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Amanda Sans Pantling retrata la vida y el legado de Diane Jobson

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.
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La directora Amanda Sans Pantling presenta en el Festival de Málaga su documental «Miss Jobson», que compite en la Sección Oficial de Documentales. Con una sólida trayectoria en el ámbito del documental, ha trabajado para plataformas y televisiones internacionales y debutó en los documentales con «Songs of Redemption», premiado en diversos festivales. En esta nueva obra, la cineasta construye un retrato íntimo de Diane Jobson, veterana abogada jamaicana vinculada al movimiento rastafari, explorando su vida, su compromiso social y el legado de décadas dedicadas a la defensa de los más vulnerables.
«Miss Jobson» compite dentro de la sección oficial de documentales en el Festival de Málaga.

¿Qué sensaciones tienes de estar en Málaga? ¿Qué nos puedes contar de ser una de las candidatas de obtener un premio al final del festival?

Que bien. Hombre, a ver, estar en un festival como el de Málaga es ya para mí un premio, directamente. Porque hoy en día se producen un montón de películas, de largometrajes, documentales, muchos de mucha calidad. Yo lo he visto en la ruta de festivales que estamos haciendo, yo hice la premiere mundial en Tallinn, que es un clase A. Fue un clase A y nos contaban desde Tallinn, ahí íbamos en competición 10, y nos contaban que habían recibido, creo que como 2.000 o 3.000 documentales. O sea, una barbaridad.
Es mucho.

O 4.000, no me acuerdo, pero aquí en Málaga también recibieron un montón. Entonces hay una enorme producción y al final solo nos escogen a unos cuantos. Entonces ya estar aquí para mí es un reconocimiento. En ese sentido estoy súper contenta. Y lo que más me hace ilusión es estrenar en casa, ¿no? Porque está muy bien estrenar fuera y tal, pero a mí lo que me apetece es que el público de aquí lo vea.

Hablando sobre el documental, ¿cómo te llega la historia de «Miss Jobson»? y una vez que la conoces, ¿cómo se te ocurre contar la historia?

Contesto la primera parte primero y luego te hablo del proceso de desarrollo y de escritura de guion, ¿no?, de cómo lo llevo. A Diane la conozco porque yo soy productora ejecutiva también de la película, pues mi coproductora ejecutiva, digamos, mi socia en esto es jamaicana. Hemos hecho otros proyectos juntas y hubo un momento durante la pandemia, en el 20, donde yo estaba buscando temas nuevos para alguna película. Y la verdad es que Jamaica es un país fascinante donde le das una patada a una piedra y te salen mil historias. Y tenía muy claro que Jamaica, yo quería volver a hacer algo porque es una cultura que no te la acabas, ¿no? Y entonces, de repente, un día me dice Tami, «oye, me he cambiado de casa y tengo una vecina muy peculiar».

Y era Diane, Miss Jobson. Y yo así, y entonces Tami me empieza a hablar de ellas, son vecinas, empiezan a verse y entonces Tami la empieza a conocer poco a poco. Y me dice, «oye, Amanda, yo creo que esta mujer te va a fascinar». Y entonces, en el 21, cuando hubo una pequeña apertura de la pandemia, cogí un vuelo y me fui a Jamaica. Y así la conocí.

Entonces, luego me quedé como un mes y medio ahí y también descubrí a su mejor amiga, que es Sally, que… Y entonces de repente dije, «no me lo puedo creer. O sea, aquí tengo una historia», ¿no? Porque recuerdo que empecé a convivir mucho con ellas gracias a la facilidad de estar de vecina. Porque yo me quedé en casa de mi productora, ¿no? Y entonces, claro, la veía cada día. Y entonces yo empecé quedando con ella, a tomar un café con ella. Luego empecé a convivir más con ella, poco a poco. Y así fue como, de repente, viendo, observándola, ¿no? Porque fue un trabajo muy de observación, de ver cuál era su vida. Se nos ocurre que esta es la película.

¿Y cómo llegó al tema de la película, no? Un poco, porque la primera tentación era hacer algo sobre Bob Marley, inevitablemente. Sí, pero cuando tú estás con ella, habla mucho de Bob Marley. Y yo creo que Bob Marley fue el gran amor de su vida, pero nunca me lo dijo en cámara. Pero creo que marcó mucho a su vida, ¿no? Ella crio a buena parte de sus hijos, como se ve en la película. Pero también yo creo que el hecho de introducirla en el mundo del rastafarismo para ella fue clave, ¿no? Pero sí que vi mucho, ¿no? Me fijé mucho en este mundo de violencia en el que vive. Porque ella como se dedica, es de abogada de los pobres. Y luego vi cómo ella, en su tiempo libre, pasa mucho tiempo libre conectada con la naturaleza.

Que creo que es algo de salud mental para ella, ¿no? El poder desconectar. Y es muy propio el rastafarismo también, la conexión con la naturaleza. Y cómo con su amiga Sally se pasaban la vida recordando cómo viajaban en coche por Jamaica cuando eran jóvenes. Era constante. Entonces, a partir de ahí me di cuenta de que su conflicto principal es que no quieren envejecer. Ella creo que adquirió un compromiso muy fuerte cuando se hizo rastafari. Y su misión es ayudar a los pobres que están muy oprimidos en los guetos de Jamaica. Ve que se le acaba el tiempo.

¿De poder ayudar a toda esa gente que lo necesita?

Exacto. Entonces, de alguna manera, articulé la película a través… Lo que intenté enfocarlo es como si fuese su testamento vital, esto es un poco lo que hice. Porque, claro, ella es una mujer que está en el ocaso de su vida, que sigue, que de alguna manera con su amiga vuelve a la niñez. Se tiran tirolinas, ¿no? Son juguetonas. Y al mismo tiempo ves que ya está exhausta de su misión. Hay una conversación en la película donde ella dice, «en cualquier momento me puedo desplomar en la calle”.

Sí, de hecho hay una frase que dice, que la tengo aquí apuntada: “¿por qué mi cuerpo no ha seguido el ritmo de mi mente?”, como muestra de esto que estamos comentando sobre el paso del tiempo que ella ve.

Cuando rodé esta escena, que la rodé, me pasaba una cosa. Sally y Diane hablaban mucho todo el tiempo. Entonces, de repente, yo quería que se callasen y, como sé que les disgusta dibujar, dije, «a ver, ¿por qué́ no dibujáis un poco?» Y se pusieron a dibujarse la una a la otra.

¿Cómo retratos?

Sí, la escena que viste que se están dibujando la una a la otra, ¿no? Y yo esto lo rodé inicialmente porque quería una escena de paz. De tranquilidad, de como algo simple. Y cómo de una cosa tan anecdótica se genera, para mí, la conversación más clave de toda la película. Que es donde ella claramente establece su carrera contra el tiempo. Y esa frase es la parte del documental donde más se nota lo que estamos comentando. Es de alguna manera hace que la película se redirija hacia otro lado.

Cuando estuviste en Jamaica, ¿tuviste la sensación de que lo de la edad no va con los que practican el movimiento rastafari? Por todo lo que se habla, se sabe lo rastafari, es como que no tienen edad. Para ellos no hay edad, la sensación de que da igual 50, da igual 30, da igual 80.

Sí, pero creo que también es un poco propio de la cultura jamaicana. Yo aquí, por ejemplo, yo en Jamaica soy muy feliz porque en ningún momento… Hay una cosa muy guay en Jamaica, que es que aquí, por ejemplo, que hay un edadismo muy claro de todas las mujeres. Viste las imágenes de Demi Moore el otro día, ¿no? No sé si las viste, que fue a un festival de cine y que, digamos, yo creo que pesa 40 kilos, se ha tocado la cara, ¿no? Y esta presión sobre la edad de las mujeres, sobre todo las que trabajan con su imagen, es muy bestia. En Jamaica, a mí siempre me ven joven. O sea, me ponen 30. O sea, que es un poco de la cultura jamaicana.

Un viaje por los recuerdos de esta figura esencial en la vida de Bob Marley, conocida como “la abogada de los pobres”

«Miss Jobson» sirve para conocer un poco mejor la figura de una mujer diferente, que lucha por lo más desfavorecidos, por los que más lo necesitan, de hecho se la conoce como “la abogada de los pobres”. Pero también se pueden ver temas relacionados con el amor, con el sentido de la vida, sobre el compromiso social. ¿Cómo estructuras a la hora del guion y luego a la hora de dirigir, para que se vea más temas de los que parece ser que hay a primera vista?

Vale, buena pregunta. Vale, tengo que pensar esta respuesta, es una muy buena pregunta. Yo creo que fue un trabajo desde la sutilidad, ¿vale? O sea, yo lo que quería era no explicitar ninguno de los temas que están ahí, que fuese una capa transparente que atraviesa la película. Hay documentales donde te explicitan mucho cuál es el tema, y en cambio aquí para mí tenía que ser como, no sé, me sale como una metáfora chunga, que es como un milhojas, pero se tenía que ir desgranando todos estos temas. Además, has dicho todos los que son, el sentido de la vida, el compromiso, se tenían que ir desgranando de forma progresiva, ¿vale? Entonces, a la hora de rodar, piensa que rodé durante cuatro años, no, tres, rodé como, pero durante tres años y medio, luego es el montaje, estuve cuatro años con la película, pero sí.

Lo que hice mucho, y eso, si era una producción independiente esto sí he podido, no tenía presión de entregas ni nada, rodé una muy buena primera parte primero y me fui a sala de montaje.

Y lo que hice en sala de montaje fue trabajar el tono, y trabajar, ver, empezar a ver todas estas escenas que estaba rodando, cada una qué significado tenían dentro de la película, entonces ahí sí que hice un trabajo muy grande de montaje, y de ir desgranando todo esto, entonces lo que hice fue a partir de ahí enfocar el siguiente rodaje, digamos, guionizando ya algunas escenas que tenían que completar este mosaico. Por lo tanto, la película es muy observacional en algunos momentos, pero en otros he guionizado secuencias.

Un tema también importante es la imagen de Jamaica como país, no solamente la cultura rastafari, que puede ser lo que digamos se ve desde fuera, un país de felicidad, de que parece que nada, no es que nada importe, pero que van a su ritmo, de que no hay preocupación, de que no hay problemas, pero realmente no es así. Es cierto que en otros documentales que has hecho sobre Jamaica ya habías reflejado situaciones del país (corrupción, violencia, inseguridad). Entonces, a la hora de estructurar lo que estabas comentando antes, también ¿pensabas en algún momento, no quiero reflejar esto, pero que de fondo también es importante que se vea?

Claro, ayer lo comenté en el Q&A, yo llevo muchos años rodando en Jamaica, y conozco bien la cultura jamaicana, y lo que sí que quería era evitar cualquier tipo de cliché sobre Jamaica. Primero, musicalmente, fue una decisión no utilizar a Bob Marley, que era una tentación muy fácil, y no lo uso.

Hay un momento que en el plato de televisión suena, porque sonó ahí y yo no la puse. Pero deliberadamente busqué una banda sonora que no fuese nada cliché, y por eso tengo un compositor. Es verdad que luego hay un par de temas, hay uno de Peter Tosh, hay uno de Family Man, pero en cuanto a los temas, y ahí vuelvo otra vez a este trabajo de montaje, de hacer una primera parte de montaje, donde tampoco quería dar una imagen de Jamaica como lugar violento, o sea, solo mostrar el lado.

Una de las tentaciones era hacer solo una película sobre el trabajo de Diane, su trabajo como abogada. Pero yo ya he hecho películas en el gueto de Jamaica, mi primera fue Songs of Redemption en una cárcel jamaicana, un documental musical, y luego hice otra que se llama Last Street en el gueto de Jamaica. Entonces para mí ya había abordado esos temas en otros documentales.

Luego me parece también que siempre que se piensa en Jamaica o se piensa en marihuana, en Bob Marley o en violencia. Y yo quería que la violencia tampoco se fagocitase la historia. O sea, había dos premisas: no quiero que Bob Marley se me coma esta historia, tampoco quiero que la imagen de Jamaica como un país violento, corrupto, que lo es, tampoco se coma mi película.

Por eso la película va transitando entre… Y el personaje, o sea, el personaje, perdón, Miss Jobson es lo que yo estoy sacando, entonces esa herramienta, entre comillas, para explicar lo que… Los dos mundos, claro, porque yo cuando voy a Jamaica, para mí es irme a un refugio de paz. O sea, porque me conecto mucho con la naturaleza en Jamaica, esa conexión que tiene ella, yo me identifico mucho con ella. Por eso sí, es un instrumento para mostrar también las caras bonitas de Jamaica, porque si te ves, yo también en la fotografía, intenté hacerla muy bonita la película, o sea, como una fotografía muy naturalista, pero muy estilizada, que embelleciese mucho, incluso los momentos tristes de violencia, fuesen muy luminosos. Cuando ella va al gueto y se encuentra con los policías y los increpa, tiene un colorido el gueto ahí, tienen unos colores muy vibrantes. Entonces sí, he intentado… Sí, ella es el vehículo para mostrar la Jamaica que yo conozco.

Para finalizar, como conclusión ¿Qué reflexión te gustaría que se llevaran los espectadores de Miss Jobson?

Son muchos temas. Sí. El tema más o menos del documental se queda claro, es quitar el estigma de Jamaica, no es solo lo que se ve, sino hay mucho más.Sí, pero creo que también es un gran ejemplo de cómo envejecer con deportividad. O sea, para mí, yo quiero envejecer como estas dos mujeres. Aquí, además, hay un estigma sobre envejecer. Sí. Estas dos mujeres han envejecido con estilo y nunca han desconectado de las niñas que tienen dentro, de las niñas juguetonas que tienen dentro. Y para mí eso es lo que más aporta, más luz a esta película, su vitalidad y su forma de colocarse entre el mundo.

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