Vamos a hablar de los fans de una serie, no de la serie. Bueno, también vamos a hablar de la serie, porque no tendría el nivel de popularidad una serie de la que no se hablara, por lo menos un poco. Pero vamos a ir al otro extremo, a darle la vuelta para hablar de lo que era el fenómeno «Perdidos».
Esta serie empezaba con un accidente de avión en una isla aparentemente desierta y paradisíaca en la que los personajes debían de sobrevivir. El problema era que la isla ni estaba desierta, ni era paradisíaca (ni era una isla). Partiendo de esta premisa, la serie iba mostrando el pasado de cada personaje para definir un poco el punto de partida, y al estilo de El señor de las moscas establecer los roles de cada uno en el nuevo paisaje en el que se encuentran. Hasta aquí (más o menos), lo que era Perdidos. Ahora vamos a lo que significó.
Un documental llamado Getting Lost, que pudo verse en Filmin (como no), intenta acercarnos a través de los actores, los creadores, los guionistas, los productores, etc, a quienes eran (y todavía son) los fans de Perdidos. Porque en esa maravillosa época los que importaban eran ellos, algo reconocido en el documental por figuras de la televisión, a su vez creadores de la serie como el productor y director J.J. Abrams (Alias, Fringe, Westworld) o el guionista Damon Lindelof (The Leftlovers, Watchmen).
Si, era otro mundo, un mundo sin redes sociales ni plataformas en el que prevalecía un mercado pirata sin marketing ni índices de audiencia que bebía del boca a boca, por eso el fenómeno fan era tan importante ya que arrastraba a la popularidad de un determinado producto a millones de personas en todo el mundo; lo que se tenía en cuenta era esa multitud de vidas anónimas que veían la misma serie que tú, y cómo sus vidas orbitaban e incluso ahora, 20 años después, siguen estando relacionadas con unas tramas y unos personajes que en ocasiones eran tan caóticos y tan irreales que tal vez no merecían ese seguimiento. Pero es lo que tiene el fanatismo, que no razona. Es tan fan de los fans este documental, y era tan de fan de los fans la serie.
Perdidos fue probablemente la primera serie global, viral, trending topic, mainstream, la serie que todo el mundo seguía al mismo tiempo, dentro y fuera de USA, los espectadores americanos viendo la cadena ABC y los espectadores del resto del mundo descargándosela pacientemente y viéndosela torpemente subtitulada en unas infames pantallas, es decir, comportándose como auténticos fans.
Intentar entender la trama es inútil. Intentar destriparla, un poco también, y siendo una serie diseñada sin final, algo reconocido por sus creadores, sin seguimiento narrativo analizado previamente, sin ningún lugar la que llegar es hasta normal que se produzcan los vaivenes argumentales que se producen a lo largo de sus seis temporadas. Hasta la cabecera era improvisada, la creó torpemente editada J.J. Abrams en su portátil entre toma y toma del extraordinario (y carísimo) episodio piloto como un borrador, y así se quedó. Tal cual.
Por eso es tan consecuente acercarse a este producto audiovisual justo al revés de lo habitual, desde el punto de vista de sus seguidores en vez del de sus creadores, ya que analizar una serie como ésta en la que sus autores no consiguen ni defender sus decisiones creativas 20 años después es algo bastante inútil. Es necesario acercarse desde el centro de creación hacia el extremo de las consecuencias de esa creación, desde los guionistas hasta los espectadores, y a través de este punto de vista es en donde está el enfoque necesario para hablar de ella; y no puedes evitar sentir un fuerte impulso de ver la serie (disponible en Disney + o Netflix) al darte cuenta como a tanta gente le cambió la vida ver Perdidos. Y echas la vista atrás y piensas en lo que hiciste tú para ver el capitulo siguiente de Perdidos en esas condiciones en que veías los episodios tan alejadas de las actuales pantallas de 55 pulgadas y el UHD, en versión original subtitulada, tú que nunca veías nada subtitulado; y cómo reíste, lloraste, y tantas otras emociones diluidas y reencontradas en las caras, las lágrimas y las vidas de todos estos fans que aparecen en el documental y que siguen emocionándose recordándola; a través de sus recuerdos de la serie te engancha la necesidad de recordar de nuevo cómo te sentiste cuando viste el episodio del oso polar, o el del barco de Penny, o la sorprendente aparición de Los Otros, la existencial trama de la cuenta atrás… y te asombra que los grandes momentos que recuerdan los verdaderos fanáticos de la serie son los que tú también recuerdas.
Impacta la descripción del modo en que la gente se obsesionó con esta serie, el por qué lo hicieron y sobre todo, el por qué ya forma parte de sus vidas del mismo modo en el que ya forma un poco parte de la tuya, aunque lleves tiempo sin ver la serie o ni te plantees volver a verla.
Hay datos que ni recordaba. En EEUU se cambió de día el Discurso del Estado de la Unión, probablemente la cita política más importante del año para un presidente en ejercicio para no coincidir con el final de Perdidos; la gente que en aquella época estaba en un hospital, enferma de verdad, muriéndose, y que lo único que quería era seguir viva un día más para poder ver el siguiente episodio. O ese grupo de fans que jugó a la lotería los dichosos números que aparecen en la serie… y les tocó. O la huelga de guionistas, que hizo que una de las temporadas terminara a la mitad, con lo que esa temporada (la 4), es casi surrealista, y tiene posiblemente el final de temporada más abstracto de la historia.
Todo formaba parte de la experiencia de ver Perdidos.
Es conmovedor escuchar al grupo de guionistas que siguió adelante a pesar de las incongruencias que iban creciendo a medida que se estrenaban los nuevos episodios y las tramas inacabadas se acumulaban sin llegar a ninguna parte; cuando le planteaban a la cadena que la serie tenía que tener un final, que era una serie de suspense, y no una sitcom, y este tipo de producto tiene que finalizar para que tenga algún sentido narrativo, la cadena, que era ABC, con su buena dosis de publicidad, les contestaba que había que seguir con el filón a toda costa. Ante la negativa de la cadena a finalizar algo que les estaba siendo tan rentable, esos guionistas dijeron “pues vale, tiremos hacia delante y probemos cosas únicas, dará lo mismo cuando se termine”. Y eso hicieron, cosas únicas, con sus luces y sus sombras, pero que ya forman parte de la historia de la televisión.
Cuando finalizó, Perdidos se convirtió en la serie con el final más decepcionante de la historia, dicho ésto por sus propios seguidores (y un poco por sus creadores también), superando a otro final que no gustó a casi nadie como el de Los Soprano. Está claro que en esa huida hacia adelante, en ese continuar la historia a toda costa era bastante complicado que aquello acabara bien y este documental es tan amable con ese final, hay tanta comprensión entre todos esos fans con el final de la serie, que las excusas, las razones, las tímidas disculpas de los creadores parecen surtir efecto cuando se suman a la nostalgia; ese final que ha sido durante años paradigma del peor final que pueda haber, el final que ha obligado como dice uno de los responsables del mismo, a pensar antes en el final al resto de series que se han producido a partir de Perdidos, visto con la distancia del tiempo transcurrido no es tan malo, es hasta consecuente con el periodo vital de toda esa gente que, como yo, se ponía delante del monitor del PC (si, en eso también fue pionera) para ver en una pésima calidad y con subtítulos inventados por otros usuarios en muchas ocasiones, cómo transcurrían las vidas de los personajes del vuelo 175 de Oceanic.
El corazón seriéfilo de muchos se quedó para siempre en aquella isla. Bendita seas, Perdidos. Palabra de fan.

