«Querer» fue una de las grandes sorpresas de 2024. Dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, la miniserie de Movistar Plus+ se consolidó rápidamente como una de las producciones más aplaudidas y magistrales de la pequeña pantalla de este país. «Querer» ponía el foco en la desintegración de la familia, en el final de su recorrido y en un cambio de paradigma que empodera al individuo en detrimento de la familia como institución. Tras su éxito, era previsible que Ruiz de Azúa optará por volver a plasmar su idea contemporánea de la familia en su próxima película.
Los domingos, flamante ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián, sigue los pasos de Ainara, una joven de 17 años que, contra todo pronóstico, decide vivir una vida religiosa y unirse a un convento de monjas. Esta peliaguda decisión desatará un terremoto en el seno de una familia cuya idiosincrasia evoca rápidamente al fin de los tiempos.

No es de extrañar que la gran mayoría de lecturas analíticas que se han podido leer respecto a Los domingos vayan ligadas a la fe y la iglesia como institución. El tema es jugoso, casi tabú en la España de 2025, y contrasta enormemente con la juventud que, se presume, deben vivir los descendientes de los padres que decidieron darle la espalda a la fe y abrazar el pragmatismo. A pesar de ello, la familia se erige como pilar fundamental de un relato que no pretende presentar un ensayo sobre la fe, sino hacer uso de ella para acercarse a una problemática que acecha la institución más consolidada de nuestra sociedad: la familia.
Los domingos no es una película sobre Dios. Ainara, interpretada por la primeriza Blanca Soroa, quiere ser una monja, pero sobre todo quiere no ser hija de su padre y sobrina de su tía. En este caso, la religión no es otra cosa que una vía de escape a las invasivas garras de la familia. Como en Querer, Alauda Ruiz de Azúa quiere demostrar a través de Los domingos que vivimos en la era de la sociedad líquida que conceptualizó Zygmunt Bauman. Las relaciones personales, y familiares, están en entredicho, son más efímeras que nunca y sus pilares se desmoronan con cualquier paso en falso.
«Hay muchas espiritualidades, pero solo un Dios», dice una de las monjas que confían en la fe de Ainara. De nada sirve que la tía de Ainara, interpretada por la siempre convincente Patricia López Arnaiz, insista en retener a la joven. Ya ha decidido quién es su Dios, y no es su familia.
Los domingos debería ser una de las grandes protagonistas de la próxima gala de los Goya. En un año donde el cine español está brillando como hacía tiempo que no hacía, Los domingos se erige como la gran favorita, con permiso de Sirat. Presumiblemente, las nominaciones a todo su elenco están aseguradas, además de las labores de Ruiz de Azúa como directora y guionista de la obra. El estreno de grandes películas siempre es una buena noticia para nuestra cinematografía, y más si vienen acompañados de reflexiones tan sinceras, transparentes y categóricas como la que gira en torno a la desertora de Los domingos.