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«Venom: el último baile» se queda a medias

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Felipe José García
Felipe José García
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Llega la última y ¿definitiva? entrega del «Venom» de Tom Hardy. Necesita resarcirse de la horrorosa segunda parte, y ver si puede encajar en ese universo multiversal de Marvel, tras la última de Spiderman. Tras dejar claro que no pertenece al UCM actual, ni tampoco al de la saga de Sam Raimi, que tenía su propio Venom, parece ser que le toca formar parte del «Amazing Spiderman» de Andrew Garfield, al que le ha venido muy bien su aparición junto Tom Holland y Tobey Maguire. Pero la aparición de Rhys Ifans en un personaje muy diferente al del Lagarto nos hace pensar que en este universo no hay hombre araña, de momento.

Hay crisis en el universo de héroes. Salvo la muy gamberra Deadpool Vs Lobezno, nada ha conseguido recuperar la ilusión en el mundo de superhéroes. Las series de Disney+ que iban a servir como revulsivo, han conseguido lo contrario. Incluso Agatha está repitiendo la fórmula de Wandavision pero con mucho menos impacto. Algo huele a podrido en el mundo de los superhéroes y de ello quiere aprovecharse Venom, como buen simbionte. Visualmente es la caña, y muestra de ello es ese homenaje copia que le hacen en Los anillos de poder, cuando asistimos al resurgir de Sauron. Sólo le falta una buena trama, y eso se notó en la primera película. La segunda fue un fracaso absoluto. Por eso esperábamos que esta tercera remontase con todos los guiños necesarios para contentar a los fans de Marvel. Una lástima que se queda a medio camino.

Una vez más vuelve a repetir los mismos errores ya vistos en el universo cinematográfico de Marvel desde Vengadores: End Game. Estamos deseando que hagan referencias a Thanos, al chasquido y a lo que está pasando desde ese regreso tras desaparecer durante cinco años y lo único que nos encontramos es una leve referencia hasta que vuelve a su universo… Porque sí, han desaprovechado que Venom ha estado en el mismo universo de nuestro Vengadores tras los sucesos de Spiderman: No way home. Una vez reestablecido asistimos a un viaje interruptus a Nueva York, donde ese pueblo sudamericano donde comienza tiene aires cartageneros. Luego pasamos al desierto de Tabernas en Almería, para pegar el salto a Las Vegas y su cercana Area 51, para la traca final.

Una lástima porque la trama del Area 51 prometía mucho, con Juno Temple con un magnífico personaje como ya nos tiene acostumbrados desde Ted Lasso y la última temporada de Fargo. De hecho si hubieran dedicado más tiempo a contar su historia, motivaciones y saber de donde sale todo lo que tienen allí escondido, el colofón final hubiera sido más satisfactorio. Comienza bien con ganas de ver al simbionte en acción, para pasar a un tedio ilógico, con ese último baile al que hace referencia el título que contentará a los muy fans pero que al resto nos deja fríos. Por supuesto esa traca final apresurada viene cargada de simbiontes multicolores y recuerdan a la saga animada de Spiderman en el Multiverso. Regusto amargo que contentará a los muy fans y que alarga los síntomas de agotamiento de las sagas superheróicas por mucho malo en las sombras tejiendo los hilos: siempre parece mucho más interesante lo que no nos cuentan, que lo que realmente muestran en pantalla. Aún así aquí seguimos año tras año aguantando escenas post-post créditos que cada vez aportan menos, por mucho que salga Danny Rojas…..

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