Desde que Santiago Segura abandonó (o puso en «stand by», no lo tengo claro) su saga de Torrente después de la quinta entrega, le hemos visto trabajar en cuatro proyectos de corte muy similar. Los cuatro son comedias para toda la familia que buscan entregarnos un buen rato plagado de risas, algo de emotividad, y mucha reivindicación de los vínculos familiares mientras se van hilvanando situaciones hilarantes y gags tremendamente cómicos que arrancan la risa de toda la sala.
En esta ocasión, Segura llega con su quinto proyecto alejado del terrible policía español (y el tercero de esta franquicia que ha creado) que no es otro que la segunda secuela de Padre no hay más que uno. Cinta que fue un exitazo y que, especialmente la segunda entrega, reventó la taquilla española en el negrísimo verano de 2020 dando un respiro a los cines y haciendo que muchas familias volvieran a pisarlos después de meses de confinamiento.
Santiago Segura vuelve de nuevo a los cines este 14 de Julio y se adentra en un territorio que le es más que conocido demostrando, una vez más, que es un director y guionista tremendamente inteligente. Si algo le faltaba a su predecesora era la frescura de la película original. Quizá por el poco tiempo que pasó entre la uno y la dos (algo menos de un año). Algo que han solventado dejando pasar dos años y dedicando más tiempo a reformular tanto los gags como las escenas cómicas que envuelven a los críos (que eran el principal problema que presentaba la anterior) y, debo decir, que les ha salido francamente bien.
Toda la parte infantil ha pasado de ser una fuente de bajada de nivel respecto a los adultos (en lo que a comicidad se refiere) para erguirse, en esta ocasión, como el verdadero corazón de toda la cinta. El tono navideño que tenemos desde el segundo uno (y que me hace pensar en lo bien que le habría sentado a la película salir en diciembre), unido a esa relación fraternal tan bien explotada (los niños deben trabajar en equipo para reunir dinero debido al accidente que provoca la rotura de algo muy importante para su padre) consiguen que emocionalmente conectes con todos ellos y te rías y emociones con sus ocurrencias.
Por otra parte, dentro del grupo adulto sigue destacando un Santiago Segura que está comodísimo en este papel y que demuestra que lo maneja a la perfección. Su relación con el yerno es desternillante y da el mejor gag de la película. Además, el resto de actores TOP que acompañan al bueno de Segura no desentonan y tienen su espacio para brillar en algún momento u otro de la película. Especialmente lo hacen tanto Toni Acosta como una Loles León que se acerca a su papel de Aquí no hay quién viva para hacer las delicias de los fans de la extinta serie de televisión.
En definitiva
Padre no hay más que uno 3 es una secuela muy continuista tanto en el tono como en las formas a sus dos predecesoras. Pero que consigue, gracias al guion, volver a recuperar esa frescura tan necesaria en este tipo de propuestas cómicas para toda la familia que suelen correr el riesgo del estancamiento argumental. Es muy divertida en la mayoría de momentos y, cuando se lo propone, tiene muchísimo corazón. Muy recomendable, especialmente si os gustaron las otras dos.
yo es que ir al cine en pleno verano para ver una navideña como que no