrada», Echevarría pasa de films más tensos a la comedia con acción.
La historia sigue a Toni, un buscavidas especializado en vender humo, exconcursante de televisión que debe pasta todo el mundo y intenta sobrevivir en el norte de España. Lo interesante es que Echevarría nunca lo retrata como un gran manipulador sofisticado, sino como el producto perfecto de una época donde la estafa ha dejado de esconderse para convertirse en modelo aspiracional. Toni no engaña desde el poder; engaña desde la precariedad y la desesperación.
No todo es perfecto
Hugo Silva es Toni, funciona porque nunca termina de ser un villano puro: hay algo profundamente triste, te da pena en cierto modo, en su necesidad constante de inventarse a sí mismo.

Visualmente, nos enseñan una San Sebastián fea, muy urbana, de calle, muy poco reconocible, pero a la vez la otra vertiente, oficinas impersonales, pisos alquilados con decoración aspiracional, restaurantes de moda llenos de gente hablando de dinero que no tiene. Todo transmite una sensación de artificialidad permanente.
El guion es lo más flojo de la pelicula, se siente sin alma, sin mucho más allá de lo que nos tiene acostumbrados la directora, es irreconocible. Intenta tener esos toques de humor, alguna risa te suelta, pero muy pocas, no deja de ser una peli de acción, sin mucha acción precisamente.
Conclusión: Arantxa Echevarría firma una sátira inteligente, amarga y muy actual sobre la precariedad emocional y económica de una generación que ha aprendido a sobrevivir convirtiendo la mentira en forma de vida. No va a ser la pelicula del año, pero si no tienes nada mejor que ver, te va a entretener, algo.