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«Un cabo suelto»: intriga, silencios y quesos

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.
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«Un cabo suelto», dirigida por Daniel Hendler, es un thriller con toques de comedia negra que busca combinar suspense, humor y drama en una historia sobre segundas oportunidades. La película sigue a Santiago (Sergio Prina), un cabo de policía argentino que, tras un conflicto con sus compañeros, huye a Uruguay, donde se enfrenta a la necesidad de reinventarse y sobrevivir mientras interactúa con diversos personajes que influyen en su camino.

El filme destaca por su tono pausado y su atención a los silencios incómodos entre los personajes, que generan momentos de humor sutil. Estos detalles funcionan en varias escenas, aunque en ocasiones las pausas se sienten algo prolongadas, restando ritmo a la narrativa. La cinematografía de Gustavo Biazzi retrata con delicadeza los paisajes rurales y cotidianos, imprimiendo un sello visual fuerte que haga que la película destaque en ese aspecto. La música de Matías Singer acompaña de manera discreta, reforzando la tensión sin sobresalir.

Uno de los rasgos más interesantes de Un cabo suelto es la forma en que Hendler combina géneros: el thriller se mezcla con el humor absurdo y el drama existencial, creando una atmósfera que mantiene el interés aunque no siempre sorprenda. La fijación del protagonista con la producción y maduración del queso funciona como un elemento recurrente, que aporta cierto carácter al relato, pero cuyo significado simbólico queda abierto a interpretación y, para algunos espectadores, puede sentirse repetitivo.

En cuanto a las interpretaciones, Sergio Prina ofrece un Santiago creíble, con una mezcla de vulnerabilidad y astucia que sostiene la película, mientras que los personajes secundarios, incluidos Pilar Gamboa y otros, aportan calidez y humor, aunque podrían haberse desarrollado con mayor profundidad para aumentar la carga dramática de la historia, aunque en el caso de Alberto Wolf como dependiente de un puesto de quesos, la poca presencia funciona muy bien, debido a que lo suple con toque de humor un poco absurdos.

Un cabo suelto ha sido reconocida internacionalmente: fue seleccionada para la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián 2025 y recibió el Premio WIP Latam en 2024, galardón que subraya su potencial dentro del cine latinoamericano. Este reconocimiento refuerza la relevancia de la película en el circuito festivalero, aunque fuera de él, la obra puede sentirse más como un entretenimiento reflexivo que como un thriller plenamente absorbente.

En conclusión

La película combina elementos de humor y suspense con un enfoque en los personajes y sus relaciones, ofreciendo momentos de diversión y tensión equilibrada. No reinventa el género, pero logra entretener y mantener la atención del espectador gracias a su tono peculiar, sus silencios calculados y el trabajo convincente de su reparto. Es una propuesta interesante dentro del cine latinoamericano contemporáneo, que refleja el estilo cuidadoso de Hendler y su capacidad para explorar matices humanos en situaciones de conflicto.

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