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«Los hilos del crimen”: Los múltiples caminos de la vida

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Nuestra vida es una sucesión de decisiones que según elijamos, nos lleva por un camino u otro del largo río de la existencia. Pero, que pasaría si fuéramos capaces de ver hasta dónde nos conduce nuestra elección, y en último extremo, volver atrás para desandar el camino. Con un ritmo desenfrenado y una divertida puesta en escena, esto es lo que nos plantea «Los hilos del crimen» (dichosas traducciones), ópera prima del joven cineasta Freddy Macdonald, que puede verse en Movistar Plus+ desde el pasado 9 de julio. Una comedia criminal tan absurda como rompedora, que, a pesar de sus claras influencias, sabe tejer (nunca mejor dicho) su propio estilo que roza sin pudor el surrealismo más descacharrante.

Nominada a la mejor película en la Sección Noves Visions de la pasada edición del Festival de Sitges, Los hilos del crimen cuenta con una premisa tan sencilla como excéntrica: Bárbara (Eve Connoly), una costurera huérfana que intenta salvar el negocio de su madre fallecida, se introduce (sin querer) en medio de una vorágine de tráfico de drogas y moteros, que le planteará un dilema moral. Tres sendas que tomar, tres hilos con los que tejer: robar el dinero, ser una buena ciudadana y llamar a la policía o hacer como si nada. Los hilos del crimen explora las consecuencias de cada decisión, desdoblando la narrativa en realidades alternativas que coquetean con el noir más clásico, la farsa más absurda y la fantasía más desbordante.

¿Es real lo que estamos viendo? Esa es una de las primeras preguntas que el espectador se plantea —y con razón— cuando se van desarrollando los acontecimientos, en una historia ambientada en una Suiza rural en la que todo parece fuera de lugar, los diferentes personajes parecen sacados de un manual de lo absurdo y los retratos de punto de cruz «hablan» gracias a pequeños altavoces. Macdonald construye un universo que no es coherente, pero tampoco pretende serlo. Es, más bien, como una caja de costura llena de bobinas de diferentes tamaños y colores, ideas alocadas, hilos sueltos y botones que no siempre encajan. Sin embargo, a pesar de su alocada premisa, su historia nos mantiene en vilo hasta el final, gracias a su ritmo frenético y su alocada excentricidad.

Los hilos del crimen no pretende reflejar el mundo tal y como es, sino que se inventa uno sobre la marcha, en el que los géneros se entremezclan, en apariencia sin lógica y la narración toma derroteros inesperados. Como comenté antes, encontramos en la película, claras influencias que van desde los Coen al más iniciático Wes Anderson, sin dejar de lado el sello original que impregna el propio Macdonald en su debut como director. Las secuencias en las que Barbara —interpretada con una mezcla de vulnerabilidad y encanto por Eve Connolly— utiliza su destreza con la aguja para fabricar trampas y dispositivos, que alucinarían al mismísimo MacGyver, son tan ridículas como deliciosas. Sin olvidar, la escena en la que protagonista, en un momento de gran tensión emocional, danza entre hilos de algodón y sorprendidos comensales, al ritmo de «The Sewing Machine» de Betty Hutton. Uno de esos momentos que, como espectador, adoras o terminas odiando.

Hay que dejar claro que Los hilos del crimen no es para todos los públicos. Su premisa ya de por sí, puede chocar a más de uno, sin olvidar que su humor a veces se estira hasta romperse como un hilo desgastado, sus personajes rozan la caricatura y la narrativa puede resultar caótica (incluso frustrante) si lo que buscas es una historia con consecuencias reales o emociones profundas. Sin embargo, su falta de pretensiones convierte a esta película en todo un descubrimiento, alejado de otras que buscan trascendencia. Porque más allá de su exploración de los límites entre el bien y el mal, su única intención es jugar, y hacernos partícipes de ese caótico juego.

En resumen

Con un manejo del lenguaje audiovisual sorprendente para un debutante como Freddy Macdonald, en Los hilos del crimen apuesta, además de por explorar los límites entre el bien el mal, como de fina es la línea entre ser víctima o verdugo. Con la firme pretensión de hacernos disfrutar, la película también nos recuerda cómo hasta las decisiones más insignificantes pueden cambiar nuestra vida por completo. En el fondo, su historia puede ser algo común que hemos visto en mil ocasiones, pero su estilo rompedor, y la anarquía visual que inunda cada fotograma, hacen de esta película una pequeña joya que merece nuestra atención.

Los hilos del crimen es la película ideal para quienes disfrutan de lo excéntrico, lo juguetón y de las historias que no se toman demasiado en serio… pero sí lo suficiente como para hacernos reflexionar y dejarnos su impronta. 

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