«Dejar ir», «el amor propio», «la protección de la dignidad», son cosas tan fáciles de decir (o de escribir) pero es un trayecto lleno de dolor, fallos y problemas a superar. En «Adorable», la directora, Lilja Ingolfsdottir, nos enseña el rocoso camino hacia el respeto y amor para uno mismo y para los demás.
Todo comienza cuando conocemos a Maria (Helga Guren), una madre de dos hijos que conoce a su futuro segundo marido, Sigmund (Oddgeir Thune), tras enamorarse locamente de él, empieza una fase en la que se enfrenta a un desafío nuevo: ser una buena madre que hace malabares para cumplir con todo. Tristemente la caótica rutina que lleva Maria acaba rompiendo su matrimonio, Sigmund le pide el divorcio y acusa a Maria de tener problemas para gestionar su ira. A partir de ese momento Maria tendrá que iniciar un difícil camino para conocerse, respetarse y dejar ir.
Los procesos para conocerse a uno mismo están llenos de momentos de dolor en los que es normal querer rendirse y seguir creando odio para uno mismo y para los demás. Helga Guren nos asombra abrazando cada instante de ese proceso, haciéndonos sentir casi vergüenza o pudor cuando vemos su evolución como si estuviéramos mirando por una mirilla. Del mismo modo, no podemos sentir más que pena y una triste empatía cuando observamos a Sigmund, quien a pesar de no ser perfecto, es víctima del duro temperamento de Maria.
La actuación de Adorable crea una impresión similar a la de Historia de un matrimonio (2019) es decir, Guren y Thune nos hacen partícipe de su íntima relación, la cual es tan realista desde el primer momento, por esa misma razón esperamos que la salven desesperadamente durante todo el largometraje.
Adorable nos explica una hermosa y silenciosa reflexión, para llegar a un estado de paz mental y auto amor, a veces, hay que pasar por el ruido y odio que puede llegar a conducir el cuerpo. A pesar de que esta película no compita para ser una favorita, es una gran advertencia de lo que de verdad nos debe mover: el amor y la compasión.